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La cooltura actual y sus manifestaciones
El hedonismo es y promueve la falta de esfuerzo personal, aquello que Nietzsche llamaba debilidad de voluntad


Por: Mario Alberto Miranda | Fuente: arcol.org



No es una novedad, desde hace ya algunos años se viene observando la transformación de la sociedad, principalmente entre los jóvenes una tendencia a asimilar los patrones de conducta, imagen y “valores” que los mass media han inyectado en las mentes de la actual juventud. Observemos que tanto palabras, frases, vestimenta y actitudes se imitan como si estas fueran signos de una cultura que es “valida” y aceptable. Vivimos una epoca de personalización de los objetos: desde una laptop hasta un sitio propio en el internet como así lo promueven MySpace, You Tube y Facebook, quienes han aumentado sus usuarios en los últimos años gracias a la promoción de un sitio que personaliza el usuario subiendo sus propias fotos, videos, comentarios y anuncios entre amigos que igualmente se autopromueven. La figura de Don Juan como personaje que seduce por seducir, ha quedado sustituida, o al menos así parece, por la del Narciso público que se deja seducir por la apariencia de su Yo. Si bien el narcisismo surge de la deserción generalizada de los valores y finalidades sociales que son provocados por el proceso de personalización a través de los mas media, la tendencia generalizada es la de exaltar la individualidad hedonista (aquella que sólo busca vivir en y por el placer) en la cual se ve rodeada la persona actual por el universo de los objetos y los signos.

Las innumerables opciones para alcanzar el bienestar superan la imaginación: la bioenergía, los masajes, el jogging, el hipnotismo, la danza moderna, la meditación trascendental, la acupuntura, la terapia reichiniana, el yoga, etc. son algunas de las diversas opciones que tiene el hombre actual para encontrar la paz y la tranquilidad en medio de la vida cotidiana de trabajo y vida personal. No se trata de una opción fundamental que refuerce nuestras convicciones verdaderamente trascendentes como el de la vida eterna, la paz del alma, el cultivo de la vida interior, etc. es más bien una intensa promoción de diversos niveles de hedonismo enmascarado porque la finalidad no es la trascendencia del alma propiamente dicha sino la del bienestar momentáneo y pasajero que despeje la rutina de la cotidianidad de la persona. Las opciones antes mencionadas son relajadoras pero tienen en sí un gran empuje de narcisismo. La defensa y conservación del Yo adquieren en la corporeidad y en las ideologías de tipo oriental una figura inédita de narcisismo que seduce a los países occidentales de manera impresionante.

El Yo se convierte en la preocupación capital, no es el alma entendida como centro unificador y vivificador del cuerpo humano que se perfecciona por medio de la práctica de las virtudes y de una vida moral en todos sentidos buena. El narcisismo realiza una extraña humanización que ahonda en la fragmentación social, aquella de la mass media; los actores de cine, las modelos, la propaganda publicitaria en calles y avenidas principales, todo es permisible en la publicidad. Es la glorificación de la expansión del ego. La cultura de lo cool reemplaza a aquella de los verdaderos valores como la responsabilidad, la constancia, el esfuerzo personal, la cortesía, la caballerosidad, la buena educación y las formas sociales han quedado suprimidas o mejor dicho, reemplazadas por aquellas que manifiestan los rock stars, las estrellas de cine y televisión y en general, toda persona o figura publica. El anonimato es una enfermedad social, nadie quiere pasar una vida oculta y discreta, no se trata de un ser alguien en la vida sino de un quiero ser famoso y salir en los medios a como de lugar.

Hoy no hace falta tener talento creativo, originalidad y habilidad en el arte escénico. Basta con tener un físico bien proporcionado y un rostro atractivo. Estos son algunos de los aspectos de la cultura cool:

1. Informalidad en el vestir

2. Lenguaje soez y vulgar

3. Afinidad por los lugares de moda: bares, cafés, discotecas y tiendas de ropa

4. Expresionismo exagerado

5. Falta de atención a los problemas sociales y familiares

6. Exhibición sin pudores del cuerpo

7. Consumo natural y frecuente de alcohol y drogas

El hedonismo es y promueve esa falta de esfuerzo personal, aquello que Nietzsche llamaba debilidad de voluntad. El esfuerzo ya no está de moda, los jóvenes de hoy pasan más tiempo en Internet o en los antros que leyendo o estudiando. Se pierde el valor del tiempo y del empeño personal. Lo material ejerce una tremenda atracción para la cultura cool: celulares, música, videos, ropa, antros, lugares, bares, etc. Todo construye el marco del bienestar del momento. La ideología del bienestar estimula la dispersión en detrimento de la concentración; lo temporal en lugar de lo voluntario. Una cultura en donde se forman conciencias telespectadoras que captan todo y nada, emocionadas e indiferentes de todo, sobresaturadas de información, crean una conciencia opcional. Una conciencia que elige no el bien común sino el individual bien personal. No una conciencia que sufre por el malestar del prójimo como si fuera propio sino, en cambio, indiferente, insensible a los otros.

Con la era de la indiferencia, comienza también la desaparición de los grandes objetivos y de las grandes empresas por la que la vida merece sacrificarse. Vivimos en una cultura del todo y ahora. Disfruta leemos con frecuencia en los anuncios, como promesa de finalidad en un mundo en donde no se conoce el futuro pero sí el presente el cual se debe gozar, aquí y ahora. No hay nada que temer, el sistema se encarga. El hombre con la voluntad débil se transforma en un zombi bombardeado de mensajes de diversión, placer, disfrute y sin reclamos de los efectos posteriores.

El trueque de valores, la gente, la necesidad de ser valorado y admirado por la belleza, la celebridad y el encanto hacen de la perspectiva de la vejez un posible intolerable. Nadie quiere ser victima del tiempo. Lo cierto es que en la experiencia que los años dan, la madurez, la responsabilidad y la sabiduría de poder orientar a los demás en la realidad de nuestro vivir en el mundo, se da la clave para formar a las conciencias jóvenes que se ven de repente sumergidas en las aguas de la superficialidad y de lo efímero como la estimulación de los sentidos, las pasiones, los sentimientos, la imagen, lo corporal y la sensualidad. Combatir los signos de la degradación de la conciencia que hemos mencionado, será tarea ardua y difícil. Es ahora que debemos comenzar a informar a las mentes jóvenes de la dignidad del cuerpo humano, el valor del alma, la jerarquía de valores que en conjunto enaltecen principios que sólo un ser dotado de inteligencia y voluntad puede entender y vivir, valores que le hacen conocerse, amar y respetar a los demás en su integridad personal, de lo contrario, nos iremos transformando de seres humanos a una humanidad animalizada, regida únicamente por los sentidos y los instintos de las pasiones, sin mayor necesidad que la de gozar el momento y esperar que el siguiente momento sea igualmente placentero y sin remordimientos. Un ir pasando por la vida sin vivirla verdaderamente. Si nunca hemos ayudado al necesitado, nunca hablado con propiedad, si nunca hemos reflexionado antes de actuar, ni creciendo en el aprecio de los demás por sus talentos y no por sus aspectos, entonces no sabremos lo que será vivir en la eternidad

 

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