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Noción y Dignidad de La Persona Humana
Reflexion extensa sobre la dignidad del ser humano, antropología filosófica


Por: Alberto Banchs | Fuente: Human Life International



¿Quién soy?

Conversar sobre la dignidad del hombre no es tocar ningún tema teórico, es intentar reflexionar todos juntos en quién soy yo, quiénes son los demás a quien estamos defendiendo, a quien es al que se asesina, eso es pensar donde está el fundamento de la bondad del hombre, cual es la contribución verdadera a la sociedad que tiene que estar apoyada en ese fundamento a la vida humana. Es un tema tremendamente real pudiéramos enfocarlo desde tres puntos de vista. Uno, cogiendo todos los filósofos de la historia, todos los humanistas y seleccionando un poco que han dicho, juntándolo, elaborándolo, meditándolo lógicamente no es el lugar, ni hay el tiempo ni es la ocasión de hacer aquí un trabajo de ese tipo.

Hay otros dos caminos: reflexionar un poco cada uno, asomarse a la propia conciencia y pensar ¿yo quién soy? La conciencia que uno tiene de uno mismo, podríamos seguir a uno por ahí. Y sobre todo un tercer camino: preguntarle al que nos hizo. Nadie conoce tan bien al ser humano como el que lo creó. Y preguntarle al Creador: Dios mío, y Tú ¿quién dices que somos? y Tú ¿qué dices de nosotros mismos? y Tú ¿qué nos enseñas sobre nuestro ser? y asomarnos a esto, a esa luz de Dios para entendernos mejor.

Bien, ¿quién es el hombre? Tal vez el primer enfoque sea ¿cuánto vale el ser humano? Cualquiera de nosotros conoce bien la historia y sabe durante muchísimos siglos que la esclavitud era una práctica bastante frecuente, por desgracia general, y uno se puede imaginar si por una cosa especial hoy día a nosotros nos vendieran como esclavos, la dimensión brutal que tendría. Imagínese que Ud. está en el mercado y le están vendiendo, ¿verdad? y ¿cuánto da por esta persona?, y todo el trámite de compra-venta, ¿verdad? Si fuera a mí... si ya está viejito no vale mucho, si fuera que es más joven pues vale más. Imagínese la cosa humillantísima e indignante hasta el fondo, pensar que a uno lo puedan vender o comprar.

Luego a los esclavos los marcaban con un hierro como al ganado, así se hacía o le abrían un agujero en la oreja significando "Ud. tiene dueño", es cosa que pertenece a alguien. Todos nos damos cuenta de que el hombre no tiene precio. Si cualquiera de nosotros estuviera en medio del mercado y estuvieran vendiéndole, uno por dentro protestaría hasta la última célula. "¡Yo no tengo precio, a mí no me pueden comprar ni vender por nada!

La grandeza del ser humano es tal que no hay ninguna cosa humana que pueda barrer algo equiparable a lo otro. Porque esto que todos percibimos como real, todos al ponernos en la situación de estar en medio del mercado pensamos, ¡imposible! A mí no se me puede vender ni comprar. ¿De dónde sale esto? Pues miren, dice el Concilio Vaticano II: "El hombre en la tierra es la única creatura que Dios ha querido por sí misma". Eso tiene consecuencias inmensas. Lo único que Dios ha querido directamente de todo el universo es el hombre, todo lo demás lo ha querido PARA el hombre.

¿Cuánto valgo?

El hombre es lo único que tiene sentido del fin, el hombre es lo único que vale por sí mismo, todo lo demás vale para el hombre, vale en función del hombre, la idea del hombre es casi infinita. Lo único en el universo que de verdad importa somos los seres humanos, todo lo demás está puesto para nosotros, alrededor de nosotros, como instrumento de nuestro desarrollo, como instrumento de nuestro crecimiento, como instrumento de nuestra expresión. Somos lo único que realmente tiene sentido en sí mismo. ¿Por qué? Porque así lo ha querido Dios.

Y ¿cómo es esto posible? ¿Cómo es posible que uno se doble a veces? Yo tengo dignidad casi infinita, así me la dió el Creador. Es voluntad de Dios que el hombre sea imagen y semejanza de El, que el hombre sea un reflejo de lo divino, que el hombre tenga una grandeza imponderable, que el hombre no tenga valoración con ninguna cosa material, porque nada material equivale a esa imagen de Dios que está escrita en cada uno de nosotros, esa es la vida. Somos imagen y semejanza divina.

