Menu


Iglesia del Palmar de Troya - Fallece Clemente Domínguez ("Papa Gregorio XVII")
En 1968 empiezan a producirse en el pueblo sevillano de El Palmar de Troya una serie de supuestas apariciones marianas, acompañadas de aparentes curaciones milagrosas y fenómenos paranormales...


Por: Juan García Biedma | Fuente: Boletín Informativo de la Fundación S.P.E.S



Decía Valle Inclán de la España religiosa de su época que ésta era un país centroafricano. Nuestro ilustre escritor gallego estimo no lo decía por un prurito de soberbia cultural al considerar a los países centroafricanos o como gusta ahora decir subsahariano como inferiores a los occidentales, en el plano cultural se entiende, pues en otros es evidente que Occidente es muy superior a África, sea esta norteña, central o sureña. Más bien pienso que la comparación, con aires peyorativos o sin ellos, hace referencia a lo folclórico, anecdótico, vistoso y público de nuestra religiosidad (en muchos aspectos demasiado “popular” , con carencias importantes de sólidas raíces bíblicas y de profunda espiritualidad evangélica, y con cierta carga de elementos paganos), muy proclive a caer en la tentación simoníaca así como en otras patologías que más que tratarse desde la ciencia médica han de serlo desde el enjuiciamiento penal.


En efecto, España se admita o no, al igual que otros muchos países de impronta cristiana o no, tiene también un contenido mágico, esotérico, supersticioso, fanático, integrista, una religiosidad popular preñada de patologías, que origina y presenta toda una caterva de falsos místicos, videntes, milagreros, predicadores apocalípticos, que hacen del engaño su religión y del dinero su dios. Y no son pocos los que quedan fascinados y/o atrapados en las redes de esta “religiosidad tautológica”, siendo ellos quienes sin pretenderlo dan más que ánimos, incluso hacienda personal, a los “profetas y sacerdotes tautológicos” que andan por nuestras tierras presentando toda clase de parabienes divinos, aún hoy día.

Uno menos cabe restar de este grupo que vivió de la religión y no desde ella. Todos, al menos una gran mayoría, ha oído hablar alguna vez de él. Se llamaba Clemente Domínguez Gómez, en el mundo real y mortal, claro, porque en ese otro mundo imaginado por su mente “escacharrada” y propiciado por su avidez, sin más límites que los marcados por la propia esclavitud al vicio, en este su nombre era “papa Gregorio XVII”. Clemente alias Gregorio XVII murió, no sabemos las causas, el pasado 22 de marzo, a los 59 años, en la pedanía de Utrera conocida como El Palmar de Troya, en tierras sevillanas.

La mayoría de las agencias y medios de comunicación se han hecho eco de su fallecimiento y con él han vuelto a presentar su pobre obra, paupérrima se entiende en sentido espiritual, religioso, humano, que no crematístico, de bienes, aunque últimamente, al parecer, éstos escaseaban tanto al interior de su llamada “Iglesia cristiana palmariana” que se vio obligado ha hacer abstinencia carnal, vender las joyas de su “Virgen” y a renunciar al milagro divino de recuperar la vista, tras serle privado de ella en fatal accidente automovilístico, como si el Señor Dios respondiera más y mejor a la llamada de uno de sus hijos por el hecho de tener cuatro duros más que nadie en los bolsillos o en las cuentas bancarias paradisíacas. En fin, esta manera de pensar la teología sucede cuando creamos un dios a nuestra imagen y semejanza y lo destinamos a nuestro exclusivo servicio para beneficio propio. Igualmente cuando nosotros mismos nos endiosamos y elevamos a un rango humano o espiritual que en absoluto nos corresponde, característica muy particular de los llamados grupos sectarios: el fundador o líder mantiene una dirección extrema, autoritaria y que crea dependencia en los seguidores hasta límites que cercenan tanto la ley como la libertad personal y la salud.

