Acerca de las adicciones
Por: Dra. Ana Nogales | Fuente: Dra. Ana Nogales

Las adicciones son difíciles de eliminar, pero no imposible. Por lo general, pensamos en adicciones como una situación en que uno ha caído y no se puede recuperar. Así es el caso del alcohólico, quien reconoce que su conducta es adictiva una vez que ha comprometido su estado físico y sólo piensa en tomar, afectando su capacidad laboral y comprometiendo su vida personal y familiar.
Lo mismo ocurre en el caso de las adicciones a las drogas, al juego, al sexo y hasta al trabajo.
Sabemos que es necesario reconocer la adicción como enfermedad para poder establecer un programa de recuperación, ya que de otra forma no existe conciencia de que pueda tratarse de un problema.
Lo interesante es que cuando algunos adictos reconocen su enfermedad, la condenan a su permanencia y la incorporan como un estilo de vida del que piensan nunca podrán desprenderse. Éste es el concepto contrario que conceptualmente propone Alcohólicos Anónimos. La organización plantea admitirla para confrontarla pero no para arraigarla, ya que ello implica la incapacidad de cambiar.
Pero la realidad es que mucha más gente deja su adicción que la que la continúa, aún sin tratamiento alguno. Las estadísticas indican un índice mucho más alto de adicción en los años jóvenes que en los 50, cuando ya la madurez ha permitido ejercer un buen juicio.
Es posible que necesitemos diferenciar distintos tipos de adicciones: unas pueden depender de situaciones y otras están más vinculadas a la personalidad. La distinción es valedera ya que dependerá del momento de la vida en que la persona desarrolla la adicción.
Por ejemplo, algunos de mis pacientes que han vivido situaciones traumáticas en la niñez se han refugiado en las adicciones para calmar sus dolores del alma, y dejan de necesitar este recurso cuando pueden acomodar sus sentimientos en terapia.
Por el contrario, una persona dependiente, con historia familiar de adicción, sin modelos sanos ni esperanza de futuro, puede recurrir a las drogas u otras adicciones como estilo de vida, cerrando las puertas a otras experiencias.
Un tercer aspecto debe ser mencionado: la presión social. La mayoría de las adicciones se desarrollan en edades jóvenes, ya sea en la adolescencia o en el adulto joven. En esta edad, es muy difícil alejarse de las malas influencias y de las tentaciones cuando se intenta parar con una adicción. Como consecuencia, las adicciones se refuerzan con las malas compañías.
Sin embargo, dejar una adicción no es tarea imposible. La mayoría de las personas dejan su vicio cuando lo deciden, y esto es porque han llegado a un límite, o porque han tomado conciencia del riesgo al que se han expuesto. Pero lo más importante es que si bien es una decisión personal y no la respuesta a los pedidos o súplicas de la familia, ni a la humillación o a la amenaza, la decisión es tomada cuando la persona se siente lo suficientemente fuerte como para hacerlo y siente que podrá recibir apoyo de quienes lo rodean.
