Bien, y podríamos intentar dar un paso más. ¿Por qué? ¿Por qué es tan grande el ser humano, por qué está por encima de todo el universo, por qué está por encima de todas las cosas? ¿De dónde sale esto? Nos damos cuenta de que la dignidad no surge de nosotros mismos, si surgiera de nosotros mismos, dependería de nuestros actos y el hombre que está incapacitado de actuar no valdría. La dignidad del hombre no nace de lo que el hombre es capaz de hacer, no nace tampoco de las cualidades del ser humano; si usted es más inteligente que yo tiene ventaja sobre mí, pero no es más hombre que yo. Y si es más alto que yo pues tiene ventaja si reta a jugar basket, pero tampoco es más hombre que yo. Es que cualquier cualidad que otro posea en más o en menos será ventaja o desventaja, pero no lo hace más ni menos hombre. El ser hombre está inscrito en la propia naturaleza, no en vez de las cualidades. Tampoco de la actividad que se desarrolló, es tan evidente que no es más el ingeniero que hace la calle, que el hombre que barre la calle. Son exactamente igual, hombres los dos. Uno hace una cosa otro hace otra, pero hombres, dignidad humana, exactamente la misma. Y menos todavía lo que cada uno tiene. Tan hombre es el rico como el pobre. Tan hombre el que posee mucho como el que no posee nada y está pidiendo limosna en la calle. Por eso es una tragedia que esté sufriendo esa pobreza. Entonces a todos nos resulta patente a poco que lo pensemos. La dignidad del hombre es innata, no sale de nosotros mismos, de nuestra actividad ni nuestras posesiones, está en nuestro mismo ser humano.

Y ¿por qué, de quien depende? Decíamos que del que nos creó. Dios quiso que fuéramos imagen y semejanza suya. No hay nada en el universo que se equipare al ser humano, nada en el universo que tenga un valor similar al del hombre. Nos ha amado tanto que nos ha elevado a ser hijos suyos.

¿Cómo es esto posible?

En el origen de cada ser humano, hay un acto creador de Dios. La unión del padre y la madre aporta la materia; pero el hombre no es sólo eso. En ese mismo instante Dios CREA de la nada un alma espiritual, única, inmortal, y la infunde en esa materia. Así en lo físico guardamos la semejanza de nuestros padres y en nuestro espíritu la de Dios. Por eso todo ser humano es digno de veneración.

Somos absolutamente irrepetibles, exclusivos. Cada uno tiene un sentido profundo, nadie es fruto de la casualidad, nadie es fruto del azar. Somos fruto de que Dios dijo, "yo quiero que este exista". Tal vez nuestros padres no sabían cuando se estaban uniendo, que iban a hacer un hijo, ni que iba a ser tal como luego resultamos, pero Dios absolutamente soberano y libre, en su amor infinito dijo: "yo quiero que este en concreto exista", y creó el alma; fíjese si hay dignidad, fíjese si hay grandeza del ser humano. Hay un volcar de Dios en toda Su omnipotencia diciendo: "este ser humano merece vivir, tiene que vivir más bien para siempre, a este ser humano Yo lo quiero". ¿Qué dignidad tan tremenda, verdad? ¡Que grandeza tan extraordinaria! No es la grandeza de la materia, no es la grandeza de una cosa que se puede comprar y vender, es la grandeza de un acto total de Dios además irrevocable. Dios no se arrepiente, una vez que existe un ser humano, ese ser humano va a existir por los siglos, de los siglos, de los siglos.

Por eso, todo hombre merece veneración, auténtica veneración. Se porte como se porte, haga lo que haga, merece más que respeto. Podríamos dar un paso y decir, bueno, ¿qué consecuencias tiene esto? Consecuencias, muchas. Yo quiero centrarme en unas cuantas, en seis.

1) ¿Cuándo arranca la dignidad del hombre?

