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Art. Naturaleza y obrar de Dios. Teología

Atributos entitativos de Dios
Se llaman atributos divinos las perfecciones de Dios que existen formalmente en Él.


Por: Jorge Balvey | Fuente: Catholic.net




Se llaman atributos divinos las perfecciones de Dios que existen formalmente en Él y que dimanan, según el modo de nuestro saber, del constitutivo formal de Dios. No constituyen, por tanto, atributos de Dios las perfecciones que sólo virtualmente podemos predicar de Él, ni abarcan estos atributos el atributo fundamental o constitutivo metafísico, que sirve de fundamento pare deducir todos los demás atributos.

Los atributos divinos se dividen en atributos

  • entitativos
  • operativos.


Los entitativos se refieren al ser de Dios y son
la simplicidad,

  • la perfección,
  • la bondad,
  • la infinitud,
  • la inmensidad,
  • la inmutabilidad,
  • la eternidad
  • la unidad.


Los atributos operativos se refieren a las operaciones divinas y son

  • la sabiduría,
  • la voluntad,
  • la potencia.


Por lo que hace a los atributos entitativos de Dios, algunos se derivan inmediatamente del «Ser subsisente» y otros se derivan mediatamente, a través de algunos de los atributos derivados inmediatamente del «Ser subsistente».

Los atributos entitativos derivados inmediatamente del constitutivo formal de Dios son los cinco que corresponden a las cinco notas distintivas entre Dios y la criatura, a saber:

  • la simplicidad (opuesta a la composición),
  • la perfección (opuesta a la imperfección),
  • la infinidad (opuesta a la limitación),
  • la ´´inmutabilidad´(opuesta a la mutabilidad)
  • la unicidad (opuesta a la multiplicidad).


Los atributos entitativos derivados mediatamente de la esencia metafísica de Dios. a través de los atributos inmediatamente derivados, son:



  • la bondad (que se derive de la perfección).
  • la inmensidad
  • y la omnipresencia (que se derivan de la infinidad)
  • y la eternidad (que se derive de la inmutabilidad).


Tras de establecer todos estos atributos divinos, aparece con toda nitidez la absoluta trascendencia divina o la radical distinción de Dios de todos los restantes seres.

Y ahora tratemos de exponer, aunque brevemente, cada uno de estos atributos divinos.

Dios es absolutamente simple.—Simplicidad es negación de composición, y composición es unión de partes constituyendo un todo.

La simplicidad puede ser absoluta o relativa.

La absoluta excluye la composición de cualquier tipo;
La relativa, la excluye en un orden determinado.
Así, el alma humana es simple con simplicidad relativa, porque no está compuesta de partes cuantitativas, ni de materia y forma, pero sí que está compuesta en el nivel del ser: de esencia y acto de ser (essentia et esse).

Pues bien, Dios es simple con simplicidad absoluta.

Porque no hay en Él composición:

    de partes cuantitativas (la cantidad sigue a la corporeidad y Dios no es cuerpo),
  • ni se compone la esencia de Dios de materia y forma (todo ser esencialmente compuesto exige una causa y Dios es causa incausada);
  • ni hay en Dios composición de individualidad y naturaleza (la individualidad de Dios no puede proceder de la materia, de la que carece, sino de la forma o esencia, y por eso, la individualidad de Dios no es distinta de su naturaleza o esencia);
  • ni hay en Dios composición de sustancia y accidente (la sustancia se comporta con respecto al accidente como la potencia con respecto al acto, y Dios no tiene potencia alguna);
  • ni hay en Dios composición de esencia y existencia (todo ser entitativamente compuesto tiene una cause y Dios es causa incausada);
  • ni hay en Dios composición de género y diferencia (el género se comporta como la potencia con respecto a las diferencias que lo determinan, y en Dios no hay potencia alguna).


Luego Dios es absolutamente simple. Y lo es, sobre todo, porque siendo el «Ser subsistente» todo lo que hay en Dios lo será y no lo tendrá, pero así como el tener exige composición (de lo tenido con el que tiene), el ser exige simplicidad o carencia absoluta de composición.
 

  • Dios es perfecto y bueno.—En efecto, Dios es máximamente perfecto; porque, siendo el ser la máxima perfección, y siendo Dios el «Ser mismo subsistente», habrá de ser máximamente perfecto.


