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Autor: San Luis María Grignion de Montfort | Fuente: www.mercaba.org El culto a María y el misterio de Cristo.
Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, por San Luis María Grignion de Montfort. (2o. Parte)
El culto a María y el misterio de Cristo.
Necesidad del Culto a María.
14. Confieso con toda
la iglesia que siendo María una simple creatura salida de
las manos del Altísimo, comparada con tan infinita Majestad es
menos que un átomo, o, mejor, es nada, porque sólo
El es EL QUE ES. Por consiguiente, este gran señor
siempre independiente y suficiente a Sí mismo, no tiene ni
ha tenido absoluta necesidad de la Santísima. Virgen para realizar
su voluntad y manifestar su gloria. Le basta querer para
hacerlo todo.
15. Afirmo, sin embargo, que dadas las cosas
como son habiendo querido Dios comenzar y acabar sus mayores
obras por medio de la Santísima. Virgen desde que la
formó, es de creer que no cambiará jamás de proceder:
es Dios y no cambia ni en sus sentimientos ni
en su manera de obrar.
María en el misterio
de Cristo.
a. En la Encarnación.
16. Dios Padre entregó
su Unigénito al mundo solamente por medio de María. Por
más suspiros que hayan exhalado los patriarcas, por más ruegos
que hayan elevado los profetas y santos de la antigua
ley durante 4,000 años a fin de obtener dicho tesoro,
solamente María lo ha merecido y ha hallado gracia delante
de Dios por la fuerza de su plegaria y la
elevación de sus virtudes. El mundo era indigno dice San
Agustín de recibir al Hijo de Dios inmediatamente de manos
al Padre.
Quien lo entregó a María para que el
mundo lo recibiera por medio de Ella.
Dios Hijo se
hizo hombre para nuestra salvación, pero en María y por
María.
Dios Espíritu Santo formó a Jesucristo en María, pero
después de haberle pedido consentimiento por medio de los primeros
ministros de su corte.
b. En los misterio de la
Redención.
17. Dios Padre comunicó a María su fecundidad, en
cuanto una pura creatura era capaz de recibirla para que
pudiera engendrar a su Hijo y a todos los miembros
de su Cuerpo Místico.
18. Dios Hijo descendió al seno
virginal de María como nuevo Adán a su paraíso terrestre,
para complacerse y realizar allí secretamente maravillas de gracia.
Este
Dios hombre encontró su libertad en dejarse aprisionar en su
seno.
Manifestó su poder dejándose llevar por esta jovencita;
Cifró su gloria
y la de su Padre en ocultar sus resplandores a
todas las creaturas de la tierra, para no revelarlos sino
a María.
Glorificó su propia independencia y majestad, sometiéndose a esta
Virgen amable en la concepción, nacimiento, presentación en el templo,
vida oculta de treinta años, hasta la muerte, a la
que Ella debía asistir, para ofrecer con Ella un solo
sacrifico y ser inmolado por su consentimiento al Padre eterno,
como en otro tiempo Isaac por la obediencia de Abraham
a la voluntad de Dios.
Ella le amamantó, alimentó, cuidó,
educó y sacrificó por nosotros.
¡Oh admirable e incomprensible dependencia
de un Dios! Para mostrarnos su precio y gloria infinita,
el Espíritu Santo no pudo pasarla en silencio en el
Evangelio, a pesar de habernos ocultado casi todas las cosas
admirables que la Sabiduría encarnada realizó durante su vida oculta.
Jesucristo dio mayor gloria a Dios, su Padre, por su
sumisión a María durante treinta años que la que le
hubiera dado convirtiendo al mundo entero con los milagros más
portentosos. ¡Oh! ¡Cuán altamente glorificamos a Dios, cuando para agradarle
nos sometemos a María, a ejemplo de Jesucristo, nuestro único
modelo!
19. Si examinamos de cerca el resto de la
vida de Jesucristo, veremos que ha querido inaugurar sus milagros
por medio de María.
Por la palabra de Ella santificó
a San Juan en el seno de Santa Isabel, su
madre, habló María, y Juan quedó santificado. Este fue su
primero y mayor milagro en el orden de la gracia.
Ante la humilde plegaria de María, convirtió el agua en
vino en las bodas de Caná. Era su primer milagro
en el orden de la naturaleza. Comenzó y continuó sus
milagros por medio de María y por medio de Ella
los continuará hasta el fin de los siglos.
20. Dios Espíritu Santo, que es estéril en Dios es
decir, no produce otra persona divina en la Divinidad se
hizo fecundo por María, su Esposa. Con Ella, en Ella
y de Ella produjo su obra maestra, que es un
Dios hecho hombre, y produce todos los días hasta el
fin del mundo a los predestinados y miembros de esta
Cabeza adorable.
Por ello, cuanto más encuentra a María, su
querida e indisoluble Esposa, en una alma, tanto más poderoso
y dinámico se muestra para producir a Jesucristo en esa
alma y a ésta en Jesucristo.
21. No
quiero decir con esto que la Santísima. Virgen dé al
Espíritu Santo la fecundidad, como si El no la tuviese,
ya que siendo El Dios, posee la fecundidad o capacidad
de producir tanto como el Padre y el Hijo, aunque
no la reduce al acto al no producirá otra persona
divina. Quiero decir solamente que el Espíritu Santo, por intermedio
de la Santísima. Virgen de quien ha tenido a bien
servirse, aunque absolutamente no necesita de Ella reduce al acto
su propia fecundidad, produciendo en Ella y por Ella a
Jesucristo y a sus miembros. ¡Misterio de la gracia desconocido
aún por los más sabios y espirituales entre los cristianos!
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