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32. María es pobre pero llena de la riqueza de Dios
Devocionario. Oración de abandono

Qué grande fue la alegría de María cuando descubrió que era amada por Dios: "¡Alégrate, llena de gracia!".


Por: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net




En María, contemplas un ser totalmente pobre, pero lleno de toda la riqueza de Dios.

Colócate ante la Virgen en la actitud que ella tenía en la Anunciación, de cara al Todopoderoso: "Heme aquí". Está ahí, con sencillez, sin artificios ni rodeos, en la verdad de su ser recibido de Dios, dejándose hacer y amar por él. Después de Jesús, fue la primera en entrar en el Reino de las Bienaventuranzas; por eso es modelo y fuente de gracia para ti. Escucha las palabras de Maria, mira y penetra sus actitudes profundas. Contemplándola sin prisas, te haces semejante a ella: un corazón disponible y pobre, preparado para ser invadido por Dios.

Qué grande fue la alegría de María cuando descubrió que era amada por Dios: "¡Alégrate, llena de gracia!". Tú te turbas siempre cuando una persona viene a ti y te dice: "Te amo". María no comprende al principio, pues se descubre en la verdad como la obra del amor de Dios. Lee el Magnificat y comprenderás la humildad y la pobreza de la Virgen. Como tú, tiene hambre y sed de luz, de amor y de felicidad, pero rehúsa a saciarse con lo efímero y vano. Está ahí, pobre con las manos vacías, delante de Dios que le colma con su mismo ser. Se ve en la mirada de Dios. En ella, no se da la menor complacencia ni retorno sobre sí misma, su centro de gravedad está de verdad en Dios. Es el sentido mismo de su título de Inmaculada Concepción.

Por eso María está en el extremo opuesto de la primera Eva que aparta su mirada de Dios y se deja engañar por Satanás. María quiere ser totalmente dependiente de Dios y de su amor, no se arroja como Eva sobre el fruto prohibido, y por eso se interroga sobre la pregunta del ángel. Quiere, en primer lugar, darse cuenta y discernir de qué espíritu viene la voz que le habla.

Renueva entonces el don de su corazón a Dios. En cierto sentido, no espera su plenitud de mujer, de un ser mortal, se quiere entregar por entero a su Creador. Es el auténtico sentido de la virginidad espiritual: el don de todo el ser a Dios sin reserva. Puede decir con Isaías: "Mi esposo es mi Hacedor." (Is 54, 5).

Por eso Dios puede obrar en ella maravillas y hacer de ella la Madre de su Hijo único. María ejerce así su maternidad en el don mismo de su virginidad. Una vez que ha reconocido la llamada de Dios, no tiene ya reserva alguna y se entrega a él totalmente, en la fe. Va más lejos aun, confiando totalmente en Dios, en su situación presente: "Nada hay imposible para Dios", dice. Cree en la omnipotencia creadora de su Palabra que puede engendrar en ella al Verbo. Así, Dios cambia la esterilidad de los pobres en fecundidad de una riqueza inaudita. En la oración, pide a María esta gracia de la pobreza total, para que seas lleno de Dios que sacia a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías.

Es el modelo del don de tu ser a Dios. Deseas regular el don de tu persona; mientras tengas previstos limites, eres todavía demasiado poseedor de tu oblación. Dios te pide una disponibilidad absoluta y te llama a menudo a entregar lo que no habías previsto. María en modo alguno soñaba en llegar a ser la Madre del Prometido, pero como estaba disponible y abierta, nada le sorprende en la llamada de Dios. Y entonces se convierte en Madre del Salvador. ¿Quién puede expresar toda la fecundidad de su vida totalmente oculta en Dios con Cristo en Nazaret?

Puedes contemplar así la disponibilidad de María leyendo el pasaje de la Anunciación o recitando el Magnificat. O también recita con sencillez el rosario repasando en tu memoria las palabras de la Virgen, para que ella reproduzca en ti sus profundos sentimientos. Puedes, también, detenerte en una palabra del Ave María que saboreas de un modo particular o contemplar el misterio de la Santísima Trinidad y el papel de María en la economía de la salvación. El rosario es una forma muy elevada de oración contemplativa en donde aprendes a salir de ti para unirte a Cristo en sus misterios y estar disponible hasta lo más recóndito de tu corazón.



 





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