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Celebración ecuménica
Devocionario. Devociones varias

Desarrollo de la celebración.


Por: vatican.va | Fuente: vatican.va




Introducción a la celebración

La celebración propuesta recuerda la convicción religiosa americana, profundamente arraigada, del poder de la oración. Implica elementos de la liturgia católica y de otras características de las liturgias de las principales confesiones cristianas, así como algunos matices particulares propios del pietismo protestante y del pentecostalismo americano. Los “Negros espirituales” inspirados en el Evangelio se recomiendan para las partes cantadas. La celebración incluye tres secciones distintas en relación con el tema del octavario.

La primera sección comienza por una letanía de invocaciones al Espíritu Santo, pidiendo que el don de la unidad se conceda a los cristianos así como los dones que conducen a la unidad. La Palabra de Dios, en esta primera parte, es el elemento central. El tema general de las lecturas es la llamada a la búsqueda de la voluntad de Dios acompañada de un oración incesante (Is 55, 6-9; 1 Tes 5, 13b-18), en particular, de una oración en unión con la de Cristo para que sus discípulos sean uno (Jn 17, 6-21). El tiempo de predicación va seguido de un silencio e inmediatamente de una oración de acción de gracias, reconociendo la obra del Espíritu Santo en el corazón y en la vida de aquellos y aquellas que contribuyeron al nacimiento y al desarrollo de la Semana de oración para la unidad de los cristianos (ver la introducción).

La segunda sección debería ser un momento donde todos se unen para compartir las intenciones de la oración, hacer la colecta e intercambiar el signo de la paz. Si el signo de la paz y la colecta, que no tiene nada de inusual, se sitúan en esta sección, es para que se destaque su valor como expresiones efectivas de nuestra comunión fraternal ya existente y de nuestra solidaridad. Himnos y cantos deben aquí reforzar la expresión de la “fe activa” y de esperanza que significan estos gestos y las intercesiones.

La tercera sección está constituida por la confesión de la fe, la bendición y el envío. Se propone el signo de la luz. Esta sección celebra la alegría de confesar juntos la fe en Cristo resucitado, Luz de nuestras vidas (Col 1, 12-20), la alegría de renovar su compromiso comunitario y personal de orar sin cesar y de actuar para la unidad de los cristianos, y la de ser bendecidos por el Señor y enviados por él. La asamblea puede entonces salir del espacio de la celebración hacia el exterior teniendo un cirio encendido. Esto último expresa que los cristianos son llamados a la vigilancia en la oración por la unidad, donde Cristo es la fuente, y en la acción ecuménica en la presencia de Cristo resucitado.


Desarrollo de la celebración

No ceséis de orar (1 Tes 5,17)


C: Celebrante

L: Lectores

T: Todos


Himno de apertura con procesión

Los celebrantes y las personas que garantizan el servicio litúrgico pueden entrar en procesión durante el canto del himno. Se aconseja que una sola de entre ellas lleve una lámpara de aceite o un cirio encendido que se depositará delante de la asamblea, por ejemplo sobre el altar o la mesa de la comunión o donde esta colocada la Biblia. Se pueden encender otros cirios colocados en este lugar mientras que el canto del himno continúa. Cada una de las personas presentes habrá recibido de antemano un cirio apagado.


I. Acogida, invocación al Espíritu Santo y proclamación de la Palabra de Dios

Palabras de bienvenida


El celebrante o el pastor de la asamblea suele dar la bienvenida a todos en el nombre de Jesucristo nuestro único Señor, y dice:

C Invocamos juntos al Espíritu Santo, luz de nuestros corazones, aliento de vida y poder del Padre que se manifiesta en la muerte y resurrección de Jesús. Que prosiga en este tiempo que vivimos su obra de reconciliación y de comunión comenzada desde la predicación apostólica. Esta obra de la creación, ¿no la reconocemos más en el movimiento hacia la comunión en el amor, hacia la reconciliación y la justicia, en el movimiento ecuménico y en la Semana de oración por la unidad de los cristianos después de un siglo?

Uno de los celebrantes presenta entonces brevemente esta celebración de 2008 situándola en el contexto del centenario de la creación por Paul Wattson, en 1908, del Octavario de oración por la unidad, precursora de la Semana de oración para la unidad de los cristianos.

C. Comenzamos esta oración invocando la unidad del Dios uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Acojamos a Dios en nuestros corazones, como Dios nos acoge en su corazón, por Jesucristo nuestro Señor.

T Amén.

C Pidamos al Padre que nos envíe los dones de su Espíritu Santo: que nuestros corazones se abren a su presencia, que le dejemos orar en nosotros y que nos conduzca en su comunión. La unidad de la Iglesia es obra del Espíritu Santo. Nunca podremos realizarla por nuestros propios medios. Roguemos para que el Espíritu Santo descienda sobre cada uno de nosotros, que bendiga a la Iglesia de Dios con su gracia y nos una en Cristo.

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Llena nuestros corazones de gracia!

