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Vestido y ornamentos
Explicación del significado del vestido, y los artículos que lleva el niño el día de su Primera Comunión.


Por: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net




El día de su Primera Comunión, los niños aparecen con un atuendo especial, muy diferente a la ropa que usan todos los días, e incluso a la que usan en los días de fiesta.
Este atuendo tiene su razón de ser, pues es un complemento a la riqueza de la simbología del Sacramento que van a recibir.

El traje de los niños

El traje de los niños puede estar formado por camisa y pantalón blancos o por un traje completo en color liso, pero lo más usual es que lleven un traje de corte militar, con pantalón blanco, camisa blanca y blazer azul marino o blanco, con botones y galones dorados en los hombros y a lo largo de las mangas.

El color blanco del pantalón y la camisa simboliza la pureza del niño que recibe a Jesucristo por vez primera. Nos hace recordar la limpieza del alma que acaba de ser purificada por el sacramento de la confesión.

Jesucristo utilizó la misma simbología en la Parábola de los invitados a la boda, en la que compara el Reino de los Cielos con la historia de un rey que organizó un banquete, pero los invitados no quisieron asistir. Entonces el rey mandó a sus siervos a llamar a todos los que se encontraran en el camino. Así lo hicieron, hasta que se llenó el salón del banquete. Entró entonces el rey y se encontró con un hombre que no llevaba el traje de boda y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? y ordenó a sus ministros que le atasen de pies y manos y lo arrojaran a las tinieblas exteriores.( Mt 22, 1-14)

En esta parábola, el banquete simboliza a la Eucaristía y los invitados que no asistieron, a todos los cristianos que menosprecian o ignoran el sacramento. El vestido de boda del que carecía el hombre que fue expulsado, simboliza la pureza del alma necesaria e indispensable para recibir a Jesucristo dignamente.

El corte militar en el traje de Primera Comunión, simboliza el espíritu de lucha contra las tentaciones que deberá mantener el niño a la largo de su vida para mantenerse fiel a Jesucristo. Los botones y galones dorados simbolizan sus futuros triunfos en las batallas contra el demonio.

Jesucristo nos habló de este espíritu de lucha en varias ocasiones:
«Os envío como corderos en medio de lobos» Mt 10, 3
«Entrad por la puerta estrecha, porque ancho es el camino que lleva a la perdición» (cita)
«Velad y orad para que no caigáis en tentación» Lc 22,40
«El reino de los cielos sólo es de los esforzados".(cita)

Generalmente el blazer tiene un cordón dorado que sale del hombro derecho y se abrocha al botón central de la camisa o del blazer con un crucifijo. Este cordón simboliza su adhesión a la Iglesia de Pedro, su fidelidad al Papa y a las enseñanzas del Magisterio.

El vestido de las niñas

Las niñas asisten a su primera comunión vestidas con un vestido blanco, largo hasta el tobillo, generalmente está adornado con flores, encajes, listones y tiras bordadas que simbolizan todas las buenas obras que la niña realizará a lo largo de su vida para embellecer aún más su alma.
También se acostumbra que las niñas lleven una corona de flores en la cabeza sosteniendo un velo corto.
La corona de flores nos recuerda las coronas de rosas que se ponían las primeras mártires de la Iglesia cuando iban a ser devoradas por los leones, simbolizando la alegría de ir al encuentro del Señor.
El velo sobre la cabeza simboliza la fe que ilumina la razón y que nos lleva a conocer a Dios, pero de una manera parcial, como a través de un velo. A Dios lo conoceremos directamente, cara a cara hasta que lleguemos al cielo.

La medalla

El día de la Primera Comunión, tanto los niños como las niñas, llevan colgada al cuello su medalla de Bautizo, la cual tiene por un lado la imagen de Cristo y por el revés el nombre del niño y la fecha en que recibió el Bautismo. Esta medalla nos recuerda la pertenencia del niño al Cuerpo místico de Cristo. Nos recuerda las promesas bautismales que el niño renovará ese día y la misión que comparte con Jesucristo de ser sacerdote, profeta y rey.
Traer una medalla colgada al cuello con la imagen de Cristo, simboliza que están grabadas en el corazón del niño las palabras de Cristo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»(cita). Es un símbolo de que lo reconoce a Él como el único camino que lo llevará a la vida eterna.
También es un símbolo de protección, llevando la presencia de Jesucristo como un escudo en el pecho que protegerá al niño de todos los enemigos externos que pueden entrar por sus sentidos y enturbiar la limpieza de su corazón.

El crucifijo

El crucifijo que llevan los niños y las niñas el día de su Primera Comunión es un recordatorio de las palabras de Cristo: «El que quiera venir en pos de mí, que tome su cruz de cada día y me siga, porque el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi.» (Mt 10,38)

El crucifijo es un símbolo que representa a todas las pequeñas obligaciones de hijo, hermano, amigo, estudiante y ciudadano, que deberá cumplir el niño a lo largo de su vida y que representan la cruz que deberá tomar y llevar con amor y responsabilidad para ser un digno seguidor de Jesucristo.