Me sirve para ilustrar esta tiranía sectaria de liderazgo y la locura que genera, el diálogo que se entabla en la película de F. Coppola, “Apocalipsis News”, entre el General que le asigna al Capitán protagonista la misión de buscar y aniquilar al Coronel Walter Kurtz, perdido en la jungla camboyana, y que sirve también para describir uno de los aspectos de la personalidad de Clemente, la sectaria, a la vez que refleja con claridad lo que sucede al interior del alma humana, atrapada entre imposibles y contradicciones: “ahora se ha pasado a Camboya (se refiere al Coronel Kurtz) con ese ejército montaraz suyo que adora al hombre como a un dios… en esta guerra las cosas se enredan como cerezas: poder, ideales, vieja moralidad, imperativos militares. Pero allí, junto a los nativos, debe ser una tentación sentirse dios; porque hay un conflicto en cada corazón humano, entre lo racional y lo irracional, entre el bien y el mal, y el bien no siempre triunfa. A veces el lado oscuro se impone se impone a lo que Lincon llamó el ángel bueno de nuestra naturaleza. Todo hombre tiene su límite de resistencia. Usted y yo también. El Coronel llegó al suyo y evidentemente se ha vuelto loco”.

Pero estas páginas de InfoEkumene no pretenden ser ningún potro de tortura ni calvario, ni tan siquiera para Clemente Domínguez, pues no es nuestro estilo ni nos embargan otros sentimientos que los que nos enseñó el Maestro: siempre atentos (de diálogo) y amables (de amor) con nuestro prójimo (el otro, el que es distinto de nosotros), que es la mejor imagen de Dios, como la Tierra es su mejor catedral. Eso no es óbice para ocultar la verdad de su vida como falsario religioso, y también como errado espiritual. Pero aún siendo su vida un auténtico y gran esperpento merece todo nuestro respeto porque le asiste la dignidad humana, porque no nos toca a nosotros condenar sino consolar, porque, en palabras de Gandhi, “todos los hombres son mis hermanos”, y en sentido cristiano porque por todo hombre sin excepciones ha dado su Vida el Hijo de Dios, Jesucristo, que habitó en medio de nosotros por amor no para condenarnos sino para salvarnos.

Clemente Domínguez o Gregorio XVII, a parte de querer intencionada y maliciosamente sacar provecho personal de la religión, abusando de la buena fe de unos, de las ideas exacerbadas de otros, de la inmadurez y debilidad de algunos y del afán miraculoso de muchos, era un hombre el mismo enfermo, débil, errado. Sí, Clemente, tal vez ahora, tras tu propia subida a Jerusalén, hayas descubierto que cuatro muros y doce torres por muy altas que sean no hace una Iglesia; que supuestas apariciones, signos religiosos visibles y ostentosos, con ropajes y pompa de tiempos eclesiásticos pasados, ni estruendosos tratamientos reverenciales y señales por muy beatíficas que sean, no constituyen la Iglesia, sino más bien una realidad humana que no transparenta a esa otra realidad espiritual, numinosa, que no podemos domeñar para nuestro beneficio personal. La Iglesia no es un negocio, aunque éste se presente como espiritual, sino un pobre instrumento de servicio, de compasión, de consuelo, de oración profunda y sentida, de ayuda en búsqueda de la Verdad y la Vida en la que somos y estamos, pero de la que en absoluto somos propietarios. La Iglesia como negocio es en todo caso el contrato de Dios con el hombre por el que le ofrece salvación, liberación y plenitud a cambio de cumplir una cláusula tan sencilla como importante, imprescindible e imperativa para la humanidad: “amar a Dios y al prójimo”. Eso es también la Iglesia: un camino de amor a Dios y a los hermanos, a los iguales y a los desiguales, a los próximos y a los alejados, a los buenos y a los malos.

Cierto, si hubieras pensado y sentido que lo importante no es la estructura y la organización idéntica y al estilo del mundo, sino la sencillez de la sal y la transparencia de la luz, entonces te habrías colocado como persona y como creyente al servicio de los otros sin servirte de los otros, y tu existencia hubiera discurrido por otros derroteros distintos y distantes de ese otro de charanga y engaño que has transitado con pie ligero y alegre.