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Libéranos de la duda y de la desconfianza!

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Danos la fe para avanzar!

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Cambia nuestros corazones de piedra!

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Concede la justicia de Dios a nuestro mundo!

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Ayúdanos comprender que somos hermanas y hermanos!

C ¡Ven, Espíritu-Santo!

T ¡Haz caer los muros entre nosotros!

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Concédenos tus dones para que los compartamos!

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Intercede para nosotros, Espíritu del Padre, cuyos suspiros inexpresables superan nuestras palabras!

C ¡Ven, Espíritu Santo!

T ¡Une a todos los cristianos en Cristo nuestro Señor!

Se canta un himno al Espíritu Santo, por ejemplo “Veni Creator Spiritus”, “Veni Sancte Spiritus” (Taizé), u otro adecuado.

C Puede haber un nuevo y continuo Pentecostés. Que nuestras Iglesias se comprometan de nuevo a orar por la plena unidad de todos los cristianos, que nuestras oraciones se añadan a un siglo de oraciones, “para que todos sean uno”. Lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, y es un solo Dios, por los siglos de los siglos.

T Amén.

La Palabra de Dios

L Is 55,6-9. Buscad al Señor mientras se le encuentra
Sal 34, cantado o leído con respuesta. Cuando uno grita, el Señor escucha

L 1 Tes 5, (12a) 13b-18. Orad sin cesar


Aleluya cantado

L Jn 17, 6-21. Para que sean uno

Homilía

Silencio

Acción de gracia a Dios


Por los dones recibidos en el movimiento ecuménico y a través de la fidelidad de los cristianos se debe rogar por su unidad en Cristo. En función del contexto la asamblea puede mencionar más explícitamente los frutos del movimiento ecuménico y de la oración por la unidad a nivel local o universal.

T Verdaderamente Dios, nuestro Padre, es bueno,
y decirlo admirablemente desde nuestros corazones.

C Bendito eres tú para Jesús tu servidor
cuyo nombre es invocado por la multitud de las “naciones”.

L1 Bendito eres tú para Cristo, tu enviado,
que reúne en la unidad a los hijos dispersos.

L2 Bendito eres tú para tu Espíritu Santo.
Él es nuestra comunión y nos conduce a la unidad en una misma fe.

L1 Bendito eres tú para todos aquellos y aquellas que fueron pioneros de la búsqueda de la unidad cristiana, que son conocidos como el padre Paul Wattson y el abad Couturier, o más anónimos: fieles laicos, monjes y monjas, servidores y servidoras de la unidad cristiana quienes respondieron a tu llamada.

L2 Bendito eres tú por los frutos abundantes de esta oración incesante,
para nuestra unidad en Cristo, y que se elevan desde todos los continentes.

L1 Durante un siglo, oíste esta oración incesante con frutos innumerables.

L2 Que tu Espíritu nos anime a perseverar en la oración. Podemos guardar vivo el recuerdo de la fe activa de todos los santos, pioneros, teólogos y grandes figuras del movimiento ecuménico, de su amor al Evangelio y a la Iglesia.

C Ahora, Dios Padre nuestro, desde el fondo de nuestras memorias y de nuestros corazones nos volvemos hacia ti y te aclamamos con todos aquellos y aquellas que tu santa Palabra ilumina y convoca, que tu Espíritu Santo anima, y que tu deseas reunir en un único bautismo, una única fe y una única eucaristía para la alabanza de la gloria de tu Nombre:

Canto que expresa la alabanza, la acción de gracia, la glorificación de Dios. Por ejemplo “A ti la Gloria”; el “Trisagio”; el “Gloria a Dios”, etc. Algunos salmos convienen, pero con una breve presentación: Sal 32 (33); 33 (34); 35 (36).


II. Oraciones de intercesión y gestos simbólicos de unidad

Intercesiones


C Rogamos al Padre, en el Hijo y por el Espíritu-Santo, por las necesidades de nuestras iglesias, de nuestro mundo y de nosotros mismos. Rogamos sin cesar por la unidad de todos los cristianos.

T ¡Señor, ten piedad y escúchanos!

C Rogamos sin cesar por los responsables de nuestras iglesias y comunidades de fe, para que también perseveren en el esfuerzo de la unidad de los cristianos.

T ¡Cristo, ten piedad y escúchanos!

C Rogamos por todos los bautizados, que sean capaces de orar sin cesar, a fin “que todos sean uno… y que el mundo crea”.

T ¡Señor, ten piedad y escúchanos!

C Por las Iglesias y comunidades de fe amenazadas por otras divisiones y cismas, para que sea preservada su unidad.

T ¡Cristo, ten piedad y escúchanos!

C Por los consejos de iglesias de todas partes del mundo, a nivel nacional y local, para que el trabajo que realizan juntos sea un testimonio del Evangelio en el mundo.

T ¡Señor, ten piedad y escúchanos!

C Por los diálogos ecuménicos entre nuestras iglesias, comuniones y comunidades de fe, para que lo que nos divide se supere por la sabiduría, la caridad y la verdad.

