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La fiesta de Primera Comunión
Significado religioso del festejo en una Primera Comunión.


Por: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net



Después de la celebración eucarística en la que el niño recibió a Jesús por primera vez, se acostumbra tener una fiesta a la que están invitados todos los asistentes a la misa.

La fiesta simboliza la gran alegría que experimenta la Iglesia entera porque un alma limpia se unió a todos los cristianos mediante la comunión.

No importa la elegancia o la magnitud de la fiesta. Lo importante es celebrar demostrando nuestra alegría.

Las costumbres y tradiciones para la realización de la fiesta varían en cada país y han variado de acuerdo a las formas de vida moderna. Sin embargo, la tradición es que se celebre con un desayuno y al final de la fiesta se entreguen a los invitados unos bolos como recuerdo del evento.

El desayuno tradicional de Primera Comunión en México está formado por tamales y atole champurrado. Esta costumbre data de los tiempos de la conquista, en la cual los misioneros españoles trataron de aprovechar al máximo las tradiciones y la religiosidad popular para hacer entender a los indios los significados más profundos de la religión católica.

Los tamales, elaborados con maíz y manteca, rellenos de diferentes guisos y envueltos en hojas de maíz o plátano, eran un alimento de los indígenas. Los misioneros encontraron en ellos un simbolismo de la Eucaristía: al quitar la hoja que envuelve al tamal sólo se ve el pan, pero al probarlo, se descubren dentro cosas deliciosas: carne de cerdo o pollo, salsas de variados sabores o bien pasas, acitrón y canela en el caso de los tamales dulces. De la misma manera sucede con el Pan eucarístico: bajo la apariencia del pan se encuentran frutos exquisitos para el alma.

Con respecto a la bebida, los aztecas tomaban el chocolátl, cacao mezclado con agua, cuando terminaba el tiempo de la siega, momento en el que ellos creían que llegaba el dios Quetzalcóatl. Por esta razón, ellos veían el chocolate como un regalo de su dios. Los misioneros españoles mezclaron el chocolate con azúcar y harina de maíz, obteniendo así el atole champurrado, una bebida más espesa y rica que el chocolate con agua y, ofreciéndola después de las primeras comuniones, les hicieron entender a los indígenas que creyendo en Jesucristo recibirían regalos aún más deliciosos de los que les daba su dios.

Actualmente, ya sólo algunos siguen esta tradición y los tamales han sido sustituidos por otros platillos más internacionales y sofisticados: cocktail de frutas, crepas rellenas o soufflés de diversos sabores y pastel, acompañados de jugo de naranja, café y chocolate caliente.

Los bolos que se regalan a los invitados al terminar la fiesta simbolizan las gracias que reciben todos los miembros de la Iglesia por la primera comunión del niño.
Tradicionalmente, los bolos eran estampas con imágenes alusivas a la Eucaristía, en las que se imprimían por el reverso el nombre del niño, de sus padres y padrinos y la fecha en la que realizó la primera comunión y a los niños invitados se les solía regalar recortes de obleas y uvas cristalizadas. Sin embargo, esto también ha ido evolucionando y en la actualidad se regalan infinidad de objetos diferentes: cuadros, iconos, rosarios, libros, dulces o chocolates con figuras diversas, etcétera.





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