En Dios, además, existen todas las perfecciones de las cosas; pues, como las perfecciones del efecto deben preexistir en la causa, y Dios es la causa universal de todas las cosas, en Dios han de estar las perfecciones de todos los seres que no son Él. Por lo demás, como hicimos notar más atrás, algunas perfecciones (las puras o simples) se encuentran formalmente en Dios, esto es, constituyen do su esencia, y otras (las mixtas) se encuentran en Él sólo virtualmente, es decir, en cuanto tiene el poder de producirlas.

De que Dios es universalmente perfecto, se sigue que es bueno; porque la bondad le adviene al ser en razón de su perfección, o en razón de ser apetecible. Dios, que es el ser máximamente perfecto, es en sumo grado apetecible para sí mismo y para todo otro ser. Es decir, es también máximamente bueno.
 

  • c) Dios es infinito e inmenso.—Infinito es lo que no tiene límites. El ser infinito puede ser infinito actual o formal (el que no tiene límites en su perfección) o infinito potencial o material (el cual no tiene límites en su imperfección). El ser infinito actual puede ser absoluto o relativo. El primero no tiene límites en ninguna linea (es infinito en el ser); el segundo no tiene límites en una línea determinada (es infinito sólo en la esencia, por ejemplo). Pues bien, Dios es infinito con infinitud actual absoluta, lo cual se deduce necesariamente de que es el «Ser subsistente». En efecto, si Dios, tuviera el ser recibido, lo tendría limitado; pero como lo tiene por esencia, lo ha de tener en toda su plenitud y, por tanto, ilimitado e infinito. Y si Dios es infinito en su ser. lo es también en toda perfección, que, si es algo, es ser.
  • Dios es también inmenso. Inmensidad significa no mensurabilidad según el espacio, y viene expresada por la exigencia del ser infinito a llenar todos los espacios y lugares. Que Dios es inmenso, se desprende de que es infinito. Si no hay en Dios límites, Dios no podrá ser abarcado por nada, y habrá en El aptitud para llenar todos los lugares.


De que Dios es inmenso se desprende también que es omnipresente. Omnipresencia significa presencia actual en todos los lugares y espacios. Por eso, si Dios, por ser inmenso, tiene aptitud pare estar en todos los lugares, estará realmente en ellos, cuando estos lugares existan, dando el ser y la operación a todas las cosas.
 

  • d) Dios es inmutable y eterno.—Si Dios es el «Ser subsistente», será también la actividad subsistente, pues el obrar sigue al ser y el modo de obrar al modo de ser. Pero si Dios es la actividad subsistente, es decir, si su ser consiste en su obrar, ejercerá toda acción sin transitar de la potencia al acto, y, por lo mismo, será absolutamente inmutable.
    Dios, por ser inmutable, es también eterno. La eternidad es la duración del ser inmutable, y se caracteriza por ser interminable (no tiene principio ni fin), simultánea (toda al mismo tiempo) y uniforme (sin variación alguna). La eternidad sigue a la inmutabilidad como la temporaneidad a la mutabilidad. Por eso, si Dios es inmutable, ha de ser eterno
     
  • e) Dios es único.—La unicidad es la propiedad de ser inmultiplicable, de no ser compatible con otro ser del mismo rango. Se opone, por tanto, a la multiplicidad, ya esencial, ya entitativa. Se llama multiplicidad esencial a la existencia real de varios individuos dentro de la misma especie, y multiplicidad entitativa, a la existencia de varios seres, distintos esencialmente, dentro de la perfección del ser. Pero Dios, que es el «Ser subsistente», no es compatible con la multiplicidad esencial (ésta sólo es posible cuando hay composición de materia y forma en la misma esencia) ni entitativa (el ser subsistente ha de ser necesariamente único, pues no puede haber dos plenitudes de ser). Luego Dios es único.
     
  • Dios es trascendente al mundo.—Trascendencia significa alteridad, pero connotando cierta superioridad. Pues bien, Dios es otro que el mundo, completamente distinto de todos los seres creados, y superior a todos ellos. La infinita distancia que media entre el Ser por esencia (infinito) y el ser por participación (finito) da suficiente razón de la trascendencia divina.


Pasemos ahora al estudio de los atributos operativos inmanentes

 





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