Yo no empiezo a tener dignidad cuando salgo de la universidad, ni cuando salgo de primaria, ni cuando soy capaz de ganar mi dinero. Yo empiezo a tener dignidad cuando empiezo a ser humano. Y ¿cuándo empiezo a ser humano? En el momento de la concepción. Desde ese instante que empiezo a ser, ya soy hombre o mujer. No hay ningún momento en que uno sea otra cosa. Somos hombres desde el primer instante, ser humano.

Desde el primer instante soy hombre y por lo tanto con total y absoluta dignidad. Si es una barbaridad matar a uno de ustedes, nadie tiene derecho, igual barbaridad es matar a un niño pequeño, bastante más barbaridad. Usted se puede defender, el niño pequeño no se puede defender, el niño pequeño no tiene quien clame por él. Nosotros podemos gritar y hacer valer nuestro derecho en la vida, ese niño no. La dignidad arranca en el momento en que uno empieza a ser hombre y uno empieza a ser hombre en el momento en que es concebido, no hay antes ni después.

Un ejemplo, uno de nosotros puede tener un carro que no le funcione bien, que a unos meses de tenerlo siempre está parado, y se harta, dice, bueno este carro lo voy a quemar. Los vecinos dirían ese tipo está loco, ¿verdad? Quemar su carro, pero bueno total es su carro lo puede quemar, que haga lo que quiera, al fin y al cabo. Puede ser que lo que le moleste no sea el carro, puede que lo que le moleste sea el perro porque ladra en la noche, o por lo que sea; y puede un día hacer así y decir, bueno pues al perro lo mato, eso ya es un poco menos civilizado, ¿verdad? Y uno le diría crueldad, y una serie de cosas, pero podría matar al perro. Piensen, ¿podría un señor matar a su suegra por mucho que le moleste? Pues obviamente no. O ¿podría un padre de familia matar a su hijo porque es adolescente y no lo aguanta?, Pues obviamente no. ¿Por qué? Porque son seres humanos igual que él, uno puede destruir un automóvil o matar a un animal, y aún ahí ya sentimos el golpe de la crueldad, pero a un ser humano no se le puede matar. Entonces, ¿bajo qué derecho puede una mamá o un papá matar a su hijo, si ya es hijo, si ya es ser humano? Si es tan humano como uno de nosotros, si la vida humana empieza en el momento de la concepción; bajo qué razonamiento, o qué justificación se puede decir: "este como es pequeñito, se le puede matar". Si esto fuera así, entonces se puede matar a todo el mundo que no tiene tal cualidad, no quedaríamos nadie, ¿verdad?

Leía hace una semana, un médico norteamericano abortista que dejó de ser abortista y el cambio fue muy sencillo. Llegó una pareja y decía: hágame un aborto. Intentó hacer el aborto, yo no soy médico, no entiendo más acerca del tema, pero por lo visto no dilataba el cuello del útero de la señora, no se porqué. Dijo, "mire, mejor vuelva dentro de unos días." Ahorita no es el momento oportuno. Bueno, la señora ya no quiso volver, luego resultó que coincidieron de vecinos, esta pareja y él. Y él había tenido un niño también, más uno de la misma edad. Entonces luego, viendo a su hijo jugar con el niño que el no mató, cayó en la cuenta. Pues por lo visto el niño que él no mató era más bonito y más guapo y más inteligente que su hijo. Entonces cayó en la cuenta. A este yo lo hubiera matado, y cayó en la cuenta de lo que él hacía todos los días. Porqué se dedicaba a eso, a matar a seres humanos como ese. Es tremendo ¿verdad? Pensar que no tiene valor, que no tiene dignidad, que no es humano solo porque es pequeñito.

Es el peor de todos los razonamientos: "No tiene valor porque es blanco, porque es negro, porque es calvo, porque es bajo", por lo que sea, exactamente lo mismo.

