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El trabajo es una cosa sagrada
No solamente hay millones de personas desempleadas sino que millones más están también confundidas sobre lo que significa el trabajo y para qué es


Por: Mons. José H. Gómez | Fuente: ACI



Nuestro hermano César Chávez habría cumplido 85 años este año.

El tiempo se desvanece, los recuerdos se vuelven borrosos y las jóvenes generaciones pueden sentirse muy lejos de las preocupaciones de aquellos que se han ido antes que nosotros. Pero nosotros no deberíamos dejar que eso pase con él.

César fue uno de nuestros pioneros más grandes de los derechos civiles de la nación. Él fue un valiente luchador por la dignidad de nuestra gente hispana, especialmente los pobres y aquellos que trabajaban en los “campos agrícolas.”

Él fue un hombre cuyas convicciones públicas estaban arraigadas en la oración y creadas por su profunda fe católica.

Él dijo una vez, “Yo no pienso que podría basar mi voluntad de lucha en alguna fría economía, o sobre alguna doctrina política. No creo que eso sería suficiente para perdurar. Para mi, la base debe ser la fe”.

Igual que otros dos grandes líderes morales de su generación, el Reverendo Martin Luther King y Dorothy Day, fundadora del movimiento de los Trabajadores Católicos, la fe de César lo condujo a luchar contra la injusticia usando la no-violencia como una arma espiritual de la oración, el ayuno, el sacrificio de si mismo y las obras de amor.

A través de la influencia de su fe y de los esfuerzos de algunos sacerdotes heroicos y laicos, su Unión de Campesinos de América fue fundada sobre los principios de la Doctrina Social Católica.

César entendió una verdad que todavía no es ampliamente conocida, que la Iglesia Católica es la primera institución en la historia de la humanidad que respeta la dignidad del trabajo.

En una de sus declaraciones públicas durante la Huelga de la Uva en Delano en 1966, él citó esas fuertes palabras del Papa Leo XIII: “El primer deber de cada uno de nosotros es proteger a los trabajadores de la ambición de los especuladores que usan a los seres humanos como instrumentos de trabajo para ganar dinero para ellos mismos. No es ni justo ni humano oprimir a los hombres y mujeres con trabajo excesivo hasta el punto donde sus mentes se debilitan y sus cuerpos se agotan”.

Hijo de un trabajador migrante que vino a California en los años19 30 y 40, César pasó muchos días en los campos debajo del ardiente sol. Él siempre dijo que estaba trabajando para un diferente sistema que debería tratar a los trabajadores campesinos como a seres humanos importantes.

“Dios sabe que nosotros no somos bestias de carga, no somos instrumentos agrícolas o esclavos rentados, nosotros somos hombres y mujeres”, él siempre dijo.

César todavía tiene un mensaje para nosotros hoy en día sobre la dignidad humana y la santidad del trabajo.

Hoy en día tenemos una crisis de empleo en nuestra sociedad. No solamente hay millones de personas desempleadas sino que millones más están también confundidas sobre lo que significa el trabajo y para qué es.

Nuestra sociedad ha reducido el trabajo a una idea materialista y “funcionalista”. Ya sea que se trate de cuello blanco o de cuello azul, industrial o de servicio, manual o intelectual, nosotros vemos el trabajo nada más que como un medio para un fin material. Un medio para hacer dinero. Un medio para lograr que se hagan las cosas. Por eso, entre aquellos suficientemente afortunados que tienen trabajos, vemos algunos que son “adictos al trabajo” mientras que otros solo tienen trabajo para el fin de semana.

Nada de esto es lo que Dios quiere para el trabajo humano.

César lo entendió bien cuando dijo: “El trabajo es una cosa sagrada… Cada individuo esta dotado de dignidad”.

Nuestra actual crisis económica demanda que todos nosotros -trabajadores, dueños de negocios y líderes políticos- nos prometamos a nosotros mismos a trabajar juntos por el bien común.

Nosotros no podemos darnos el lujo solamente de ver por nuestras propias necesidades, o de buscar los intereses solamente de nuestro “grupo”. Demasiada gente está sufriendo. Demasiada gente necesita nuestra ayuda.

Así que otra lección que podemos aprender de César Chávez es buscar orientación de la doctrina social de la Iglesia. En nuestros días, el Papa Benedicto XVI nos ha mostrado “un nuevo camino” para el futuro en su encíclica social “Caridad en la Verdad.”

El Papa dice que la pobreza en nuestra economía global a menudo resulta en una “violación de la dignidad del trabajo humano”. Él nos llama a promover una economía donde el trabajo verdaderamente sirva a nuestros hermanos y hermanas y nos ayude a crecer más unidos a nuestras familias y de Dios.

César Chávez tenía la misma perspectiva. Él dijo:

“Los seres humanos son únicos porque son creativos. Cuando nosotros reprimimos esa creatividad, destruimos el espíritu del individuo… Necesitamos un trabajo que mejora la calidad de vida, porque este tipo de trabajo es la piedra angular de la dignidad humana. Y ya que la gente es tan importante, trabajar por la gente –aun sacrificando un poco por ellos- aporta mucho más sentido a la vida de las personas. Hay mucho trabajo significativo que hacer.”

Mantengámonos orando unos por otros .

Y pidamos a Nuestra Señora de Guadalupe que ayude a quienes trabajan en nuestros campos agrícolas. Pidámosle a Ella más amor, preocupación y solidaridad en nuestra sociedad – empezando con nuestros propios corazones.







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