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¿Cómo orar cuando estás decepcionado?
| Fuente: www.la-oracion.com |
Autor: P Evaristo Sada LC
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| destruccion |
Seguramente has tenido la experiencia de una decepción, un fracaso,
una traición, de cuando tal vez alguien que considerabas un
buen amigo o un buen socio te da una puñalada
por la espalda, un ser querido que desaparece cuando más
lo necesitas y te deja en completa soledad, un tiempo
prolongado de inestabilidad en tu casa, de un hermano, un
hijo o un amigo que se va, de alguien que
no cumplió su palabra y tú sufriste graves consecuencias, un
sueño en el que has invertido mucho y se te
derrumba... Me refiero a la experiencia de haber puesto tus
esperanzas en alguien o en algo y que todo se
te venga abajo.
Experimentas una gran decepción. Surgen en la
mente todo tipo de preguntas. Te cuestionas si fuiste tú
el culpable. Dudas de todo y de todos. Como Jeremías,
tu también dices: Maldito el hombre que confía en el
hombre (Jer 17, 5) y como el salmista: Mejor es
confiar en Yahvé, que confiar en el hombre. (Salmo 118)
Hay
personas que en éstas circunstancias se desmoronan, caen en profunda
depresión, otros incluso se suicidan. Son situaciones difíciles, a veces
muy difíciles, pero también pueden ser muy provechosas. Yo creo
que, por más dolorosas que se presenten, son oportunidades de
oro para afianzarse y crecer. Cuando se te desmorona un
edificio, es una oportunidad privilegiada para construir, ahora sí, sobre
roca firme. He tenido experiencias de éstas en mi vida
y he podido acompañar a muchas personas en momentos similares
y los he visto madurar y superarse como nunca.
Lo que
se echa de menos en estas situaciones es la fidelidad.
Viene una gran nostalgia de un amor que sea fiel,
que no falle, que no pueda fallar. Algo o alguien
que dé garantías de estabilidad. El amor no puede pisar
sobre arenas movedizas, necesita tierra firme: FIDELIDAD. Y entonces nos
acordamos de Dios. Ayer mismo, una universitaria que participa en
el taller de oración que estoy impartiendo en Medellín, me
decía: En estos momentos, sé y entiendo que si estoy
con Dios, nadie puede afectar mi estabilidad.
En el contexto bíblico,
la fidelidad es sobre todo un atributo divino: Dios se
nos da a conocer como Aquél que es fiel para
siempre a la alianza que ha establecido con su pueblo,
no obstante la infidelidad de éste. En su fidelidad, Dios
garantiza el cumplimiento de su plan de amor, y por
esto es también digno de fe y veraz. (Benedicto XVI,
11 de junio de 2012)
No porque Dios sea fiel se
acabaron los problemas. El es fiel, pero sus designios no
dejan de ser misteriosos. Por nuestra parte, seguimos siendo libres:
otro gran misterio. Nuestra relación con Dios, nuestro fiarnos de
Dios, no está completamente resuelto en Él. Somos libres y
por ello nuestra relación con Él mantiene un carácter fundamental
de pregunta.
Si vivimos estos momentos como personas humildes, profundas y
coherentes, en lugar de caer en un hoyo, son oportunidades
excelentes para crecer en el conocimiento de Dios y en
amistad con Él. En tiempos de "arenas movedizas" creo que
hay que buscar espacios de silencio y soledad y hacer
oración. Este es el consejo de Santiago: ¿Sufre alguno entre
vosotros? Que ore. (Santiago 5, 13)
En la oración experimentamos a
Alguien que sí es fiel, la Roca firme en la
que podemos confiar. Y no es que haya que ir
a la oración como un escape o en busca de
un sedante, sino en busca de Alguien, del único que
es eternamente fiel. A la oración vamos a pisar Roca
firme, vamos a abrazarnos a un Amor seguro, a descansar
en un Amigo eterno. Dios es y será fiel a
su Alianza.
¿Buscamos certezas? Aquí está la más sólida de todas.
Del amor de Dios podemos estar siempre seguros, completamente seguros.
Lo sintamos o no lo sintamos. A veces dudamos del
amor de Dios porque no nos concede lo que pedimos,
pero no es que diga "no" sino "te tengo algo
mejor"; otra cosa es que no lo entendamos. Creo que
Cristo tampoco entendió que el Padre guardara silencio en su
oración en Getsemaní. Pero más tarde resucitó.
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