Cada ser humano es único

Bien, segunda consecuencia de la dignidad humana. Cada ser humano es único, único. Yo creo que no hace falta ni demostrarlo. Ud. se pone a pensar, ¿habrá otro igual que yo en toda la historia? Y todos gritan "no". Imposible ¿verdad?, cada uno es tan especial. Tenemos maravillas y tenemos defectos pero cada uno es totalmente él, y hay algo que es peculiar mío que obviamente no nace de la materia, nace de ese ser tú, una creación particular de Dios. Jamás en toda la historia habrá alguien como nosotros, jamás, ni ha habido, ni hay, ni habrá. Entonces, cada ser humano es una riqueza irrepetible. Cada ser humano va a ser una aportación exclusiva y única a la historia. Cada ser humano tiene un sentido en su vida, cada ser humano es un tesoro invaluable. Cuando es el único cuadro que queda de un pintor famoso vale millones. Si cada ser humano es único, es imposible cifrarlo, tiene un valor inmenso. De hecho, la madre de Beethoven tenía todos los requisitos para abortar. Enfermedad de ella, enfermedad de su marido, el número de hijos, todo eran quejas. Y dice ella: "bueno, si lo hubiera matado, hubiera matado a ese genio extraordinario de la música". Pero todos somos extraordinarios, todos somos únicos. Cada ser humano que se mate, se está privando de alguien que Dios quiso que existiera.

Cada uno es directamente querido

La tercera consecuencia es que esa dignidad del hombre nos lleva a un punto muy claro. Cada ser humano es directamente querido. Nuestros padres tenían un deseo tremendo de que naciéramos y aún en el caso en que no, ahí está la acción de Dios. Dentro de cada ser humano hay un sí completo de Dios. Dios juzgó que convenía que cada uno de nosotros naciera, que era importante que cada uno de nosotros naciera, que valía la pena y nos amó de un modo total. Qué cosa más violenta, pensar que alguien diga: "Dios no tiene razón, yo sí tengo razón, aunque Dios quiera que este niño venga al mundo, yo no pienso que deba existir, y aunque Dios le haya dado la vida yo se la quiero quitar". ¿Ridículo, verdad? Yo que no sé qué va a ser mañana, yo que no sé si yo mismo voy a vivir mañana; ¿voy a decidir el futuro de alguien? ¿Absurdo verdad?

Ningún ser humano es producto de la casualidad, ninguno, pensémoslo y veremos que es cierto, nadie nace por accidente. Si en el nacer hay un acto creador, hay una decisión del que lo sabe todo por los siglos, del que lo puede todo. No hay eso de que un ser humano cae porque sí, no hay azar en la existencia humana. Entonces contradecir un designio de Dios es de una gravedad brutal. Es ponerme yo frente a Dios y decirle: "tú estás equivocado, yo tengo razón. Tú te equivocaste al hacer que ese niño fuera engendrado, Tú te equivocaste al entregarle el alma, Tú fallaste, y como Tú fallaste yo lo voy a matar". Es violento, es durísimo, es ignorar a Dios mismo y la dignidad misma del hombre.

Un ser humano va a existir para siempre

La cuarta consecuencia de la dignidad humana: la grandeza, una grandeza inimaginable. Una cosa vale más cuanto más dura. Una cosa de papel es indeseable, se rompe, se arruga, se gasta, no sirve para nada. Una cosa que va a durar mucho tiempo, vale mucho. ¿Cuánto va a durar el ser humano? A cuanto se extiende su existencia? ¿Hasta donde llega la vida de cada uno de nosotros? Y cuando uno se pone a pensar, yo voy a existir por los siglos sin fin, mi vida no tiene término, tiene comienzo, pero no tiene final. Soy un Sí definitivo y total, total. No hay nada que haga que yo sea aniquilado ni lo seré jamás. Uno se da cuenta pues qué grande es el hombre. Un ser que va a existir para siempre. Para siempre está más allá de nuestra inteligencia prácticamente. Leí hace muchos años un autor que decía que él cuando iba por la calle, de pronto se asustaba, viendo a la gente que se cruzaban corriendo y decía: "este dentro de un tiempo va a ser alguien extraordinario, si se va al cielo. Alguien lleno de gloria y de dicha y de gozo por la eternidad y si no se va al cielo, una tragedia eterna." El ser humano es trascendente, entonces, imagínese que injusticia tan brutal si usted fuera juez y alguien le dijera: "juzgue quién es culpable y quién inocente. Y en los elementos que le dieran para buscar fuera una foto, mire las fotos y diga quién es culpable y quién inocente. Ud. diría, no puedo juzgar así, ¿verdad? ¿Cómo va uno a juzgar si alguien debe vivir o debe morir? Si la vida humana una vez concebida, es eterna. ¿Qué son cien años comparados con la eternidad? Yo no puedo medir la vida humana por este pedacito que paso aquí en la tierra. No somos un perro, nuestra vida no termina cuando se deshace el organismo. No somos una bestia, nuestra vida vivirá por los siglos y los siglos. El acto creador de Dios es irrevocable. Tenemos la dignidad de la trascendencia, este ser que somos todos nosotros va a seguir siendo por los siglos. Qué cosa más seria. Vemos que la grandeza del hombre está por encima de nuestra capacidad aún intelectual. ¿Puedo yo entender la eternidad? ¿Puedo yo entender lo que significa para siempre, que para siempre voy a vivir? Qué grande es el ser humano, cuánto respeto merece.

