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Luis de Trelles y Noguerol
Un laico ejemplar del siglo XIX


Por: . | Fuente: Fundación Trelles



Don Luis de Trelles nació el 20 de agosto de 1819 en el seno de una familia profundamente católica y de noble tradición. Fueron sus padres: D. Ramón María Vicente de Trelles y Cora, y Dña. María Josefa Noguerol y Leis. Fue el tercero de tres hermanos y convivieron en el hogar en armonía, bajo la amorosa protección del padre y el solícito cuidado de la madre. Los abuelos paternos y el abuelo materno habían fallecido. Solo conoció a la abuela materna, a la que profesó un tierno afecto.


La Iglesia promueve el culto de los santos porque su ejemplo es un estímulo para sus fieles, que ante el modelo de personas que han vivido en un ambiente y en unas condiciones semejantes a las que vive el común de los mortales, han sabido dar testimonio de su fe y su fidelidad al Evangelio de Jesucristo. Y porque su vida ejemplar es motivo de glorificar al Señor que con su gracia manifiesta que es la fuerza de los que confían en El. Ellos no necesitan de nuestro reconocimiento, porque ya gozan de la gloria, somos nosotros, los fieles, que tenemos necesidad de que la Iglesia siga proponiendo continuamente nuevos modelos de santidad, capaces de ayudarnos a interpretar, en cualquier condición de vida, el mensaje evangélico.

En nuestros días necesitamos ejemplos que nos estimulen a vivir el Evangelio en las condiciones actuales, en que parece se oscurece la luz que irradia el Evangelio; y la vida de don Luis de Trelles, es como una luz que ilumina en las distintas facetas de la vida civil, profesional y social. Él se adelantó al Concilio Vaticano II que propone: “que El reino de Cristo se implanta… por medio de los laicos a quienes constituye en testigos y les ilumina con el sentido de la fe y la gracia de la palabra…para que la virtud del Evangelio brille en la vida cotidiana, familiar y social” (LG, 35).
El siervo de Dios practicó heroicamente las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, hasta el punto de estar dispuesto a entregar su vida por el bien de los hermanos, como consta en sus escritos: “Dichoso sería (pues soy cristiano devoto) si mi gastada vida pudiese salvar una sola de mis amigos o de mis adversarios, que vale más que la mía” (despacho de don Luis para don Marcelo Azcárraga Palmero, Subsecretario de guerra. (Madrid, 24.08.1875) Archivo Histórico Militar. Archivo de la Fundación Trelles)
El testimonio de don Luis de Trelles es de una gran actualidad, pues las circunstancias en que se desarrolló su vida y su condición de seglar comprometido, nos muestra que es posible ser fiel al Evangelio en cualesquiera eventualidades, como ya nos animó el Concilio: “Los fieles cristianos, por estar incorporados a Cristo mediante el Bautismo, constituidos en pueblo de Dios y hechos partícipes a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen, por su parte, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo” (LG,31)

Es gloria de la Iglesia el reconocer las virtudes de los santos, porque ellos son como estrellas en el firmamento que reflejan la luz, Cristo Jesús, y contribuyen a fortalecer y acrecentar la unión existente entre la Iglesia triunfante y la Iglesia peregrinante, que somos nosotros. Los santos son una expresión de esa mística unión, una manifestación viva de la vitalidad de la Iglesia, un signo de la acción santificante del Espíritu.

El proceso de canonización de don Luis de Trelles está en marcha.

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