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Derechos familiares
Todo hombre tiene el derecho, en principio, al matrimonio y a la consecución de su propio fin; el derecho a la sociedad conyugal y doméstica.


Por: G. Lobo | Fuente: arbil.org



Todo hombre tiene «el derecho, en principio, al matrimonio y a la consecución de su propio fin; el derecho a la sociedad conyugal y doméstica» (Pío XII, rm 24-XII-1942).

Estos derechos alcanzan múltiples perspectivas; por ejemplo,

«el derecho a trabajar, como medio indispensable para la manutención de la vida familiar; el derecho a la libre elección de estado» (Ibid); etc.

Y quienes han recibido de Dios la luz de la fe, es decir,

«los verdaderos hijos de la Iglesia, están comprometidos a sostener a ultranza los derechos esenciales de las familias» (Pío XII, disc 18-1X-1951, CE 169814),

que en buena parte derivan de la condición sacramental del matrimonio cristiano.

Los principales derechos del hombre con respecto a la familia son:

1) Derecho al matrimonio y a la familia. El ser humano tiene derecho a contraer libremente matrimonio y a fundar una familia, en la que el varón y la mujer tienen igualdad de derechos y de deberes (cfr Gaudium et Spes, nn. 26, 42 y 52; Juan XXIII, Pacem in Terris, 15; Pío XII, rm 1- VI-1941).

«La familia, fundada en el matrimonio uno e indisoluble libremente contraído, es necesario considerarla como la semilla primera v natural de la sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto económico y social como en la esfera cultural y ética; todas estas medidas tienen como fin consolidar la familia v ayudarla a cumplir su misión» (Juan XXIII, Ibid, 16).

2) Derecho de los padres a procrear (Gaudium et Spes, n. 52). Los esposos tienen el derecho y el deber de transmitir la vida:

«el derecho de los cónyuges, del padre y de la madre, a realizar su vida convugal y doméstica» (Pío XII, rm 1-VI-1941).

3) Derecho a decidir el número de hijos. Los padres tienen derecho exclusivo de decisión en el número de hijos, pues

«en el deber de transmitir la vida humana y de educarla, lo cual hay que considerar como su propia misión, los cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creador y como sus intérpretes. Por eso, con responsabilidad humana y cristiana cumplirán su misión y con dócil reverencia hacia Dios se esforzarán ambos, de común acuerdo y común esfuerzo, por formarse un juicio recto ... Este juicio, en último término, los esposos deben formarlo personalmente ante Dios» (Gaudium et Spes, n. 50).

4) Derecho a la educación de los propios hijos (Gravissimum Educationis, n. 26; Juan XXIII, Pacem in Terris, 17; Pío XI, Mit Brennender Sorge, CE 147130, DP-11 6591[37]; Id, Casti Connubii, CE 1611/6-8, DP-111 5541[12-181; Id, Divini lllius Magistri, CE 1591ss/16-21, DP-11 540ss/125-35]).

Este derecho de los padres se concreta en tres deberes primordiales: el deber de educar cristianamente a sus hijos, el deber de formarles religiosa y moralmente, y el deber de educarles humana y culturalmente, proporcionándoles, además de la educación impartida en el hogar, los medios adecuados para su formación.

5) Derecho a poseer los bienes suficientes para su familia (Gaudium et Spes, n. 69; Juan XXIII, Ibid, 17). Para poder cumplir con los anteriores deberes, los padres tienen derecho a los bienes necesarios para mantener a la familia y dar a los hijos la educación moral y cultural adecuada.

6) Derecho a la inviolabilidad del hogar. Es el derecho a desarrollar la vida doméstica (cfr Pío XII, rm 1-VI-1941) sin injustas intromisiones que provengan del exterior y perturben la intimidad del hogar.


 




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