El hombre no puede ser usado.

La quinta consecuencia de la dignidad del hombre es que el hombre jamás es algo que se usa. ¿Por qué? Porque el hombre no es un medio, el hombre es un fin. Solamente los medios se usan. El hombre, Dios lo creó como fin, y el hombre tiene en sí mismo una finalidad exclusiva y única; el hombre existe por alguna razón concreta, para algo. El hombre jamás puede ser instrumentalizado y ud. lo capta inmediatamente. Cuando nos hemos indignado todos, cuando hemos sentido que alguien nos está usando, ¿verdad que hemos protestado por dentro? Cuando uno siente que alguien me quiere usar, cuando alguien quiere usar cualquier cualidad mía, o mi tiempo, uno se indigna, se molesta por dentro, yo no soy alguien que se puede usar.

No se puede usar el cuerpo de otras personas, no se puede usar el trabajo de otras personas, que no es un medio. No se puede usar el servicio de otras personas para encaramarse uno. El hombre no puede ser usado. Y todos lo percibimos, todos nos sentimos molestos cuando nos sentimos utilizados. Yo soy algo distinto.

El hijo no es algo que los padres usan para sentirse realizados, o que si piensan que les va a estorbar, y no lo necesitan lo pueden eliminar. Porque el hombre no es un instrumento. Yo si no quiero escribir tiro la pluma, si no tengo frío, me quito el sweater, pero el hijo, la persona humana, jamás se usa, vale por sí mismo. Tiene un fin propio peculiar, único, cada uno existe para algo. Entonces no se permite jamás enfocar al ser humano como algo que se va a usar. Nadie puede realizar sus proyectos a costa de otro ser humano; nadie puede completar sus ambiciones, sus ilusiones, sus deseos, a costa de otras personas. Mucho menos un padre a costa de sus hijos, mucho menos. No se puede conseguir tranquilidad o más bienes materiales a costa de asesinar, de considerar como medio para lograr mis fines al propio hijo. Si uno siente que es brutal usar a otro ser humano, más brutal aún es que los padres usen al hijo concebido.



Todos sufrimos y nos indignamos al encontrar cualquier forma de discriminación: desde el Apartheid en Sudáfrica, al terrorismo político, pasando por toda manifestación de aplastamiento del derecho de los que no pueden defenderse. En la raíz de esa reacción está la clara conciencia que todo ser humano tiene unos derechos que no provienen de ninguna otra causa más que del hecho de ser hombre. Es decir, el respeto que se nos debe es totalmente independiente del color, posición económica, ideología política, situación social. Aún es independiente de la capacidad mental y física ¿Tan hombre es el paralítico como el sano; el retrasado mental como el genio. No se pueden relegar a una determinada categoría de seres humanos sin caer en la más atróz de las injusticias y quitar el fundamento de todo el sistema jurídico. Si alguien volviera a decir que sólo los varones tienen derechos y no las mujeres; todos reaccionaríamos con vehemencia ante tal sinsentido. ¿Cómo entonces tolerar que se niegue el derecho más básico -el de la vida- a los infantes que aún no pueden defenderse?

Leía hace poco una frase que de entrada me extrañó: "comprender exige igualarse". Al meditarla resultó muy clara la profunda verdad que encierra: sólo entiendo a alguien cuando me doy cuenta de lo que yo sentiría si estuviera en su pellejo; para comprender realmente a otro, debo verlo como mi igual: pensar que otros son distintos acaba significando que son menos hombres y tiene menos derechos.

