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Cosas de la cultura y de la fe
NP Liga 21729


Por: Máximo Álvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net




1. El tema

-Esas gentes que veis caminar y que parecen llevar un libro bajo el brazo hace ya mucho tiempo que no leen ninguno; si acaso alguna revista del corazón o alguna fotonovela. Lo que llevan es una película de vídeo, de tiros o pornografía. Películas buenas es difícil encontrarlas en el video-club, porque tienen poca aceptación entre el público... Y ¿sabe Vd. cómo sale más barato el alquiler? Pues muy sencillo, intercambiándose con los vecinos se pueden ver tres o cuatro películas cada día... No le hable Vd. a esa gente del problema del hambre en el mundo, ni de nombres de personas y países reales. Hábleles del mundo irreal de las series de televisión o de las veces que el esférico pasar por debajo de tres palos, hábleles de la liga o de los números premiados en el bonoloto... y ya verá con qué pasión discuten y cuánto saben.

-Lo tiene claro el ministro o el concejal de cultura, no sólo porque "nadie da lo que no tiene", sino porque aplicando a la cultura lo que decía una pintada referida a la anarquía habría que decir: "la cultura no se impone, se asimila". Y no es cuestión de espetarle a la gente de cuando en cuando un concierto, una conferencia o una obra de teatro... Fijaos que ni siquiera es cuestión de que vaya todo el mundo a estudiar. Porque a veces uno se entiende mejor con gente que no tuvo oportunidad de hacer estudios que con otros que han pasado años detrás del pupitre.

Lo cierto es que, a pesar de todo, hay un interés especial en la promoción de la cultura.
Otra cosa es que se consiga de manera adecuada. Por ejemplo, hace no muchos años programaron desde la Administración varias actividades culturales para el verano en nuestros pueblos y ciudades. Sé de un pueblo al que se llevó una obra de teatro, representada bajo una enorme capa. A la gente no le gustó y no entendió nada, a excepción de los tacos y palabras groseras, que abundaban. Por cierto que costó bastante dinero. A los pocos días un grupo de jóvenes del mismo pueblo, con bastantes menos medios, representó una obra de teatro. El éxito fue enorme. Se trataba de una iniciativa espontánea, no impuesta por nadie. Y es que la cultura no se puede imponer, y menos al servicio del poder político o económico, sino que la autoridad pública debe limitarse a fomentar los medios y condiciones (G.S.59). ¿No es verdad que, a veces, da la impresión de que a través de la televisión y de otros medios se está tratando de imponer un modelo determinado de cultura, bastante ajeno a los valores humanos y cristianos de nuestro pueblo? Sinceramente creemos que muchos de los que se llaman promotores de cultura tienen bastante poco respeto a los sentimientos y vivencias más genuinas del pueblo.

Esa necesidad de respeto a la cultura de cada pueblo es algo que la Iglesia tiene muy claro. Ella se considera a sí misma como "enviada a todos los pueblos, sin distinción de épocas y regiones. No está ligada de manera exclusiva e indisoluble a raza a nación alguna, a algún sistema particular de vida, a costumbre alguna, antigua o reciente" (G.S.58).

Con gran belleza nos muestra la película "La Misión" cómo es posible predicar y vivir el Evangelio a los indios de la selva, sin que necesiten renunciar a la mayoría de sus hábitos culturales. Sería absurdo pretender eliminar en un poblado africano, por el hecho de convertirse al cristianismo, sus danzas y tambores en un entierro o en una celebración eucarística. De ahí que es muy importante no confundir lo que es esencial al cristianismo y lo que es simplemente producto de una determinada cultura. Ni hay que pensarse que acaban con la religión quienes renuncian a lo que han sido simplemente manifestaciones culturales ni pensar que es un error adaptarse, como hizo Cristo en su época, a las culturas de cada pueblo o de cada época.

