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Los niños de ocho años
Los niños se caracterizan por tener una mayor conciencia de sí mismos: saben que valen, pueden, tienen, aman. Entran a la edad de la razón.


Por: CAP | Fuente: CAP



A esta edad los niños se caracterizan por tener una mayor conciencia de sí mismos: saben que valen, pueden, tienen, aman. Entran a la edad de la razón.

Aspecto físico

* Les gusta estar en movimiento: correr, saltar, perseguir, luchar y jugar incansablemente.

El catequista deberá dar la clase con mucho entusiasmo y utilizando materiales didácticos atractivos para mantener la atención de los alumnos.
Si se presenta la oportunidad a lo largo del curso, el catequista podrá sacarlos al patio o jardín para llevar a cabo juegos organizados y dinámicas en los que puedan correr, saltar, divertirse y aprender.

* Controlan más sus manos y sus ojos que en edades anteriores. Pueden permanecer en una misma postura más tiempo que a los siete años. Les gusta el dibujo y demuestran interés por la música y la lectura.

El catequista deberá fomentar el hábito de la lectura, sugiriéndoles libros adecuados a su edad, que puedan ayudar a su formación y a vivir los tiempos litúrgicos marcados por la Iglesia. Motivar a que visiten la Biblioteca del colegio o parroquia. Ponerlos a dibujar lo más importante de los temas tratados en el curso y en los tiempos litúrgicos. Enseñarles canciones y si es posible acompañarlas con algún instrumento.

Aprovechar el control viso-motor para hacer más variadas las actividades en la clase: los niños ya son capaces de recortar perfectamente, de armar un rompecabezas, rellenar espacios en blanco, resolver crucigramas, etc.

Aspecto intelectual

* Comienza la edad de la razón y ésta va tomando importancia sobre los sentimientos. Comprenden razones y les gusta que les expliquen el por qué de cada cosa.

El catequista deberá aprovechar su curiosidad para explicarles la razón de las cosas: por qué el sacerdote viste de distinto color en la Misa, por qué le gusta a la Virgen que recemos el Rosario, por qué los mandamientos son un camino al cielo, etc.

* Tienen capacidad para memorizar las cosas: aprenden verdades, poesías y cantos con facilidad.

Es el momento ideal para enseñarles los conceptos que deben memorizar en la catequesis, pues les gusta hacerlo y se sienten orgullosos cuando lo consiguen: los mandamientos de Dios y de la Iglesia, los sacramentos, los pasos para un examen de conciencia, los misterios del Rosario, las partes de la Misa, etc. Enseñarles canciones que los acerquen a Dios.

* Entienden lo que se les explica y recuerdan lo que se les pide que recuerden.

El catequista deberá hacer esquemas para destacar la idea o ideas principales del tema para facilitar el aprendizaje de los alumnos. Explicar el tema de modo claro y, al terminar, preguntar si no tienen ninguna duda. Aclarar las dudas que puedan surgir en ese momento o cuando se presenten. Decirles qué es lo más importante del tema para que sepan qué es lo que deben recordar.

* Tienen mucha imaginación. Entienden y sienten imaginando.
El catequista deberá hacer que utilicen su imaginación para profundizar en los temas del libro: que se imaginen cómo era Jerusalén, cómo fue la Última Cena, cómo vivían los apóstoles, etc.

* Períodos de atención un poco más largos que a los siete años. Saben seguir una historia o un pensamiento.
Ya no es tan necesario actuarles las historias ayudarse de elementos palpables como un año antes, pues ya son capaces de visualizar el sentido de las puras palabras. No por eso deben eliminarse los materiales visuales, pero ya no son indispensables como antes, pues ya los niños son capaces de comprender ideas abstractas como la bondad, la belleza, la luz de Cristo, etc.

Aspecto afectivo

* Necesitan expresarse y gozan haciéndolo.

El catequista puede aprovechar esta necesidad de expresarse para conocer profundamente a cada uno de sus alumnos, dándoles oportunidades para que expresen sus pensamientos, sentimientos y deseos.

* Temen el fracaso. Tienen ganas de agradar y de triunfar en sus tareas. Les gusta ser admirados.

El catequista deberá demostrar su apoyo a todos los alumnos y no sólo a los que sobresalen. Debe tener cuidado de felicitar a todos por igual: a algunos por sus éxitos y a otros por su avance o su esfuerzo. Para hacerlo, deberá conocer las cualidades y capacidades de cada uno de ellos.