¿Tiene más derecho el rico que el pobre? Todos clamamos, injusticia, es un abuso que se le de más derechos a unos que a otros. Tiene más derecho el que ostenta un cargo de poder que el que no tiene ninguno, entonces no. Eso da pie a todas las aberraciones. ¿Tiene más derecho el blanco que el negro? No, a todos nos hierve la sangre; ¿tiene más derecho el hombre que la mujer? No. Que ni siquiera por ser hombre o por ser mujer nacen los derechos, nacen por ser humanos. ¿Porqué va a tener más derechos el que tiene nueve meses que el que tiene tres en el vientre materno? ¿Se dan cuenta que el origen de todos los abusos en toda la historia de la humanidad es ese? Considerar que estos no tienen derecho, estos que pueden ser los de tal color, los de tal raza, los de tal partido político, los de tal ideología, los de tal actitud, y como no tienen derecho los margino o los elimino o los quito.

Estamos viendo la cosa más brutal, estamos viendo que el ser humano cuando es pequeño no tiene derechos, ¿si negamos el derecho a la vida, qué derecho queda? Todo se sustenta del derecho de vivir. Estamos aparentemente ante un gran desarrollo jurídico, y luego negando la igualdad de derechos, negando la dignidad del ser humano, negando que verdaderamente estamos ante un ser humano, cuando obviamente la ciencia y la razón nos demuestran claro que se trata de un ser humano. Hace muy poco leí una frase que de entrada me extrañó. Decía: "comprender es igualarse". Parece tonta la frase, ¿verdad? Pero tiene mucho adentro, cuando uno se pone a pensarlo un poquito. Uno sólo comprende, cuando se iguala. Si yo me pongo de igual a igual con alguien, si me meto en su pellejo, si me meto en sus zapatos, lo comprendo. Mientras yo me quedo sintiéndome distinto al otro no lo comprendo. Solo entiendo, solo de verdad comparto cuando me igualo. Y por el hecho es que todos somos iguales, igualémonos al no nacido. Si Ud. estuviera todavía en el vientre materno y tuviera conciencia, ¿que alegaría si supiera: mi madre me quiere matar? ¿Cómo se sentiría? "Esta mujer que me concibió me quiere asesinar, me considera estorbo, carga, impedimento", lo que sea. Solamente se comprende cuando se iguala. Nunca comprende uno el aborto si lo ve como desde afuera, que él es distinto a mí porque es más pequeño, eso justificaría todo, ¿verdad? Aquella persona de otra raza y de otro color es distinta a mí, por lo tanto la puedo maltratar. Todos somos iguales. Igualmente el ser humano por nacer, métase en esto y verá que jamás se puede.

Como conclusión yo quiero subrayar tres puntos:

1) Esa dignidad humana es fundamento de todo derecho.


Si no se respeta ese valor del hombre, entonces ya no hay ningún fundamento. Cuando se respeta que el hombre por ser hombre tiene unos derechos, sobre eso se apoya todo lo demás. Si eso no es así, si no se respeta ese valor del ser humano, entonces, tendría otros criterios de respeto. Respetaré solamente a los que me conviene, o a los ricos, o a los poderosos, o a los de mi partido; y caeré en la injusticia más brutal. La misma historia; cuánta tragedia ha salido de ese no entender, que la dignidad humana es la fuente de todo derecho. Que todo ser humano, piense como piense, sea como sea, es digno, es humano, debe ser venerado y respetado. Cuando esto está muy claro todos comprendemos el cambio inmenso que eso supone, el respeto total a los demás.

2) Valorar la dignidad humana es la puerta de todo ideal de servicio.

Ud. está aquí porque es una persona muy buena. Pero, ¿podría ud. tener un ideal que valiera la pena si no arrancara de ahí? ¿Si no arrancara de decir: "todo ser humano por el hecho de serlo merece mi esfuerzo, merece mi servicio, merece mi sacrificio"? Cuando uno no cree en la dignidad humana, ¿qué ideas va a tener? Ayudará a los que le conviene, o a los que piensa que sirven, pero uno mismo ya estará seleccionando no habrá un verdadero altruismo, un verdadero afán de servir a otros. Si no respeto a alguien por el mero hecho de ser hombre, estaré menospreciándolo. Si estoy escogiendo cualquier criterio, ese a mí me parece que es criterio de valoración: la raza, la inteligencia, el poder, la belleza, estaré discriminando a millones de semejantes. Entonces mi ideal será un ideal mezquino, mi servicio a la humanidad será pobrísimo, no podré de verdad ayudar a otros.

