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Tema I. Segunda parte. Fuerza unitiva del amor
Necesidad de correspondencia. Fuerza unitiva del amor. Estabilidad afectiva y emocional de la pareja.


Por: P. Pedro Castañera L.C. | Fuente: Catholic.net



FUERZA UNITIVA DEL AMOR

El amor genuino lleva a la unidad con el ser querido, en todos los campos, físico afectivo y espiritual. Aún siendo completamente diferentes, somos complementarios. “Somos uno y busco tu bien como el mío; lo que te sucede me afecta, como si me hubiese ocurrido a mí”.
Dos se funden en uno, conservando su propia identidad.
“Este es el síntoma supremo del amor: estar al lado del otro, en un contacto y proximidad profundos”. (Ortega y Gasset)

ESTABILIDAD AFECTIVA Y EMOCIONAL DE LA PAREJA

El amor afecta toda nuestra dinámica física, psíquica y espiritual. Es decir, compromete todo nuestro ser, cuerpo y alma.
Analicemos, entonces dos puntos:

1. Cómo se constituye el amor en la pareja.
2. Qué fundamentos tenemos que trabajar.


1. Cómo se constituye el amor en la pareja.
Dice Paul E. Charbonneau en su libro “Curso de Preparación para el Matrimonio” que inicialmente una pareja se atrae, existe cierto interés y que por supuesto un sentimiento inicial por el otro, parte del querer al otro. Pero que existen muchos factores que van a formar parte del cimiento sobre el que se contruya esta pareja,
de su estructura interior, factores inherentes a nuestra propia existencia tales como:

A) Dos Psicologías. El matrimonio es la unión de estas dos psicologías. Hombres y mujeres tenemos dos maneras diferentes de sentir, de actuar, de reaccionar, pero además cada uno tiene su propio temperamento, su propio carácter. Armonizar las psicologías de ambos requiere de todo nuestro esfuerzo, nuestra atención para entender al otro, de nuestra empatía, pero además de una constante comunicación.

B) Dos Personalidades. Mi carácter se refuerza con el tiempo, con la educación que recibí y con las circunstancias por las que pasa. Normalmente no existe un proyecto consciente de educación en el dominio de sentimientos, uso de la inteligencia o ejercicio de nuestra voluntad.

C) Dos Egoísmos. Me caso para ser feliz o para hacerte feliz. Miremos un poco hacia atrás, los últimos cinco años antes de nuestro matrimonio en los que se da una progresiva independencia. Los hombres empiezan a trabajar, a no ser dependientes económicamente, a establecer sus propios horarios, rutinas, amistades y prioridades, y lo mismo pasa con las mujeres, su tiempo es menos restringido, sus horarios, sus amistades, ya no pide permiso, y en el mejor de los casos, avisa dónde estará; tiene cierta independencia económica, de gustos, elige su look personal, sin influencia de nadie. En resumen empieza a ser independiente.
Y qué sucede al casarnos: existe una restricción de horarios, de actividades, incluso de amistades o relaciones familiares. Es como un tráiler que va cuesta abajo a toda velocidad e intenta frenar, la inercia opone resistencia.

D) Dos Educaciones diferentes que conviven.

Si nuestra relación se basa exclusivamente en ese sentimiento inicial, de dos estructuras que coinciden, no va a resistir. ¿Por qué?
1. Puede empezar un proceso de enfrentamiento que nos lleva a tomar una distancia (Charbonneau, lo llama “el abismo disfrazado”); esta distancia nos lleva a una total divergencia, cada cual tiene su vida, sus gustos, sus propias actividades. Nos duele al principio, pero a todo nos acostumbramos, incluso le tomamos gusto.
2. La soledad compartida. Si las circunstancias de vida son divergentes, si de las 24 hrs. del día, pasamos de 12 a 15 horas solos, nos va a costar establecer una relación humana real con nuestra pareja. El hombre por un lado está acostumbrado a tratar relaciones mercantiles, transaccionales, proyectando una relación más de “función” con la pareja, sin llegar a la esencia de la persona. La mujer por su lado, vive en un mundo de niños, sus diálogos son en este sentido, con niños y en el mejor de los casos, con las amigas sobre niños y de algún otro tema poco trascendente. Su desarrollo mental en la etapa de crianza se encuentra en estado latente, frenado por sus propias circunstancias. Cuántas veces tenemos la necesidad de hablar con adultos de lo que pasa en el mundo sin que ello aporte en muchas ocasiones oportunidades para un verdadero desarrollo personal. Se vuelve una relación marcada por la superficialidad. No hay un diálogo real, o la televisión suple este estar y platicar contigo.

