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La actualidad de la Formación Humana
La formación humana es todo aquello que ustedes en casa, en la familia, inculcan en sus hijos y que nosotros, en el seminario, no les podemos dar en el tiempo que tenemos dedicado a cultivar una vocación sacerdotal.


Por: Bertha Verduzco |



La tía Aurora


Hace unos años, llegó a mi oficina un sacerdote, con el que habíamos estado en contacto telefónico. Le di los mensajes de un chico de preparatoria, que estaba interesado en conocer la congregación a la que el sacerdote pertenecía, porque el muchacho tenía inquietudes vocacionales.


Al regreso de la convivencia vocacional, mi primer comentario al sacerdote fue sobre la clara vocación que el joven manifestaba, dando por hecho que se quedaba en el seminario, al lo cual el Padre me dijo:

- Señora, el joven tal vez tenga la vocación que manifiesta, pero no se ha quedado en el seminario porque ahora no puede, necesita madurar.

- Pero, Padre, ¿Cómo cree usted, que pueda madurar su vocación si lo dejan en este mundo tan acelerado? Lo que va a pasar es que perderá la inquietud, mejor que se vaya ahora al seminario y ya madurará allá.

- Señora, lo que debe madurar no es su vocación, ya he dicho que puede tenerla, puesto que él así lo siente. No, no es su vocación, es su formación humana la que debe madurar; si no madura primero en esta área, tampoco la vocación madura.


Me quedé muy extrañada. ¿Pero a qué sacerdote se lo ocurre salir con esto? ¿No se dará cuenta de los pocos curas que tenemos, para andar con desperdicios? Pero, al instante reflexioné y pregunté:

- Padre, perdone la insistencia, pero puede decirme, ¿qué es la formación humana?
En ese momento, esperaba cualquier respuesta, menos la que me dio.

- Señora, la formación humana es todo aquello que ustedes en casa, en la familia, inculcan en sus hijos y que nosotros, en el seminario, no les podemos dar en el tiempo que tenemos dedicado a cultivar una vocación sacerdotal. Y, ¿sabe por qué, señora? Porque la formación humana es la base no solo de una vocación al sacerdocio, sino la base para la vocación al matrimonio, para toda profesión; en fin, para ser una persona en toda la extensión de la palabra.

- Padre, ¿y cómo se sabe si una persona tiene o no esta formación, o si aún le falta?- A todos nos falta siempre algo, porque el ser humano es siempre una maravillosa oportunidad de crecimiento, de perfeccionamiento.

- A partir de ese momento, comencé a observar más a las personas que me rodeaban y mi persona, mis comportamientos, criterios, actitudes; no sólo aquellas que son más conscientes, más premeditadas, sino también aquellas espontáneas, que salen naturalmente, buscando una definición más precisa a eso de la tal formación humana.


En esta tarea de observación, fijé mi atención, de forma especial en una persona: la tía Aurora

Ella no es una tía viejita y gorda, como suelen ser las tías. Por el contrario, es joven y delgada, es muy bonita. Pero, además de todo esto, me llama la atención toda una serie de actitudes que siempre he admirado.

 Si está con los niños, juega con ellos, se ríe, se pone de rodillas para hablarles y quedar a su estatura. Los escucha atenta, esperando a que terminen de hablar en su lenta y media lengua; les da golosinas... Por lo mismo tiene muchos sobrinos y muchos, muchos que le dicen madrina, y que por supuesto, no son sobrinos, ni ahijados.

 Si hay una fiesta, la tía Aurora es un trompo. No para de bailar y divertirse. Si el tío está de viaje y no asiste a la fiesta, no importa, siempre hay una niña con ímpetus de grande a la que no invitan, a bailar y los pies le bailan solos.

 Si es una reunión de trabajo, es la más puntual, la más ordenada en llevar la reunión y que además anima a los que llegan tarde y a los dispersos.

 Si hay alguien a quien se busca para confidente... ¡qué les digo! A la tía Aurora no le darnos tiempo ni para respirar. Es la persona que siempre escucha, comprende, tiene tiempo para los demás; de la que siempre se recibe una buena palabra, un consejo, y a veces, también una reprimenda, que en lugar de doler, cura, ayuda, anima.


La tía Aurora es una mujer con la que complace estar, a la que nunca se le saca la vuelta, de quien sabes qué piensa, qué quiere, cómo es, qué le gusta, porque es de una sola pieza: sincera, noble, leal, en pensamientos, sentimientos y actitudes, Es de esas personas de las que si hubiera, una en cada familia el mundo sería otra cosa.


En fin, podría seguir enumerando una buena cantidad de cualidades, pues parece que la tía Aurora es todo un estuche de monerías. ¡Qué suerte ser así! ¡Qué suerte haber nacido con tantas cualidades! ... Pues no, el asunto no es así.


Resulta que la tía Aurora no nació así. Ella, como todos los demás seres humanos, nació con virtudes y defectos, talentos y carencias.
Nacemos, sí, con determinado temperamento, el cual tiene tendencias negativas y también, mucho más que esas tendencias, un gran potencial positivo para desarrollar, para hacerlo crecer, para hacerlo brillar y entonces el resultado será esa buena formación humana que nosotros, aprovechando todo esto damos como resultado.
Todos podemos llegar a ser como la tía Aurora.

Esto no depende de los demás, ni de la familia en la que nos tocó nacer, ni de si nacemos estrellados o con estrella, ni del mundo y la historia en la que estamos inmersos. Lo grandioso de este asunto de la formación humana es que su resultado radica exclusivamente en la decisión personal, en la voluntad de cada persona de querer ser esto o aquello. Ser la tía Aurora o la persona a la que siempre le sacan la vuelta, a la que no se quiere encontrar porque el sólo roce con ella hace caer en el pesimismo.


¡Que hermoso! ¡Qué lindo todo esto! Pero cuando ya comprendimos lo que significa la formación humana, surge en nuestro interior otra inquietud: ¿cómo se logra todo esto? ¿En dónde está la clave para lograrlo?

Ya lo quiero. Ya está la decisión, la voluntad. Es sólo el primer paso, necesitamos medios prácticos, concretos que nos ayuden a realizar tan grande y alta meta.


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