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La Iglesia y la movilidad humana
En su solicitud de facilitar a todos los hombres el mensaje de salvación, la Iglesia se preocupa de las situaciones consiguientes a los fenómenos de la movilidad humana.


Por: Pontificia Comision para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo | Fuente: La Iglesia y la movilidad humana



INTRODUCCIÓN

En su solicitud de facilitar a todos los hombres el mensaje de salvación, la Iglesia se preocupa de las situaciones consiguientes a los fenómenos de la movilidad humana. Ve en ellos un reflejo fundamental de los "sectores de la humanidad que se transforman" y comparte los problemas con sincera participación.

La Iglesia es consciente de modo particular de que la movilidad de los pueblos, como se desarrolla en nuestro tiempo, reviste aspectos multiformes, a veces contrastantes, debidos esencialmente a la diversidad de origen: una cosa es, de hecho, la movilidad determinada por la elección libre de los interesados, otra, en cambio, es la movilidad que nace de una imposición, sea cual sea su naturaleza: ideológica, política, económica, etc.

Esta distinción fundamental viene siempre tenida presente en el servicio eclesial a la totalidad del mundo migratorio, con preferencia, en el sentido evangélico, por las categorías más pobres, incomodadas o marginadas.

Las agrupaciones principales de las migraciones humanas de hoy en día pueden ser relacionadas, aunque de modo no exhaustivo, del modo siguiente:

- Los emigrantes propiamente dicho que, abandonada la residencia habitual, buscan en el extranjero nuevas razones y medios de vida; se trata en gran parte de trabajadores, pero también de técnicos de empresas, de exiliados y prófugos en busca de libertad; a éstos hay que añadir los jóvenes estudiantes, que se dirigen al extranjero en busca de perfeccionamiento técnico y cultural;

- la gente del mar, del transporte y de la pesca, que se abandonan en este medio separados habitualmente del núcleo familiar y de la nación de origen;

- los aeronavegantes, a los que su profesión lleva a surcar los cielos y a tocar rápidamente puntos extremos del globo, a los que hay que añadir los pasajeros y los componentes de las redes de aeropuertos;

- los nómadas, que viven peregrinando en un modo casi siempre extraño a la sociedad, la cual difícilmente llegue a comprender su identidad étnica y cultural;

- los turistas, que se ponen en contacto con ambientes y sociedades nuevas en razón del tiempo libre, del descanso, del enriquecimiento cultural, de peregrinación religiosa. A los cuales pueden añadirse todos aquellos que habitualmente se sirven de las autopistas.

La intensificación y el desarrollo de los fenómenos, en la dinámica de un mundo en transformación, plantean exigencias e interrogantes respecto a los cuales la sabiduría pastoral trata de dar respuestas adecuadas. De aquí la necesidad de consideraciones profundizadas, destinadas a renovar el antiguo compromiso de la Iglesia y a valorizarlo a la luz de una más madura conciencia y de una experiencia más rica.

El criterio de fondo quedó ya indicado por el Concilio Vaticano II, el cual, en el Decreto Christus Dominus sobre el oficio pastoral de los obispos, núm. 18, se expresaba de este modo: "Préstese un interés especial hacia aquellos fieles que´ en razón de sus particulares condiciones de vida, no puedan disfrutar de modo suficiente de la común y ordinaria atención pastoral de los Párrocos o bien que se hallen privados totalmente de la misma; éste es el caso de muchísimos emigrantes, exiliados, prófugos, navegantes, empleados en los transportes aéreos, nómadas y otras categorías análogas de hombres. Deben promoverse métodos pastorales adecuados para el sostenimiento de la vida espiritual de los turistas.

Las Conferencias Episcopales, y especialmente aquellas nacionales, deberán dedicar cuidadosa atención a los más urgentes problemas que miren las antedichas categorías de personas y, con directrices y medios oportunos, en concordancia de intentos y esfuerzos, deberá proveerse de manera adecuada a su asistencia religiosa, teniendo presentes en primer lugar las disposiciones en vigor o que se den en el futuro por parte de la Sede Apostólica, convenientemente adaptadas a las condiciones del tiempo, lugar y de categorías de personas".




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