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P. Jacques Dupuis: Sincretismo religioso y relativismo.
No existe posibilidad de compromiso alguno cuando se entiende a fondo el Zen y la meditación cristiana; esta puede ciertamente ser un ejercicio, pero nunca una “técnica”. Es absurdo pretender imponerse a Dios mediante una técnica (Hans Urs Von Baltasar)


Por: P. Paulo Robles S.J. | Fuente: Is-Zarev



Su teoría: Las religiones son iguales; Hinduismo, Budismo y Zen sustituyen al Evangelio

Viene luego el debate conocidísimo en todo el mundo sobre la mística y la meditación, más en concreto, sobre la meditación oriental (Zen) y la cristiana. Hay aquí una alternativa inexorable. No existe posibilidad de compromiso alguno cuando se entiende a fondo el Zen y la meditación cristiana; ésta puede ciertamente ser un ejercicio, pero nunca una “técnica”. Es absurdo pretender imponerse a Dios mediante una técnica (Hans Urs Von Baltasar, “Puntos centrales de la fe”, BAC, Madrid 1985).

La relación del cristianismo con las demás religiones puede establecerse a dos niveles: uno teórico o teológico; otro práctico o espiritual.

El padre Jacques Dupuis junto con Anthony de Mello, bien de diverso modo, se alejan del terreno católico.

El P. Jacques Dupuis es belga y nació en 1923. De 1948 a 1984 vivió en Bangalore (India) y ahí enseñó teología durante veinticinco años. Desde 1984 es profesor de Cristologìa (una de las asignaturas más importantes en el ciclo de estudios de teología) en la Universidad Gregoriana de Roma y dirige la revista oficial trimestral de la misma universidad: “Gregorianum”.

Forma parte de las comisiones para las tesis doctorales en el “Centre Sévres” de París. También participa en el Centro Interreligioso “Henri Le Saux” de Milán y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Venecia.

La tesis principal del pensamiento de Dupuis es que

a) antes de Concilio Vaticano II se seguía un modelo exclusivista o eclesiocéntrico bajo el axioma “fuera de la Iglesia no hay salvación”;

b) que a éste siguió el modelo inclusivista o cristocéntrico de Karl Rahner con la teoría de los cristianos anónimos (es decir, de que los no bautizados son también cristianos, pero anónimos), y

c) que ahora, el nuevo paso, en el diálogo interreligioso, consiste en el modelo pluralista, reinocéntrico que considera todas las religiones como medios de salvación: todas las religiones son iguales.

El padre Dupuis da especial importancia al diálogo del cristianismo con el hinduismo y el budismo.

Su ideal es llegar a vivir al mismo tiempo la fe cristiana y la hinduista o budista, aunque en el fondo sean incompatibles.

Su término clave es el “Reino”, concebido como instauración de la justicia social en categorías marxistas. E. P. Dupuis es uno de los grandes teóricos de la teología de la liberación para Asia; sigue el modelo latinoamericano.

En varias ocasiones, el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, ha descalificado las enseñanzas del P. Dupuis por ser peligrosas para la fe católica.

Así lo hizo, por ejemplo, en una conferencia en Hong Kong (1993) ante los presidentes de las conferencias episcopales de Asia o en una conferencia pronunciada durante las Semanas Universitarias de Salzburgo en Austria en 1992. En ambas, el Cardenal Ratzinger citó el artículo de Dupuis “The Kingdom of God and World Relligions” (en Vidyajyoti, Journal of Theological reflection 51 (1987) págs. 530-544).

El punto que descalifica el cardenal Ratzinger es el relativismo (no hay verdades absoluta, todas las afirmaciones valen igual) que expresa Dupuis ante verdades fundamentales de la fe y que se concreta en un uso arbitrario del término bíblico “el Reino” con valor exclusivamente sociológico. En su teología no cuenta ni Dios, ni Jesucristo, ni la Iglesia. Se trata sólo de un “reinocentrismo” como deber común de las religiones, es decir, la unificación de las religiones es algo social; las religiones se unen en el trabajo por la justicia social como hacen los teólogos de la liberación.

Si los sacerdotes del magisterio paralelo primero redujeron la fe católica a un simple esfuerzo social, muchas veces con inspiración marxista, ahora extienden esto a todas las religiones.

El P. Jacques Dupuis continúa la teología de Rahner en una línea muy precisa que es la del acercamiento a las religiones no cristianas, aunque para eso tenga que destruir el catolicismo. Afirma, por ejemplo, que el Espíritu Santo ha inspirado también a las que denomina “sagradas escrituras no bíblicas”. En coherencia con esta teoría, es normal que sus alumnos hayan promovido las liturgias donde se toman lecturas de dichas “sagradas escrituras no bíblicas”. Realmente es un problema porque si afirman esto, no hay más remedio que aceptar que Dios se contradice pues en los libros bíblicos habla, por ejemplo, de resurrección de los muertos y que después de la muerte hay un juicio (así lo afirma el Nuevo Testamento en Hebreos 9, 27 y el Catecismo de la Iglesia Católica en los nn. 1021 y 1022), y en los libros hindúes el mismo Espíritu Santo aceptaría que hay reencarnación.