Seguramente que tus varios centenares de religiosos, curas y monjas de todos los continentes te estén llorando, algunos de ellos incluso al mismo tiempo pensando en tomarte el relevo en esta gran murga, y que no pocos te envíen a los infiernos con sus personales padecimientos por tu causa. Seguramente que elevan rezos repetitivos y cansinos para que “la predicación engañosa de Satanás” no te aparte de tu ascenso seguro al Cielo prometido de Cristo.

A nosotros, desde aquí, solamente nos resta desearte la paz y el amor del Señor, a quien tú utilizaste sin importarte el daño que le hacías con tu comportamiento humano y religioso, al tiempo que presentar, a modo de “Estudio”, la mala obra que edificaste no en la roca sólida y gratuita de Dios, sino en la ciénaga de tus propias mentiras y debilidades.


Iglesia Cristiana Palmariana (Orden de los Carmelitas de la Santa Faz)

En 1968 empiezan a producirse en el pueblo sevillano de El Palmar de Troya una serie de supuestas apariciones marianas, acompañadas de aparentes curaciones milagrosas y fenómenos paranormales, por mediación de unas niñas de la localidad, que atraería en peregrinación a un buen número de personas desahuciadas, devotas o simplemente interesadas. Entre las últimas se encuentran los futuros fundadores, Clemente Domínguez y Manuel Alonso Corral, quienes acuden con el manifiesto propósito de utilizar para propio provecho a la gente seducida y fanática que acude al lugar de las apariciones en busca de milagros. Clemente Domínguez, con sus pretendidas visiones, profecías y estigmas, pronto desplazó a las niñas visionarias, quedando como único vidente del Palmar. Así, “la histeria se transforma pronto en fundación y surge la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. Los tradicionalistas españoles del obispo cismático Marcel Lefevbre buscan refugio allí y Clemente piensa que ha llegado el momento de dar un salto de calidad”[3].

La censura de la Iglesia católica no se hizo esperar ante el grave cúmulo de histerismo colectivo, con supuestos prodigios excepcionales y la evidente utilización crematística del fenómeno. La reacción de Clemente Domínguez y Manuel Alonso es la desobediencia al fundar la Orden (1974). Junto a otros correligionarios, aprovechó la estancia en España del obispo vietnamita exiliado Ngo Dinh Tlmc, para hacerse ordenar sacerdotes y más tarde obispos, ordenaciones que no serán oficialmente reconocidas por la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Curia Vaticana, y por lo que serán excomulgados. Con la ordenación a su vez de sacerdotes y obispos, el nombramiento de cardenales y la autoprocIamación de Clemente Domínguez como papa -Gregorio XVII-, se organiza esta formación a modo de “iglesia”, extendiéndose en numerosas ramificaciones por varios países europeos y en especial americanos.

La legalización como entidad religiosa, con su inscripción en el Registro Civil del Ministerio de Justicia, en principio denegada por la Comisión Asesora de Libertad Religiosa, tuvo una acogida desfavorable en nuestro país, no contemplándose en modo alguno como fruto del ejercicio responsable de las libertades religiosas. Un comentario publicado al respecto decía: «Si alguien ahora intenta tomarse en serio la legalización palmariana, caería en un ridículo error. A fin de cuentas estamos ante una ejemplar y divertida historia de pícaros, si bien Clemente Domínguez es la figura más importante que ha dado la inagotable cantera sevillana del ramo y que ya Cervantes inmortalizó en sus novelas ejemplares»[1].

Pedro Recio, por su parte, escribía en la revista católica Vida Nueva lo siguiente: «La sentencia del Tribunal Supremo -sentencia que nunca fue recurrida por la Iglesia católica en España- legalizando la bufonada "religiosa" del Palmar de Troya, pone de relieve la empanada mental que padecen algunos sectores de nuestra sociedad. Porque una cosa es la libertad religiosa, que cualquier persona sensata defenderá siempre como un derecho fundamental de todo ciudadano, y otra, muy discutible, el cachondeo y la picaresca, con todo lo que tiene de escándalo y escarnio para los verdaderos sentimientos religiosos, del pseudo papa Clemente y toda su cohorte de cardenales y obispillos: una ridícula parodia»[2].