2. Qué fundamentos tenemos que trabajar.
Vimos que la estructura personal y vital es complicada. ¿Cómo salir de ello?
Nuestro compromiso debe ser real, libre, que genere esperanza, exigencia, sacrificio, alegría y finalmente paz y para ello hay que preguntarnos, ¿qué es entonces el amor?
El amor va más allá de un “me gustas, siento lindo a tu lado, me atraes, te deseo”.
En mí debe existir la decisión de poner mi vida en tu vida para ser una sola cosa, sacrificando lo necesario. El amor no necesariamente implica placer, que lo digan si no las mamás que despiertan 3 o 4 veces por la noche a dar de comer o cuidar a un hijo enfermo, no podemos hablar de que sea un gozo que nos produzca placer inmediato, sin embargo, lo hacemos por amor y a la larga este produce muchas satisfacciones.
Eso, aunado al tipo de “amor” que nos ofrecen lo medios, ya no digamos de felicidad cimentada en el placer, sino también en lo modelos físicos que se nos presentan, belleza física de él y ella que generan expectativas en el inconsciente, el músculo marcado, el pelo precioso, la figura perfecta, no son el amor.

Dónde esta entonces la base del amor, ¿qué significa el “te quiero”?

El amor es una decisión, es un acto de voluntad, lo que podemos llamar Ley de la Convergencia: para salvar el amor es necesario que la pareja se imponga por encima de las divergencias, que se vuelvan uno al otro, aceptar la unidad, rechazando el alejamiento.
Porque cada momento de nuestra vida es una decisión. Elegir es renunciar. Qué prefiero, clavarme en el trabajo o salir temprano para ver a mi familia. Salir con mis amigos o dedicarle esta noche a mi esposa. Llegar a ver la televisión o sentarnos a platicar.

El cómo estableces el amor, dónde y cómo lo manejas, éstas deberían ser las interrogantes que nos hiciéramos día a día y la respuesta se encuentra en nuestra propia esencia. El ser humano tiene tres dimensiones: física, psicológica y espiritual.
Una relación no puede cimentarse en lo físico, el físico se deteriora, esto es obvio, pero también lo psicológico empieza a fracturarse, disminuye la tolerancia hacia esos “ pequeños defectos” y hábitos. Los conflictos van dejando pequeños surcos en nuestra afectividad. Entonces podemos decir que la esencia radica en esa dimensión espiritual.
Para permanecer para siempre, el cimiento de nuestra familia se debe encontrar en esa estructura espiritual que se manifiesta en la afectividad, en nuestra sexualidad, en la formación de nuestros hijos

Es el cimiento, el espiritual, el que sostendrá el edificio que estamos construyendo hoy en nuestra familia. Una vez puesta la cimentación podremos construir habitaciones, decorarlas, planear ventanas que dejen entrar la luz y que nos dejen ver al exterior, puertas para recibir y para salir de nosotros a los demás.

En resumen:
1. La conciencia de nuestra propia estructura (tuya y mía), es el primer paso en una relación.
2. Una relación se puede sacar adelante con mi decisión.
3. Requiere que se fortalezca con una dimensión espiritual.
4. Cultivar día a día lo positivo y erradicar lo negativo.