3) Descubrir la dignidad humana es asomarse a la propia grandeza

Cuando una persona no comprende la dignidad de ser hombre, no comprende la seriedad de su existencia, el valor de su propia vida, la hondura de su proyecto personal. No comprende que vale la pena que él exista. No comprende que eso que le puede pesar mucho, que es tener tal cualidad o no tenerla, ser hijo de tal persona o no serlo, aquello no tiene importancia comparado con su grandeza, el hecho de que es un ser humano, que su vida tiene un valor y vale la pena, que su vida no tiene porque estar como atenazada por complejos. Si acaso un complejo de dignidad, de serenidad, de auto-estima, de capacidad de volcarse sobre otros. Soy un ser humano y tengo un valor inmenso, total.

Hemos ido viendo consecuencias de la dignidad humana. Yo quisiera ahora muy brevemente pensar un poquito en algunas aplicaciones de la dignidad humana, en algunos puntos en los cuales se manifiesta en concreto en qué se traduce la dignidad humana. De cara a la subsidaridad, ¿sabe lo que es eso, verdad? Es el respeto que merece cada ser, que a un ser nunca hay que suplantarlo, ¿Qué supone la dignidad humana? Que yo nunca puedo decir: este es tonto, yo voy a actuar por él, este no sirve, yo voy a actuar por él. Que siempre a cualquier ser humano por minusválido, por incapaz, por débil que sea tengo que hacerlo crecer, nunca desplazarlo ni suplantarlo. Que nunca puedo expresarme negativamente de nadie porque es hombre. Si todos somos iguales, todos somos hombres, todos valen igual que yo, todos merecen lo mismo que yo merezco, todos debían de tener lo mismo que yo tengo, todos deben participar de todo lo bueno que yo gozo. Si no se entiende la dignidad humana no se entiende la sociedad, no se entiende el servicio al prójimo, no se entiende nada. Solo hay justicia cuando hay dignidad, porque sino no hay igualdad. Si los hombres no somos igualmente dignos, entonces no cabe la justicia.

La libertad no me la da nadie, la libertad la tengo por ser hombre, por mi grandeza. Todo esto me da respeto, nadie puede decidir por mí, mucho menos decidir si voy a vivir o no, nadie puede optar por mí.

De cara a la verdad: hay que lograr que cada ser humano entienda la verdad en su propia existencia, la verdad del hombre. El hombre no es un consumidor, el hombre no es un parásito, el hombre no es un avaro, no es un dominador, el hombre tiene esa grandeza maravillosa y esa capacidad estupenda. Hay que lograr que el hombre entienda su grandeza de cara al amor. El hombre es lo único digno de ser amado por sí mismo. Y el único amor verdadero es a personas, no a cosas.

De cara a la moral: el hombre es el único que puede hacer conscientemente el bien, poseer el bien como algo propio, realizarse haciendo el bien.

De cara a la eficiencia: el hombre no puede esclavizarse, no puede simplemente decir, "yo tengo que producir, yo tengo que ser eficiente". No, el hombre vale no por lo que hace, sino porque es un ser humano.

De cara al éxito: el hombre no puede considerarse digno por lo que los demás piensen de él, sino porque así enano, es querido directamente por Dios.

De cara al progreso: nunca puede irse como de costa a la dignidad del hombre, no hay desarrollo si no se desarrolla el hombre; no hay mejoría, sino se mejora al hombre.

El punto de mira, el punto de valoración de toda la realidad es la dignidad del hombre. Hay que ver entonces el aborto, como la masacre de la dignidad humana. El aborto solo se entiende si se destruye la dignidad del hombre, solo cabe pensar en aborto cuando el hombre no vale por ser hombre sino vale por otras cosas, cuando el hombre como tal no es considerado. El aborto es la peor tragedia de la sociedad. No solamente se destruye la vida de un hombre, se destruye la dignidad misma de todos los seres humanos.

 

 

 

NOTA: El Padre Banchs dió esta charla en el Primer Congreso Internacional por la Vida y la Familia de Honduras, en Octubre de 1992.



 

 

 

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