Esta parodia de la Iglesia, a la que tratan de imitar en su jerarquía y estructura, siempre ha estado acompañada del escándalo y la polémica más encendida. El esperpento fue tal que incluso se llegó a hacer una película sobre el caso: Manuel y Clemente, «una historia centrada en la vida de algunos de estos profesionales de la magia y el misterio, de la fe y el fanatismo». Primero fue el accidente de tráfico que costó la vista a Clemente Domínguez. Más tarde, en los años 1981 y 82, ocuparon las primeras páginas de los medios de comunicación con pleno derecho. Clemente, el fundador, acabó muy mal en la localidad de Alba de Tormes, cuna de Sta. Teresa de Jesús, cuando se encontraba con siete de sus acólitos en la iglesia donde se guardaban los restos incorruptos de la santa, al vocear que él era el verdadero Papa y que Juan Pablo TI era la bestia anunciada por el Apocalipsis, al tiempo que la emprendía con las mujeres que se encontraban en el lugar, a las que calificó de rameras por ir vestidas con pantalones. El suceso dio lugar a una grave alteración del orden al tratar la vecindad de lincharlo, teniendo que ser protegido por la fuerza pública. En diciembre de 1982 los periódicos se hacían eco de lo sucedido a un joven cubano, novicio de la Orden, el cual se había automutilado, produciéndose además heridas brutales en cuello y ojos con el fin de «purgar sus pecados».

Clemente Domínguez, papa con el título de Gregorio XV TI, restablece en su iglesia el rito tridentino de la misa, nombra cardenales, ordena obispos y eleva a los altares a una pléyade de personajes históricos y curiosos, como es el caso de Francisco Franco, José Antonio Primo de Rivera, Almirante Carrero Blanco, Don Pelayo, Cristóbal Colón, Matusalén, José Alonso Corral, BIas Piñar, más de trescientos mil. En el año 1980 impone el «credo palmariano», en donde se declara anatema a cuantos nieguen que su contenido «es verdad revelada por Dios», así como otras peregrinas profesiones de fe, como la que hace referencia a la Virgen, en cuya «real y verdadera presencia» en la eucaristía creen, y celebran el primer «santo Concilio», que recupera el de Trento y rechaza el Vaticano n. El Concilio se ratifica en el tradicionalismo considerando que todos los papas, desde San Pedro, son antipapas. Declara además el dogma de que Clemente morirá crucificado en Palestina, pero resucitará al tercer día, volviendo a ser papa con el nombre de Pedro II, el último papa.

Uno de sus últimos dogmas afirma que Jesús fue concebido por la cabeza de la Virgen mediante la acción del Espíritu Santo. La doctrina se centra en una vuelta a las tradiciones más arcaicas de la Iglesia católica con objeto de devolverle la identidad destruida, mediante un recuperar hábitos, sotanas, lengua latina y una ideología religiosa de carácter integrista y visceral anticomunismo. Los mensajes recibidos por Clemente Domínguez reflejan lo anacrónico y ultraconservador de su pensamiento religioso e ideología política: «Hijitos míos, en la última guerra española, yo el apóstol Santiago, intervine de forma decisiva para la victoria de los ejércitos nacionales... Es triste que hoy, en estos tiempos, haya obispos que son sucesores míos que vayan contra el hombre -Franco- que, portando la bandera de Cristo Rey, restableció el culto divino en España»... «Combatid el marxismo con el rezo del santo rosario, martillo de herejes. Hay naciones que se liberaron del marxismo con el rezo público del santo rosario... El rosario en vuestras manos y combatiréis todas las herejías que reinan en la Iglesia y en el mundo»[4].

