Viviendo la Liturgia
En la compasión con los pobres
Por: P Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net

La maravilla de la liturgia vivida es el misterio de la caridad divina en nuestra vida. En su fuente, en su flujo, en sus frutos, esta caridad busca penetrarlo todo: lo profundo del corazón y el ser personal, el trabajo, la cultura, las relaciones entre las personas y el tejido de nuestra sociedad...El Espíritu Santo es el que empuja a la caridad hasta el extremo del amor.
La liturgia vivida alcanza todo su realismo y toda su verdad cuando nos hace entrar en el espesor del mundo del pecado, allí donde el amor no es todavía vencedor de la muerte. La filantropía puede ser moral, pero hasta ahí. La caridad es mucho más, es mística, porque alcanza en el hombre este abismo de la muerte donde el amor está ausente; es mística, porque la caridad esconde toda la profundidad del amor de Dios que se derrama en los demás.
Servir a los pobres es hacerse pobre con ellos, como el Señor. Pobres según el Espíritu. Cuando la Iglesia se acerca al pobre, vive su liturgia hecha compasión. Lo hecho al pobre, es hecho a Jesús, pues Jesús se identifica con el pobre, según el capítulo 25 del evangelio de san Mateo. Lo que sufre todo ser humano es el sufrimiento mismo de Jesús, que lo asume. ¡Qué bien entendió esto la beata Madre Teresa de Calcuta! Por eso se dedicó a los pobres más pobres, sirviendo a Jesús en ellos, saciando la sed de Jesús en ellos.
San Juan Crisóstomo, queriendo hacer comprender a los fieles de Antioquía la unidad misteriosa entre la liturgia que están celebrando y la que deberán vivir a la salida de la iglesia, dice que dejan el altar de la eucaristía sólo para ir al altar de los pobres. El símbolo de la continuidad es revelador. El mismo cuerpo de Cristo que servimos en el memorial de su pasión y resurrección debemos servirlo ahora en la persona de los pobres.
La compasión se difunde desde el corazón, no desde las emociones. Hablamos del corazón en el sentido bíblico, es decir, el centro de la persona. Su primer motor es el perdón y la misericordia. No olvidemos que la manifestación más brillante de la gloria de la Trinidad santa es su misericordia. Cuando aceptamos ser tomados por ella, entramos en la profundidad del corazón de nuestro Dios. Y el hombre cuando difunde compasión y misericordia con su prójimo pobre y necesitado está transparentando un rayo de la misericordia divina; es más, estamos introduciendo al necesitado en el mismo corazón de Dios.
Quiero traer aquí una cita de santa Teresa de Jesús a este respecto: “Cuando yo veo almas muy diligentes en entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella (que parecen no osan bullir, ni menear el pensamiento, porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido), hácese ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión. Y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que, si ves una enferma a quien puedes dar un alivio, no se te dé nada en perder esa devoción y te compadezcas de ella, y si tiene algún dolor, te duela a ti, y si fuera menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella como porque sabes que tu Señor quiere aquello” (Las Moradas, V, 3, 11).
Los pobres llegan a ser, por tanto, altar de la salvación de sus hermanos. Quien tiene caridad con ellos recibe esa salvación.
Y cuando esta compasión se difunde en el mundo comienza la misión.
Comentarios al autor P. Antonio Rivero.


