Pero podríamos preguntarnos: ¿la nueva cultura de nuestros tiempos acaso no está dejando de lado la fe? Ese peligro existe y el Concilio lo reconoce: "El progreso actual de las ciencias y técnicas pueden favorecer un cierto fenomenismo y agnosticismo, cuando el método usado se considera sin razón como la regla suprema para hallar toda la verdad... Existe el peligro de que el hombre, confiado con exceso en los inventos actuales, crea que se baste a sí mismo y deje de buscar cosas más altas" (G.S.57).

Ello no quiere decir que la cultura actual no tenga valores positivos. Los nuevos avances de la ciencia no han de ser necesariamente un obstáculo, sino un estímulo que reclama nuevas investigaciones teológicas. Y la Iglesia tiene que tratar de descubrir (como hizo en otros) cómo anunciar la doctrina del modo más apropiado a los hombres de su época, porque una cosa es lo fundamental de la fe y otra el modo de formularlo.

Está naciendo una nueva cultura, con sus aspectos negativos, pero también positivos. No vale lamentarse ni dormirse ni cruzarse de brazos. En ella hay sitio para la fe. Y la tarea de hallarlo será difícil, pero apasionante y necesaria.


2. La voz del Concilio

Múltiples son los vínculos que existen entre el mensaje de salvación y la cultura humana. Dios, en efecto, al revelarse a su pueblo hasta la plena manifestación de sí mismo en el Hijo encarnado, habló según los tipos de cultura propios de cada época.

De igual manera, la Iglesia, al vivir durante el transcurso de la historia en variedad de circunstancias, ha empleado los hallazgos de las diversas culturas para difundir y explicar el mensaje de Cristo en su predicación a todas las gentes, para investigarlo y comprenderlo con mayor profundidad, para expresarlo en la celebración litúrgica y en la vida de la multiforme comunidad de los fieles.
Pero al mismo tiempo, la Iglesia, enviada a todos los pueblos sin distinción de épocas y regiones, no está ligada de manera exclusiva e indisoluble a la raza o nación alguna, a algún sistema particular de vida, a costumbre alguna antigua o reciente. Fiel a su propia tradición y consciente a la vez de la universalidad de su misión, puede entrar en comunión con las diversas formas de cultura; comunión que enriquece al mismo tiempo a la propia Iglesia y las diferentes culturas.

La buena nueva de Cristo renueva constantemente la vida y la cultura del hombre caído, combate y elimina los errores y males que provienen de la seducción permanente del pecado. Purifica y eleva incesantemente la moral de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda como desde sus entrañas las cualidades espirituales y las tradiciones de cada pueblo y de cada edad, las consolida, perfecciona y restaura en Cristo. Así, la Iglesia, cumpliendo su misión propia, contribuye, por lo mismo a la cultura humana y la impulsa, y con su actividad, incluida la liturgia, educa al hombre en la libertad interior.


3. Preguntas para el diálogo

1. La cultura actual, ¿tiene en cuenta los valores cristianos, la visión cristiana de la vida?. Pon ejemplos.
2. ¿Estás la Iglesia ligada a determinada cultura?
3. ¿Cuál es la relación entre fe y cultura?
4. ¿Puede la Iglesia comunicarse en el lenguaje de la cultura de hoy?
5. ¿Qué consecuencias tiene el agnosticismo para la cultura actual?


4. La Plegaria

Tu eres el Dios del Universo,
pero no eres un Dios lejano y distante,
sino que vives en cada uno de nosotros.
Has querido compartir nuestra existencia,
pisar con tus pies nuestra misma tierra,
beber su agua y respirar sus aires.
Y fuiste uno más entre los habitantes de tu pueblo,
y habaste su lengua y te adaptaste a sus costumbres,
participando de su misma cultura.
Maestro de la palabra y de la comunicación
supiste conectar con aquellas gentes,
haciéndoles familiares los temas más profundos.
Haz que nosotros sepamos encontrarte
en la vida de cada día, en nuestra cultura,
en aquello por lo que el hombre lucha y se desvela,
que sepamos anunciarte a los demás
en el lenguaje de nuestro mundo y nuestro tiempo,
en nuestra cultura,
ayudando a descubrirte en ella
o haciéndoles notar el drama de tu ausencia.



 



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