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El Concilio Vaticano II sobre la Liturgia
La Liturgia
Resumen del documento conciliar llamado Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia.


Por: P Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net







El Concilio Vaticano II no fue ajeno a este tema tan importante y trascendental de la liturgia. En ese encuentro estelar de la Iglesia del siglo XX, estaban presentes alrededor de unos dos mil obispos y otros observadores.

El documento sobre la liturgia fue el primer documento aprobado por los padres del Concilio, es decir, por los obispos. ¡Fue el primer fruto del Concilio! Obtuvo 2147 votos favorables, cuatro en contra y uno nulo. Fue en 1963. Y entró en vigor en 1964.


Sacrosanctum Concilium

Hagamos un resumen de este documento conciliar llamado Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia.

Introducción: Donde se valora el primado indiscutible de la liturgia y la función de la liturgia: guiar al Pueblo de Dios en su peregrinar por la tierra (n. 1-4)

Capítulo 1°: Naturaleza e importancia de la liturgia (n. 5-46)
 

  • La liturgia actualiza, realiza la redención de Cristo aquí y ahora.
  • Es meta a la que tiende la acción de la Iglesia y la fuente de donde le viene su fuerza y vitalidad.
  • Pero la liturgia no agota la acción de la Iglesia, ni toda la vida espiritual. Hay que añadir la oración particular, la mortificación personal y los ejercicios piadosos (rosario, vía crucis, devociones, etc.).
  • La liturgia exige la participación activa de los fieles. Pero para que se dé esto, hay que educar a todos en la liturgia, enseñar formación litúrgica tanto al clero como a los fieles.


    Capítulo 2°: El misterio eucarístico (47-58)

    Se centra el documento en la eucaristía, que es el culmen de la liturgia, donde se encuentra la mayor riqueza litúrgica. Se pide la participación activa de los fieles en la misa. Para ello, se hizo una buena reforma del ordinario de la misa, simplificando ritos, conservando lo principal, con enriquecimiento de los tesoros de la Biblia, de modo que en un período de tres años se lean al Pueblo las partes mas significativas de la Sagrada Escritura.

    Se añade la homilía y la oración de los fieles. Se puede celebrar en lengua vernácula, es decir, en la lengua de cada pueblo, y no sólo en latín.

    Se habla de la comunión bajo las dos especies y la concelebración.


    Capítulo 3°: Otros sacramentos y los sacramentales (59-82). Hubo reformas en los ritos bautismales y de la confirmación y de los demás sacramentos.


    Capítulo 4°: el Oficio Divino o Liturgia de las Horas (83-101) donde toda la Iglesia a través de sus sacerdotes, extiende durante todo el día su oración de alabanza a Dios y santifican el día. Se recomienda la participación de los laicos en el rezo de la liturgia de las Horas o con los sacerdotes o reunidos entre sí, e incluso en particular.


    Capítulo 5°: El año litúrgico (102-111): Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Pentecostés, Tiempo ordinario, fiesta de los santos, fiestas de la Virgen.


    Capítulo 6°: La música sagrada (112-121). La música debe servir no sólo de decoración, sino de expresión de plegaria. Se puede interpretar música popular sagrada, pero sin menospreciar el canto gregoriano ni la polifonía clásica.


    Capítulo 7°: El arte y los objetos sagrados, las imágenes (122-130). El arte que se pone en las iglesias no debe repugnar ni ofender el sentido religioso. El arte sacro está relacionado con la infinita belleza de Dios; por lo tanto, todas las obras de arte en la Iglesia nos deben llevar a Dios.


    La liturgia es una teofanía, es decir, una manifestación de Dios. Dios en la liturgia se manifiesta continuamente, se hace presente, trayéndonos la salvación y con la salvación, la alegría de la liberación, el gozo del camino y la esperanza de la meta, que es el cielo.

    No se está en la liturgia, sino que celebramos la liturgia, participamos de y en la liturgia. Debemos educarnos en la liturgia para que así gustemos de las ceremonias, apreciemos los sacramentos, entendamos los signos y los ritos, amemos la Palabra de Dios, despertemos la capacidad de admirarnos y sobrecogernos ante el misterio divino que se celebra en cada acto litúrgico.


    Comentarios al autor P. Antonio Rivero.



     
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