Menu


Reconocer y ayudar a los demás
¿no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece?”, y “¿por qué tomas a mal que yo sea bueno?


Por: Mons. Rubén Oscar Frassia | Fuente: aica.org



Reflexión dominical de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio" (18 de setiembre de 2005)


Evangelio de San Mateo 19,30 - 20,16


Es difícil la comprensión de este Evangelio, pero lo más importante es que el propietario, o sea el Señor, no mintió a ninguno y fue justo con todos. Les pagó lo que estaba convenido, tanto al de la primera hora como al de la última hora.

La frase fundamental es: “¿no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece?”, y “¿por qué tomas a mal que yo sea bueno?”. El Señor es así. Es justo con los de la primera hora, los había contratado en un denario, y tiene otra justicia para los de la última hora.

Desde el punto de vista estratégico y externo pareciera que hay una especie de desequilibrio. Desequilibrio a los ojos humanos. Pero en cuanto al contrato, y lo formal, estaba en lo cierto. Les pagó a todos según había convenido. El Señor quiere ser bueno, y eso es lo que nos cuesta entender. Dios tiene bondad con todos. Con el que se portó bien y con el que se portó mal.

Uno puede decir lo mismo: “Yo que fui fiel toda mi vida, me pasa esto. Este, que es un atorrante, un “calavera”, que se portó mal, que hizo macanas y mucho lío, ¿le vas a dar lo mismo que a mí?”

¿Acaso no nos recuerda esto el comportamiento del hermano mayor y la actitud del hijo pródigo? Aquí otra vez, la misericordia de Dios que supera nuestro entendimiento y que es imprevisible. No lo podemos agarrar porque nuestros criterios, son nuestros criterios, pero los de Dios son distintos.

Y los mejores, los más seguros, son los de Dios y no los nuestros.

La misericordia de Dios es más grande que nuestra misericordia.

La bondad de Dios es mucho más grande que nuestra bondad.

Debemos entender que hay una desproporción y que Dios tiene otros caminos, otros códigos, otra manera de presentarse. Pero siempre siendo bueno y siendo justo.

Debemos rezar mucho para tener un corazón semejante al de Dios.

Para tener una mente amplia y grande, semejante a la de Dios.

Para poder amar, sin límites, a todos según Dios.

Para poder darnos cuenta que hay una justicia, que supera la meramente distributiva.

Fijémonos cómo el Evangelio va enseñando a las naciones, y al mundo, que hay que ser solidario con los otros, ayudando a los otros. Cómo la fe hace cultura, socializa el comportamiento de los hombres. Es importante darnos cuenta de la implicancia que esto tiene. Cuando Dios está, y es reconocido, uno puede reconocer y ayudar a los demás.

Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros, porque Dios siempre nos sorprende y uno nunca puede apropiarse de los Dones de Dios. Porque los dones y la bondad de Dios, siempre seguirán siendo don y bondad.

En este mundo, ¿qué nos queda?

Primero, la bondad de Dios.

Pero también nos queda el esfuerzo de seguir siendo fieles desde las cosas más pequeñas a las cosas más grandes. Y uno las hace porque está convencido y no mira los resultados ni lo que reciben los demás.

¡Uno tiene que ser bueno, aunque los demás sean malos!

¡Uno tiene que ser honesto, aunque los demás sean deshonestos!

¡Uno tiene que ser justo, aunque, los demás sean injustos!

¡Uno tiene que tener dignidad de bien, aunque los demás la hayan perdido!

Dios se da a todos y de todos espera nuestra conversión.

Que Dios los bendiga.
 



Artículo patrocinado.

Gracias a nuestros bienhechores y su generosa ayuda, hacemos posible la publicación de este artículo.

¡Dona Aquí!






Compartir en Google+
También te puede interesar





Reportar anuncio inapropiado |