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La Bioética ante la sociedad pluralista
El Pluralismo, como hoy se presenta, con una dimensión, llamada pos-modernista, se caracteriza por la ausencia de contenidos morales, la negación de valores morales universales e inmutables que garanticen la identidad y autenticidad del hombre


Por: Dr. Manuel Alarcón Vázquez | Fuente: Catholic net




Hablar de la relación entre Bioética y la Sociedad Pluralista es algo que se impone.

Hablar de Bioética, es hablar del Don más grande que hemos recibido del Creador: la vida, es hablar del hombre y de axiología. Hablar de Pluralismo es hablar de diversidad, de democracia y de desarrollo. Hablar del binomio Bioética-Pluralismo, es hablar de búsqueda de la verdad y del ejercicio racional de la libertad.

El Pluralismo es un valor tan importante, que se ha hecho imprescindible en cualquier reflexión axiológica, pero al mismo tiempo es una realidad compleja y difícil que puede ser cuestionable.

El Pluralismo, hay que entenderlo como una “mediación” de la verdad. La verdad necesita “mediaciones” para llegar a la mente y corazón del hombre, hasta tal punto que no es nada sin ellas; pero al mismo tiempo no se puede reducir ni agotar en ninguna de ellas; y cuando esto pretende ser así, esta mediación, por necesaria y valida que sea, se convierte en ídolo y en una expresión parcial de la verdad.

Hoy resulta particularmente complejo hablar de Pluralismo, porque es innegable que la sociedad vive una situación enfermiza de Pluralismo, que por un lado, es insano, pero por otro no se puede ignorar o eliminar por simple capricho. Es un hecho y los hechos no se niegan. El reto consiste en descubrir el sentido válido y positivo de lo que llamamos Pluralismo.

Es fácil hablar de Pluralismo en teoría cuando lo comparamos con la fascinante multiplicidad de colores del arco iris, pero cuando se trata del Pluralismo real, ya no resulta tan fácil y ni siquiera claro, pues nos puede confundir y viciar el aire que respiramos, si no lo situamos en su justa medida. Querer quedar bien con todos, sea por inseguridad, miedo o afán de no complicarse la vida, lleva a una cobarde neutralidad, lo cual no es válido, ya que hay situaciones ante las que el hombre no puede ser neutral o indiferente.

El Pluralismo supone libertad, pero no una libertad sin razón, al contrario, la libertad, para ser auténtica debe estar iluminada por la razón y por la fe, único camino a la verdad total. “La verdad es lo que hace libre al hombre” (Jn. 8.32) y la verdad es solo una. Buscar la verdad en todas las cosas debe ser el propósito de todos aquellos que buscan por encima de cualquier cosa el bien y el progreso del hombre en cualquier circunstancia de la vida.

El Pluralismo, como hoy se presenta, con una dimensión, llamada pos-modernista, se caracteriza por la ausencia de contenidos morales, la negación de valores morales universales e inmutables que garanticen la identidad y autenticidad del hombre. De esta manera se renuncia al deber de buscar y de hacer brillar la verdad sobre el hombre, rehusándose a construir un puente de comunión entre las tecnociencias y humanismo, encrucijada en la que hoy nos ha tocado vivir.

Por eso no es de extrañar, que quienes entienden así el Pluralismo propugnen por la necesidad de rediseñar una Bioética moderna dentro de un marco de “secularismo”, con el fin de recurrir a ella para justificar de raíz determinadas políticas de acción, y así apoyarse en una Bioética que llaman: abierta, independiente de convicciones religiosas, ajena a cualquier fundamento antropológico, libre de compromisos ideológicos, de herencias culturales, pero sobre todo independiente de cualquier relación a una fe que permita abrirse a la Trascendencia.

La tesis, no declarada en una sociedad Pluralista secularizada afirma, que no se debería ni siquiera buscar desarrollar una profunda y rica visión del bien común, ni mucho menos pretender que exista un criterio adecuado y seguro en la sociedad que pueda exigir una ética de responsabilidad personal, que justifique un juicio sobre las decisiones morales privadas. Dicho de otra manera, el Pluralismo de la llamada sociedad democrática exige, y puede, si acaso tolerar, solo un consenso moral minimalista, y que una decisión moral privada sea aquella que ni se pueda ni se deba juzgar por los demás.

Este Pluralismo moral de la sociedad democrática y liberal ha elevado a dogma de nuestro tiempo el principio de “auto determinación de la persona”. El ejercicio de libertad, dicen, hay que entenderla como simple elección y no como búsqueda del bien, en donde el dominio de la subjetividad esté sobre las realidades objetivas. Donde hay que resaltar a la libertad sobre la virtud, al “yo quiero” sobre el “yo debo” o el “yo soy”.

Este tipo de Pluralismo incapacita al hombre para acceder a un diálogo serio sobre la naturaleza esencial del ser humano renunciando a buscar la verdad en sí misma y lleva el “consenso”, sobre una base de tolerancia y relativismo, a “valor clave” de la convivencia. Se abre así paso a la conveniencia de dar por igualmente buenos y válidos los distintos modelos de obrar moral que han de coexistir en un espíritu de tolerancia.

Para poder ubicar la verdadera relación entre Bioética y Pluralismo es necesario afirmar que la Bioética es por naturaleza interdisciplinaria, es decir, no se puede entender su “ser” y su “quehacer”, si solo subrayamos el aspecto pluralista olvidándonos del aspecto “interdisciplinario“ que es lo que constituye su característica específica y diferencia última.

Es evidente, y nadie niega, la necesidad de una dimensión pluralista y multicultural pero no debemos olvidar jamás, que lo fundamental y específico de la Bioética, es el interdisciplinarismo, que exige a todo aquél que desea cultivar la Bioética una sólida formación interdisciplinaria que le permita el diálogo con las principales ciencias afines al tema de la vida, para poder así llegar a descubrir toda la verdad sobre el valor y dignidad de la vida humana.

No basta una apertura a la dimensión multi-cultural de la sociedad, sin que exista en ella una guía que conduzca a la verdad total. Es necesario simultáneamente la dimensión interdisciplinaria que dé la madurez y profundidad a sus juicios. No se puede hablar de interdisciplinariedad sin Pluralismo, ni de Pluralismo sin interdisciplinariedad.

La interdisciplinariedad incluye el diálogo con todo tipo de ciencias, sean técnicas o filosóficas. No se puede excluir a ninguna. Por lo tanto, no es válido que la llamada Bioética secularista, pretenda eliminar de cualquier consideración la referencia a valores antropológicos, filosóficos o teológicos. Plantear así las cosas es proceder con apriorismos, no es serio ni mucho menos científico. Por eso no es de extrañar que a esta forma de querer plantear la Bioética, algunos la empiecen a llamar: Bioética-poscristiana, haciendo más explícita la negación a aceptar la dimensión espiritual del hombre y a descubrir toda la verdad sobre su ser y quehacer, que incluye necesariamente su dimensión trascendente.

Afirmamos que la Bioética debe ser pluralista en el diálogo y convivencia social, e interdisciplinaria en su reflexión y crecimiento interior. Unidas estas dos dimensiones serán el factor de democracia, desarrollo y verdadero progreso que tanto anhelamos.


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