El concepto de Evangelización del P. Dupuis es muy curioso y, por supuesto, no tiene nada que ver con lo que dice el Papa Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris Missio. Para Dupuis, el diálogo interreligioso es evangelización (es decir, un hindú entrega el Evangelio –que es la Buena Nueva de Jesucristo- a un cristiano). Dice que Jesucristo es universal y pertenece a todas las religiones.

Todas las religiones, según él, son cristianas, lo único que las separa es la Iglesia (pág. 347 de su libro Jésus Christ a la reencontré des religions). Por tanto, la Iglesia fundada por Jesucristo es sólo un obstáculo que hay que destruir para acercar a todas las religiones (siempre aparecen la nueva ola de religiosos que quieren destruir la Iglesia). E. P. Dupuis es un gran amante de los teólogos de la liberación latinoamericanos, especialmente de la cristología del jesuita Juan Luis Segundo, la eclesiología del Exsacerdote Leonardo Boff y la espiritualidad del ya arrepentido Gustavo Gutiérrez.

Dentro de la corriente de pensamiento de la teología de la liberación asiática sobresale el también jesuita Aloysius Pieris, que es un gran promotor de la teología de la liberación en Asia. En el libro El rostro asiático de Cristo, Sígueme, Salamanca 1991, dedica tres capítulos al tema: capítulo 2, Hacia una teología de la liberación en AISA, orientaciones religioso-culturales, capítulo 8, ¿Una teología de la liberación en las Iglesias asiáticas? Y capítulo 9, El lenguaje de los derechos humanos y la teología de la liberación.

Con él, son ya muchos los sacerdotes indios que ponen en práctica esta línea revolucionaria importada de Centroamérica. Entre ellos destacan el padre Arokiasan, defensor a ultranza de Dupuis y Pieris, y Errol D’Lima,presidente de la Asociación de teólogos de la India que afirma que su organización no es católica para poder trabajar con libertad y sin interferencia de los obispos (sucesores de los apóstoles, representantes de Jesucristo en las iglesias particulares, con el deber de guiar, enseñar y santificar a su grey, en la que se incluyen especialmente los sacerdotes). Este padre jesuita promueve la creación de una iglesia nueva en la India copiando el experimento de las Comunidades de Base de Brasil, que es otra manera de desvirtuar la Iglesia de Jesucristo.

Está creando autonomías o reservaciones para los dalits (parias, miembos de la última casta india) cristianos y se dedica a combatir el neoliberalismo y a promover la justicia social, siempre con una ideología marxista de fondo. Y como ellos, la mayoría de los casi cuatro mil sacerdotes indios. Han confundido el verdadero significado de la inculturación dejándose convertir al hinduismo sin conservar la fe, la moral, la oración y los sacramentos cristianos, algo muy distinto de lo que ha sucedido con l as monjas de la Madre Teresa de Calcuta, casi todas de origen indio y vestidas con shari, pero portadoras de una fe cristiana y unidas a la Iglesia en su jerarquía y estructuras.

El P. Dupuis también es promotor del yoga y del hinduismo dentro de Milán, la antigua diócesis del también jesuita Cardenal Martini. No es un caso aislado. Entre muchos sacerdotes de esta línea sobresalía el padre Enomiya Lasalle (a quien alude Hans Urs Von Baltasar en su libro Puntos centrales de la fe, BAC, 1985, pág. 337, nota 4). Defienden y justifican la posibilidad de un intercambio de contenidos con la religión Zen y llegan a considerar que en la vida cristiana se puede dar ese mismo sobrecogimiento de lo personal en lo apersonal, típico de la religión Zen, pero que es incompatible con la doctrina cristiana.

Fuera de la India, hay otros sacerdotes de la nueva ola que también promueven este sincretismo (mezcla de todo) religioso. Así, por ejemplo, en México, el Instituto Libre de Filosofía y Ciencias y el Centro Ignaciano de Espiritualidad, organizan conferencias y sesiones de estudio donde se promueven un acercamiento a las religiones orientales y donde se predican las teorías de la reencarnación y el karma.

El padre Jorge Manzano director del Instituto Libre de Filosofía y Ciencias, coordina y promueve estos cursos y dirige la revista Xipe-Totec, que también hace gran publicidad de estas creencias contrarias a la fe católica.
 







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