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Los salvadores de la revolución laica
Sorprenden todos los ataques que los cristianos estamos recibiendo por parte del laicismo más totalitario sin respetar nada ni a nadie


Por: Mons. Jesús Sanz Montes, ofm | Fuente: www.diocesisdejaca.org



Estamos asistiendo a un continuo intento de erradicación, sutil o groseramente presentado, de la traza cristiana en nuestra cultura. O se aboga por una banalización de lo cristiano presentando el gran bazar del "todo vale" y del "sírvase Vd. mismo que aquí todo da igual", o por una censura directa y a bocajarro de cualquier manifestación pública de la expresión religiosa cristiana. Un doble empeño que desde los poderes varios se quiere ensayar de continuo respecto del cristianismo en particular: relativización (to-das las religiones en el mismo bombo) y privatización (que no salgan de sus sacristías).

El torpe guiño que se hace a otras grandes religiones con el objetivo de debilitar la católica, dista casi el infinito del verdadero diálogo ecuménico e interreligioso con el que la Iglesia sigue construyendo puentes, saliendo al encuentro, desde una sincera voluntad no demagógica de buscar juntos los caminos de la paz y la concordia. El ejemplo claro y sereno de Benedicto XVI es el mejor estandarte de cuanto deseamos la comunidad católica, por más que algunos pretendan enfrentarnos a los obispos entre nosotros, o contra el Santo Padre, o contra la misma sociedad que dicen que no entendemos.

A este paso asistiremos a legislaciones pintorescas que nos impondrán sus reales ordenanzas, como no tan imposiblemente ha sucedido ante totalitarismos de diverso signo en el siglo pasado: "queda prohibido cantar villancicos, adornar escaparates, colorear arbolitos con bolas y espumillón, comer en público turrón y mazapán; quedarán suprimidos los mercadillos populares navideños, las cabalgatas de reyes magos; el gallo podrá seguir cantando pero sin misa". Y así podríamos seguir describiendo el ridículo esfuerzo de quienes imponen su disfrazada intolerancia, revestida de alianzas multiglobis, multimutis, multiverbis en este palenque del despropósito, que van paseando de aquí para allá recogiendo nerviosos alguna firma más.

Una y otra vez, salen a la palestra los salvadores de una redención laica, que pretenden liberarnos a los pobres creyentes cristianos de nuestras atávicas manías y lastres religiosos. No es que quieran simplemente arrasar a Dios de nuestra cultura, sino imponernos el suyo. Aunque sea menor y laico, también ellos tienen su dios, al que dan culto, por el que invierten dineros, y dale que te pego buscan su entronización.

En su afán inconoclasta laicista no sólo quieren sacar el cristianismo de la escuela, sino también de la vida. Pretenden reinventar el arte, la filosofía, reescribir la música y la literatura, obviar el derecho y la ingente manifestación de obras sociales, de justicia, civilización y cultura. No saben cómo arrancar las raíces que están profundas, y se las ingenian sin ahorrar esfuerzo e imaginación para convertir en barbecho vacío la foresta religiosa cristiana. Sorprenden todos los ataques que los cristianos estamos recibiendo por parte del laicismo más totalitario sin respetar nada ni a nadie: ni siquiera a los niños y a sus padres, como ha sucedido en algunos colegios recientemente, en torno a las actividades artísticas que los centros escolares organizan antes de Navidad.

En la reciente Instrucción Pastoral "Orientaciones morales ante la situación actual de España", los Obispos hemos repetido que no pedimos privilegios, sino sencillamente libertad. Que los desenterradores de heridas y contiendas no pretendan sepultar nuestras convicciones y esperanzas, ni censurar incluso lo entrañable y hermoso de la celebración de la Navidad. En la plaza o en la catacumba, seguiremos cantando Noche de Paz.

Mons. Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y Jaca

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