Los adeptos se distribuyen en cenáculos, con delegaciones en EE. UU., Canadá, México, Venezuela, Colombia, Argentina, Perú, Isla Martinica, Costa Rica y varios centros en España, en especial en la provincia de Sevilla, en donde pasan de cuatrocientos. La vida al interior de la iglesia catedral comienza por la mañana temprano con oraciones y cultos a «Ntra. Sra. del Palmar Coronado», con interminables rosarios, misas y vigilias, que se prolongan innecesariamente. Se dedica escaso tiempo a reparar las energías y el sueño. Todo miembro tiene un cargo y una tarea definida que cumplir. Además de contar con un papa, la jerarquía se integra con cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas. Publican una revista con el título Los Ecos del Palmar, órgano que identifica a todos sus seguidores. También cuenta con un Catecismo palmariano de grado elemental, que consideran “revelado por Dios” (p. 208 del Catecismo palmariano). La situación financiera pasó por una fuerte crisis en 1993, aunque todavía se le supone un considerable y rico patrimonio, bienes que están todos a nombre del cardenal secretario de Estado, Manuel Alonso Corral, abogado y número dos de la Iglesia. La Iglesia palmariana ha sido acusada de ser en realidad una tapadera de negocios ilícitos.

En conclusión, «el mundo mágico y negro del Palmar, carne de chiste, flor de herejía, cueva de truenos inquisitoriales, refugio de fantasmas canonizados, espejo cóncavo del oscurantismo, estirpe de Trento» 14, es, por desgracia, una de las escasas formaciones sectarias de origen español, todavía mantenida no se sabe a ciencia cierta por qué fuentes, y que se le supone unos trescientos seguidores entre ellos sacerdotes, obispos, cardenales, religiosos y monjas de su propia cosecha, incluso tal vez un segundo nuevo papa en la persona de quien hasta la fecha ha sido decisiva y de suma importancia, Manuel Alonso Corral, secretario de estado y administrador de esta peculiar “iglesia”.

Autor: Juan García Biedma

Fuente: InfoEkumene


NOTAS:

1. José Manuel Vidal, “El extraño “pontificado” de un Papa de sainete”, El Mundo, 23.03.05., Madrid.

2. Cf. Ecclesia, 2354, 16 enero 1988, 11.

3. Cf. Vida Nueva, 1616, 16 enero 1988,23.

4. Cf. Diario 16, 15 enero 1988, 11.


FUENTES:

César VIDAL MANZANARES, Diccionario de sectas y ocultismo, Verbo Divino, Estella (Navarra), 1992, 21; 47; 60-61; 177-178;

Infosect, 1 mayo 1988; Juan BOSCH, Para conocer las sectas, Verbo Divino, Estella (Navarra), 1993, 85-86;

Juan Emilio BALLESTEROS, El Palmar de Troya ya es legal, Diario 16, 5 enero 1988, 10-11;

Julián GARCÍA HERNANDO, Pluralismo Religioso en España, II. , 873-875;

F. CEBOLLA LÓPEZ, El vidente ciego. Cisma sin teología en El Palmar de Troya, Gráficas Ayala, Bilbao 1976;

J. GÓMEZ BURÓN y A. MARTÍN ALONSO, El enigma de El Palmar de Troya, Ed. Personas, Barcelona 1976;

Catecismo palmariano de grado elemental, Sevilla 1992;

Manuel GUERRA, Los nuevos movimientos religiosos (Las sectas) Rasgos comunes y diferenciales, EUNSA, Pamplona 1993, 128-130;

Manuel GUERRA, Diccionario Enciclopédico de las Sectas, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid 1998, 354-355., 128-130;

Ramón VALLÉS CASAMAYOR, El cáncer del año 2000. Las sectas, Clie, Tarrasa (Barcelona) 1989, 229-240;

Santiago S. TRAVER, Una Iglesia muy particular, Diario 16, 19 diciembre 1982,36-37;

José Manuel VIDAL, El extraño “pontificado” de un Papa de sainete, El Mundo, 23.03.05., Madrid.





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |