Una
vez, el vendedor de esclavos quería vender un niño
pequeño que se llamaba Adrián. Nicolás
le dio el caballo que le regaló sus papás a
cambio de que lo dejara libre.
En otra ocasión Marco quería obligar a unas
jóvenes a casarse con él si no pagaban un dinero
que debían. Nicolás les dejó dinero por
la chimenea y las salvó de Marco.