* Les gusta obedecer, ser responsables y autónomos.
El catequista deberá empezar a tratarlos como grandes, dándoles instrucciones precisas pero confiando en que las seguirán sin necesidad de tanta supervisión. A los niños de esta edad les gusta sentir que confían en ellos y que los adultos los creen capaces de cumplir con sus responsabilidades por sí solos.

* Del egoísmo pasan al altruismo.
El niño que sólo pensaba en sí mismo, de pronto empieza a regalar todo lo suyo sin esperar nada a cambio. Tiene ganas de ayudar y hace con gusto todo lo que le piden. El catequista deberá aprovechar el momento para educar en la virtud de la generosidad, a través de actividades en que los niños disfruten el placer y la satisfacción de dar algo a los demás.


Aspecto social

* Tienen gusto por sus compañeros e interés por su grupo. Están más integrados como grupo que antes.
El catequista puede aprovechar esta integración para motivarlos como grupo, para ser los mejores como grupo, para ayudarse como grupo, para pedir en la oración por las necesidades del grupo. Aprovechar la integración con su grupo para hablarles de la unidad de la Iglesia y de la unión familiar. Si ellos sienten que pertenecen a ese grupo, estarán motivados para defender, ayudar, pedir en la oración por la Iglesia y sus miembros.

* Hacen favores con gusto

El catequista puede solicitar su ayuda cuando sea necesario e ir cambiando a los niños para que todos tengan la oportunidad de ayudar en la clase.

* Saben esperar su turno para hablar y son capaces de escuchar a otros.
Esto facilita la labor del catequista en clase, pues ya no tendrá que preocuparse de controlar las interrupciones. Se debe aprovechar este momento para enseñarles la riqueza que podemos encontrar en las palabras de otros y la importancia del respeto.

Aspecto moral

* Traducen su amor en actitudes y acciones de la vida diaria.

El catequista deberá aprovechar para darles muchas ideas de cómo pueden expresar su amor a los demás. Es algo que hacen con gusto y de manera espontánea y se puede potenciar si les hablamos de los detalles, de compartir, no pelear, perdonar, obedecer, ayudar. Aprovechar los tiempos litúrgicos para hacerlos crecer en este aspecto.

* Saben lo que está bien y lo que está mal.

Se puede enriquecer la clase con ejemplos de la vida en donde los niños detecten las buenas y malas acciones para la recta formación de su conciencia.

* No les gusta que los critiquen ni que los traten con desprecio, burla o con bromas.

El catequista deberá tratarlos con cariño y respeto. Si se tiene que hablar con alguno de ellos por algún problema, hacerlo de forma personal y en privado. Recordar que son muy sensibles y evitar herir sus sentimientos. No permitir burlas o apodos dentro de la clase.


Aspecto religioso

* Se están formando una imagen interna de Dios que la visualizan a partir de los símbolos y cultos que frecuentan. Su religiosidad sigue siendo antropomórfica, animista, mágica y ritualista.

El catequista deberá proporcionar a los niños una imagen bondadosa de Dios Padre. Explicarles la importancia y el sentido de la oración, de ir a misa, de la devoción a la Santísima Virgen. Evitar llevarlos a ceremonias religiosas demasiado largas, pues esto deformaría su imagen de Dios, convirtiéndolo en un Dios aburrido.

* Ya comprenden que el amor a Dios se expresa en el amor a los demás.
El catequista deberá motivarlos a que su amor a Dios se haga palpable en situaciones concretas. Por ejemplo, una visita a Jesucristo, un ofrecimiento de flores a la Virgen, visitar a algún pariente enfermo, etc. Enseñarles a valorar la importancia de los pequeños sacrificios en la vida diaria y a vivir venciendo su egoísmo.

* Pueden concentrarse en la oración en un lapso breve de tiempo.
El catequista puede dedicar un momento de la clase a la oración, dirigiéndola para que los niños puedan pedir por quien ellos quieran o dar gracias a Dios por lo que ellos quieran. Motivarlos a que hagan oración en casa.

* A esta edad suelen recibir la Primera Comunión y participan en la Misa dominical.
El catequista deberá preparar el corazón de los niños para que tengan una ilusión enorme de recibir a Jesús, y comprendan y valoren lo que están haciendo. Después de recibir la Primera Comunión, recordarles lo importante que es la vida de gracia, para lo cual es necesario acudir al sacramento de la Penitencia.


Actividades más adecuadas para esta edad:
El dibujo. Modelado con plastilina o con arcilla. Dramatización. Entrevistas sencillas. Trabajos de recortar y pegar, iluminar. Lecturas sencillas de vidas ejemplares. Loterías del tema. Dominóes del tema. Juego del maratón de temas del libro.

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