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C. Carácter Dinámico ( Emotivo-Activo-Primario)
El Dinámico ha nacido para actuar, la actividad es su verdadera fuerza y, por tanto, la nota predominante de su carácter


Por: . | Fuente: Catholic.net



1. Descripción de los rasgos más característicos.

La característica más importante de este carácter es la actividad exuberante. El Dinámico ha nacido para actuar, la actividad es su verdadera fuerza y, por tanto, la nota predominante de su carácter.
En la vida social es muy cordial, es popular por su iniciativa y optimismo, por su alegría y buen humor, es muy extrovertido. Susceptible, inquieto, charlatán, es propenso a la mentira por tender a la exageración. Sus reacciones son instantáneas, violentas, necesita respuestas inmediatas, nada a largo plazo.

Este carácter es idealista al máximo, compasivo, generoso y servicial. Incapaz de guardar algún rencor. Es voluble, cambiando fácilmente de gustos y amigos. Suele cambiar de actividad de manera frecuente y caprichosa y sin terminar lo que ha empezado. Busca éxitos inmediatos ya que es incapaz de subordinar sus actos a un fin lejano.

Eleva a verdadera caridad fraterna su innata inclinación a amar. Es muy caritativo con los enfermos. Sin embargo, por su vigor exuberante, peligra en su vida sexual, sobre todo en su afectividad, donde puede conquistar amores poco duraderos o tener caídas graves.

La inteligencia del Dinámico está inclinada a lo concreto, lo inmediato y lo técnico. Es una inteligencia práctica que comprende con rapidez y demuestra capacidad de improvisación. Prefiere el trabajo en equipo al trabajo individual. Tiene espíritu de camaradería: ayuda con gusto a los demás, colabora siempre que puede, aún más, se adelanta y previene los deseos y necesidades de sus compañeros.

2. Comportamiento religioso.

Ama poco la oración, la meditación, la renuncia y la abnegación; prefiere, en cambio, la actividad apostólica. Se inclina a presentar la vida sobrenatural en forma poco exigente y hasta quisiera acomodarla con la vida del "mundo".

Busca una oración inmediata, sentida, pero breve. No le da importancia a la oración porque le interesa más su apostolado. En la oración piensa en el apostolado, por ello sufre muchas distracciones. Cuando ora, lo hace como si predicara a los demás. Prefiere la oración pública: litúrgica, con canto, meditación hecha en común o al aire libre.

Su generosidad natural le lleva a la abnegación y la caridad; está dispuesto a cualquier trabajo, aun cuando le suponga especial sacrificio. Por su gran capacidad de amar, ama las obras de misericordia espirituales y corporales, el apostolado social y misionero. Sin embargo su acción carece de raíces profundas. Se compromete, sin reflexionar suficientemente.

Es poco favorable a la dirección espiritual, porque no le encuentra utilidad. No experimenta la necesidad de pedir consejo, porque, en general, decide por sí mismo. Le cuesta ser humilde, es propenso a hablar de sí; se resiente si fracasa y atribuye los éxitos a su actividad y a sus cualidades.

3. Pedagogía pastoral

San Pedro Apóstol y san Ignacio de Loyola son dos grandes santos que tenían este carácter.

a. Actitud del formador.

El orientado con carácter Dinámico es fácilmente moldeable. Hay que acostumbrarle a dominar sus explosiones temperamentales, convencerle de las desventajas de la extroversión que le llevan a disiparse, que le empujan a actuar según sus tendencias primarias. Hay que lograr que su trabajo converja en un sólo objetivo.

Se debe usar con él un lenguaje directo, pero no hiriente. No chocar con él por el afán de dominarle, sino moldearle con motivos. Si se le trata de imponer algo, fácilmente se puede poner de malhumor. No tiene conciencia de sus limitaciones y hay que dárselas a conocer, pero con mucho cuidado, pues si se le contradice directamente nunca volverá a la dirección espiritual, o por lo menos quedará inhibido y molesto.

Hay que saber potenciar y proyectar a este temperamento. La labor de Cristo con san Pedro es un gran ejemplo; cómo le fue llevando a ser su vicario en la tierra.

b. Su vida espiritual.

Hay que presentarle la vida espiritual para que se convenza de ella y la asimile como santificación personal con miras a su apostolado. Acostumbrarle al gimnasio de la meditación, ayudándole en su lucha contra las distracciones. Enseñarle el diálogo con Cristo, que hable con El de su actividad, de sus preocupaciones, así su oración será personal y su voluntad se irá conformando con la de Dios.

Puesto que es generoso, hay que presentarle la mortificación interior como purificación requerida por el amor de Dios y necesaria para la eficacia apostólica. Acostumbrarle, sobretodo, al silencio y al recogimiento interior.

Expuesto a serios peligros morales, debe habituarse a una vigilancia enérgica, especialmente del corazón y a tener ideas bien claras en materia de castidad. Hay que invitarle a una total sinceridad en la dirección espiritual, a mantener una sólida vida espiritual y ayudarle a la mortificación de los sentidos. Conviene, antes que nada, ayudarle a descubrir las raíces de sus faltas.

c. Apostolado.

El apostolado puede ser su vida, éste le reporta las mayores satisfacciones, pero también es su caballo de Troya, porque puede caer en la herejía de la acción: hacer por hacer. Su acción carece de raíces profundas, porque es irreflexivo y ama poco la oración y la abnegación interior.

Se le debe hacer reflexionar sobre los motivos, el valor y el fin de cada acción que va a realizar, tanto de cara a su santidad como de cara a su vida apostólica. Así frenará la tendencia a actuar por actuar. La actividad es un arma de defensa y de ataque en el Dinámico. En su actividad pone todo su corazón. Por amor se convierte en un gran apóstol, todo lo que le conmueve, lo apoya; además es muy hábil en arrastrar a los demás a la esfera de su actividad y alegría.

Hay que vigilarle de cerca, pero sin ahogar su entusiasmo generoso; es necesario encontrarle objetivos a corto plazo, pues si no dejará todo a medio camino. Hay que acostumbrarle a la reflexión sobre la obra que va a realizar, sobre los fracasos y sobre el porqué de los éxitos logrados. Que realice ejercicios de constancia y que recapacite en el porqué de la interrupción de su trabajo en una obra importante.
 

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