CASO PRACTICO

TODO ESTO SUENA PRECIOSO Y QUÉ IMPORTANTE SABERLO, PUES ES UNA VERDAD QUE DEBIERA REGIRNOS. PERO, ¿ QUÉ SUCEDE EN LA VIDA DIARIA?

Vamos a poner el caso de “Fernando e Isabel”:

Ellos son los que se dice un matrimonio “bien avenido”. Se casaron hace 5 años y son felices con sus dos pequeños Fer y Maribel. Aparentemente el matrimonio marcha bien, no hay entre ellos disgustos especiales y se comprenden mutuamente.

Para Fernando todo es perfecto, atraviesa por un buen período profesional y tiene una mujer que le quiere: siempre lo espera en casa, le prepara la cena, no se la deja para que se la caliente en el micro, se preocupa por su trabajo, le organiza el dominó para sus amigotes... ¿qué más puede pedir?

Isabel no ve el panorama tan despejado, se siente interiormente insatisfecha, ya tomó varios cursitos de Historia del Arte y Pedagogía, y sin embargo, algo le preocupa: que no pasa nada. Alguna vez escuchó a su mamá hablar de las crisis matrimoniales, aquéllas por las que pasan los esposos de cuando en cuando y que son normales. Pero Isabel siempre le ha contestado: “No mamá, eso con nosotros no va”.

Sin embargo, desde hace meses, piensa que su mamá debe tener razón. Isabel tiene la sensación de que cada vez que habla a solas con su marido, él la oye, pero no siempre la escucha; incluso hizo la prueba comentándole algo que ya había dicho y para Fernando era totalmente nuevo. Es como si estuviese en su mundo, con sus ideas, su trabajo, su golf y sus amigos.

Ella se pregunta si será poco clara cuando le dice las cosas, si sabe explicarse o no se entiende lo que dice; incluso ha pensado que ha empezado a dejarla de querer.
Un día, se atrevió y se lo dijo y por respuesta obtuvo un: ¡”Pero qué cosas dices, cómo crees, no te estés imaginando cosas”!. Dio un portazo y se salió.
Para ella fue algo muy triste, no se explicaba la reacción de su marido. Isabel no se vuelve a enfrentar a su situación por temor a verse una vez más incomprendida, o que se origine un conflicto conyugal y decide no confiarle nada a Fernando; se limita a seguir, según ella, con la vida diaria, cumplir el deber y nada más Después de todo son sus dificultades, sus anhelos, sus ilusiones y ese mundo es ajeno para Fernando.
Se inicia una guerra fría en su matrimonio: cada uno va a lo suyo, hasta se declara una indiferencia del uno con el otro. Pero no es nada grave que ponga en peligro la estabilidad matrimonial.

Más tarde Isabel descubrió nuevos horizontes. Reconoció la necesidad de hablar cuanto antes con Fernando, debía hacerle ver con cariño algunos aspectos que no estaban bien. Era absurdo que queriéndose se estuvieran haciendo daño; que deseando las mismas metas, no las comentasen; no podían seguir así.

¿Qué pasaría después?

Después de hablar tranquilamente, quedaron resueltas sus diferencias y quedó muy claro que lo que tenían que hacer era hablar, convivir como pareja, ya que todos estos años de embarazos, partos y cuidado maternal, habían hecho que cada cual viviera “su rollo” y era el momento de ver cada uno por el bien del otro, olvidándose de sí mismo. Eso es el amor.

Participación en el foro
¿Qué significado tiene decir que el amor no es un sentimiento, sino que es una decisión?


Este curso ha sido producido por Catholic.net con el apoyo solidario del Comité para la Iglesia en América Latina de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB). Los hallazgos, conclusiones y recomendaciones expresadas aquí son del autor y no reflejan la opinión de la USCCB. Para más información sobre el trabajo solidario de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en América Latina y el Caribe, visite su sitio Web.United States Conference of Catholic Bishops (USCCB)


 

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