Regreso
a la antigua iglesia; su amigo Adrián, que era ya sacerdote,
salió a recibirlo muy feliz. ¡Se había
salvado! Desde ese momento, Nicolás se dedicó
a repartir cosas a los más necesitados, sin que ellos
se dieran cuenta, tirándolas por la chimenea.
Quería
especialmente a los niños y les entregaba regalos en
nombre del Niño Jesús. Este hombre se dedicó a hacer el bien y ser generoso
con todos por amor a Cristo, quien nos salvó.