T ¡Cristo, ten piedad y escúchanos!

C Que todos los cristianos testifiquen el Evangelio desviándose de lo que es destructivo para vivir la justicia, la paz y la fraternidad. Por los pobres, los oprimidos, las víctimas de las guerras y de la violencia. Por los corazones rotos. Por los que son odiados y maltratados.

T ¡Señor, ten piedad y escúchanos!

C Que el Señor nos escuche y responda a nuestras incesantes oraciones, por Jesucristo nuestro Señor.

T Amén


El signo de la paz

C La paz del Señor esté siempre con vosotros.

T Y con tu espíritu.

C Pidiendo a Dios el perdón de nuestros pecados como nosotros mismos nos perdonamos unos a otros, intercambiamos ahora un signo de paz y sellamos nuestra unidad en la oración, la fe, el amor y la esperanza de la plena comunión.

Los participantes intercambian el uno con el otro un signo de paz. Se canta un himno mientras que los participantes vuelven a su lugar.

Ofrenda


III. Compromiso de vigilancia en la oración y la acción ecuménica, bendición y envío

Encendido de los cirios


(Música instrumental durante el tiempo del encendido de los cirios/velas)

A partir del santuario, los cirios/velas de las personas de la primera fila de la asamblea son encendidos y progresivamente los demás participantes hasta que la luz se extienda a toda la iglesia. Cuando todos los cirios están encendidos, toda la asamblea proclama la confesión de la fe. Si se desea, se podrá igualmente utilizar el Credo de Nicea-Constantinopla o el Símbolo de los apóstoles.



Confesión de fe en Cristo resucitado, nuestra unidad, luz de nuestras vidas

T Con alegría, damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz (Col 1, 12-20).


Padre nuestro

Se invita a los participantes a dejar su lugar y a ocupar el de enfrente o el santuario del lugar de la celebración. Si es posible, se formarán uno o más círculos concéntricos. Según los hábitos locales, los participantes podrán tenerse de las manos durante la recitación.

C Unimos nuestros pensamientos, nuestros corazones y nuestras voces a los de todos los cristianos del mundo entero para recitar la oración que Jesús nos enseñó.

T Padre nuestro…

Compromiso ecuménico
(cada participante tiene en mano su vela encendida)

T Señor, venimos a glorificarte por la gracia que desplegaste en el movimiento ecuménico. En la alegría de ser llamados a servirte en una misma búsqueda de la unidad de los cristianos, reconociendo la acción del Espíritu Santo y la admirable diversidad de los dones y carismas destinados a ser compartidos, nos comprometemos a perseverar en la oración constante por la unidad de los cristianos y a colocar entre nosotros gestos concretos de reconciliación para la unidad perfecta en tu Hijo Jesucristo. Amén.



Bendición

C Dejamos este lugar, felices de celebrar juntos y de ser llamados a no cesar en la oración, en la espera de este gran día en que seremos perfectamente uno en Cristo.

C El Señor Jesucristo esté con vosotros.

T Y con tu espíritu.

C (Todos los celebrantes pueden unirse a estas palabras). Que el Señor os/nos bendiga y os/nos guarde. Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre vosotros/nosotros y que sea benévolo con vosotros/nosotros. Que el Señor os/nos guarde con bondad y os/nos conceda su paz.

T Amén.

C Que el Señor os bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

T Amén.

C Que cada uno de nosotros vaya en paz, sin dejar nunca de rezar y alegrándose siempre en la esperanza, sin dejar nunca de agradecer a Dios.

T Demos gracias a Dios.


Procesión final, cirio/vela encendida en la mano

Los responsables de las iglesias locales, pastores, ministros, lectores y otros protagonistas de la liturgia, forman una procesión de salida, con los cirios encendidos. Se elige un himno o un canto conveniente para la procesión de salida sobre el lugar o en la plaza, destacando el compromiso de los cristianos en la misión de la unidad.


Significado del gesto simbólico en el marco de esta celebración:

Es como un vigilante, a la espera de la vuelta de Cristo, que cada miembro de la asamblea tiene en mano el cirio/vela encendida, signo de su compromiso de rezar sin cesar por la unidad cristiana en la esperanza y a la luz de la fe pascual. Este símbolo destaca nuestra vigilancia a la vez que debe acelerarse la llegada del Señor (tema principal de las cartas a los Tesalonicenses) y rezar y trabajar para la unidad.

Este simbolismo de la luz recuerda la celebración pascual: Cristo, nuestra Pascua, presente y actuando a través de la efusión del Espíritu Santo, es la luz del amanecer de un nuevo día para el mundo destinado a renunciar a las tinieblas del pecado, de la división y del odio. ¿No es en el poder de Cristo resucitado, incitados por el Espíritu del Padre, luz de nuestros corazones y aliento de nuestras vidas, como debemos cooperar con los otros cristianos en la manifestación visible de la unidad de la Iglesia de Cristo?








 





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