El rosario

La palabra rosario significa corona de rosas y su origen se remonta a los primeros tiempos de la Iglesia en el que los mártires llevaban una corona de rosas cuando iban a ser devorados por los leones en señal de alegría por ir a encontrarse con Dios. Después del martirio, los demás cristianos iban al lugar del suceso y rezaban una oración, generalmente un salmo, enfrente de cada una de las rosas que formaban la corona. La costumbre fue evolucionando y pronto la Iglesia recomendó a todos sus fieles que rezaran el rosario todos los días, pero era un rosario formado por los ciento cincuenta salmos de David.
Esta recomendación fue fielmente seguida por los cristianos cultos, pero era muy difícil para los iletrados incapaces de leer y de memorizar los salmos. Entonces, los ciento cincuenta salmos fueron sustituidos por ciento cincuenta Avemarías divididas en quince decenas.
La devoción tomó la forma que tiene actualmente cuando en 1221, la Virgen María se le apareció a Santo Domingo y le dijo claramente que el rezo del Rosario agradaba muchísimo a Dios pues con cada Avemaría le recordaban el feliz momento en que ella, representando a toda la humanidad, había aceptado a su Hijo Jesucristo como Salvador. La Virgen le recomendó a Santo Domingo el rezo del rosario como la mejor arma para luchar contra las herejías de la época y como el mejor medio para conseguir la conversión de los paganos. Santo Domingo dedicó toda su vida a la promoción y extensión de esta devoción.

El rosario que lleva el niño que hace su primera comunión, simboliza su confianza en la ayuda y protección de la Virgen María como su Madre del cielo y su compromiso de rezar el rosario con frecuencia para lograr la paz del mundo, la unión de las familias y la conversión de los pecadores.


La vela
Los niños que hacen su Primera comunión, llevan en la mano derecha una vela blanca hecha de parafina y adornada con motivos alusivos, la cual se enciende con el fuego del cirio Pascual, al iniciarse la liturgia eucarística.
El cirio pascual simboliza a Jesucristo resucitado, como luz que ilumina la existencia humana en todas sus realidades.
«Yo soy la luz del mundo. el que me sigue no anda en tinieblas sino que tendrá luz de vida» Jn 8,12; Jn 12,46.
Al encender la vela que porta el niño con el fuego del cirio pascual, simbolizamos dos realidades:
La primera es que el niño recibe la luz de Cristo como guía que iluminará siempre sus pasos hacia la vida eterna.
La segunda es que el niño recibe de Cristo la misión de ser luz del mundo, la misión de guiar a todos los hombres, con sus palabras y su testimonio hacia la vida eterna.
«Vosotros sois la luz del mundo»

La Biblia

Jesucristo cumplió su promesa de quedarse con nosotros al instituir los sacramentos y al fundar la Iglesia, pero también lo hizo dejándonos su Palabra en la Sagrada Escritura. En ella, Dios le habla al hombre en lenguaje de hombre, como prueba maravillosa de su delicadeza y amor. Con su Palabra no desea sorprendernos, pues usa palabras humanas, accesibles a todos los hombres, de todas las edades y todas las culturas. Él quiere que le entendamos, que captemos la totalidad de su mensaje y "rebaja" su lenguaje divino, celestial, infinitamente sabio, a simples palabras humanas, entendibles para la inteligencia del hombre.

Pero la Biblia no son sólo palabras, sino que son una Palabra Viva. A Jesucristo se le llama "el Verbo" porque Él es la Palabra de Dios que se hizo hombre para salvarnos.
Y este mismo Verbo, esta misma Palabra de Dios, el mismo Jesucristo, es el que está en la Sagrada Escritura en forma de palabras humanas, accesibles para nosotros. Esta es la razón por la cual veneramos la Sagrada Escritura: Jesucristo está vivo y presente en ella, como lo está en la Eucaristía, y es Él quien nos habla a través de ella.
Por eso, al leer la Sagrada Escritura tenemos la impresión de estar leyendo un libro especial, distinto, sobrenatural. Lo que en él dice se aplica a todas las épocas, a todas las culturas, a los problemas más diversos del hombre.

La Sagrada Escritura es muy valiosa para la vida de la Iglesia y por eso el niño que va a hacer su Primera Comunión la lleva en sus manos. En ella encontrará siempre la respuesta a todas sus inquietudes, la solución a todos sus problemas, la firmeza para su fe, el alimento para su alma, el sustento y el vigor necesarios para su vida espiritual y apostólica.

La Biblia en las manos del niño que hace su primera comunión es un símbolo de que él mismo invita a Jesucristo, la Palabra, a acompañarlo por el resto de su vida. Es un símbolo de que leerá frecuentemente la Sagrada Escritura para conocer cada día mejor a Jesús y así parecerse más a Él.

Si el niño que hace su primera comunión se acostumbra a leer diariamente un fragmento de la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios irá poco a poco calando su entendimiento y su corazón y, como sucede con los amigos íntimos, que de tanto convivir se empiezan a parecer entre sí en los gestos y expresiones, el niño también a fuerza de leer la Palabra, se empezará a parecer a Cristo: a pensar como Él piensa, a juzgar como Él juzga, a hablar como Él habla, a orar como Él ora y a obrar como Él lo hace.

«Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él y en él haremos morada» (Jn 14,23)





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