Autor: Enciclopedia Católica. | Fuente: www.enciclopediacatolica.com 4. María, después del día de Pentecostés.
Enciclopedia Católica. El día de Pentecostés ¿también descendió el Espíritu Santo sobre María, igual que a los apóstoles? ¿Qué pasó después con ella? ¿Vivió sola?...
El día de Pentecostés, el Espíritu
Santo había descendido sobre María cuando vino sobre los Apóstoles
y discípulos reunidos en la habitación del piso alto de
Jerusalén. Sin duda, las palabras de S. Juan (19:27) "y
desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa",
se refieren no sólo al tiempo entre Pascua y Pentecostés,
sino que se extienden a toda la vida posterior de
María.
Sin embargo, el cuidado de María no interfirió con
el ministerio apostólico de Juan. Incluso los documentos inspirados (Hechos
8:14-17; Gálatas 1:18-19; Hechos 21:18) muestran que el apóstol estuvo
ausente de Jerusalén en numerosas ocasiones, aunque debe haber participado
en el Concilio de Jerusalén, en el 51 ó 52
d. de J.C. Debemos también suponer que en María se
cumplían las palabras de Hechos 2:42: "perseveraban en oír la
enseñanza de los apóstoles y en la unión, en la
fracción del pan y en la oración". De este modo,
María fue un ejemplo y una fuente de ánimo para
la comunidad de los primeros cristianos.
Al mismo tiempo, debemos
confesar que no poseemos ningún documento auténtico que hable directamente
de la vida post-pentecostal de María.
Localización de su vida, muerte
y enterramiento.
En cuanto a la tradición, existe cierto testimonio sobre
la residencia temporal de María en o cerca de Efeso,
pero es mucho más fuerte la evidencia de su hogar
permanente en Jerusalén.
Argumentos a favor de Efeso.
La residencia de María
en Efeso se basa en las siguientes pruebas:
En un pasaje
de la carta sinodal del Concilio de Efeso (111) se
puede leer: "Por esta razón también Nestorio, el instigador de
la herejía impía, cuando hubo llegado a la ciudad de
los efesios, donde Juan el Teólogo y la Virgen Madre
de Dios Sta. María, alejándose por su propia voluntad de
la reunión de los santos Padres y Obispos..." Dado que
S. Juan había vivido en Efeso y había sido enterrado
allí (112), se ha deducido que la elipsis de la
carta sinodal significa bien "donde Juan ...y la Virgen...María vivieron"
o bien "donde Juan...y la Virgen...María vivieron y están enterrados".
Bar-Hebraeus
o Abulpharagius, un obispo jacobita del siglo XIII, relata que
S. Juan se llevó consigo a la Bienaventurada Virgen a
Patmos, después fundó la Iglesia de Efeso y enterró a
María en un lugar desconocido.(113).
Benedicto XIV (114) afirma que María
siguió a S. Juan hasta Efeso y allí murió. Tuvo
también la intención de eliminar del breviario aquellas lecciones donde
se mencionaba la muerte de María en Jerusalén, pero murió
antes de llevarlo a cabo.
La residencia temporal y la muerte
de María en Efeso están apoyadas por escritores tales como
Tillemont (116), Calmet (117), etc.
En Panaguia Kapoli, en una colina
a unas nueve o diez millas de Efeso, se descubrió
una casa, o más bien sus restos, en la que
se supone que vivió María. La casa fue buscada y
hallada siguiendo las indicaciones proporcionadas por Catharine Emmerich en su
vida de la Bienaventurada Virgen.
Argumentos en contra de Efeso.
Estos
argumentos a favor de la residencia o enterramiento de María
en Efeso no son irrebatibles, si se los examina más
detenidamente.
La elipsis de la carta sinodal del Concilio de Efeso
puede ser completada de forma que no implique dar por
sentado que Nuestra Señora vivió o murió en Efeso. Dado
que en la ciudad había una doble iglesia dedicada a
la Virgen María y a S. Juan, la frase incompleta
de la carta sinodal puede terminarse de forma que diga,
"donde Juan el Teólogo y la Virgen... María tienen un
santuario". Esta explicación de dicha frase ambigua es una de
las dos sugeridas al margen del Collect. Concil. de Labbe
(1.c) (118).
La palabras de Bar-Hebraeus contiene dos afirmaciones inexactas: S.
Juan no fundó la Iglesia de Efeso, ni tampoco llevó
consigo a María a Patmos. S. Pablo fundó la Iglesia
de Efeso, y María había muerto antes del exilio de
Juan en Patmos. No sería sorprendente, por tanto, que el
escritor se equivocara en lo que dice sobre el enterramiento
de María. Además, Bar-Hebraeus vivió en el siglo XIII; los
escritores más antiguos hubieran estado más preocupados acerca de los
lugares sagrados de Efeso; mencionan la tumba de S. Juan
y la de una hija de Felipe (119), pero no
dicen nada sobre el lugar donde está enterrada María.
En cuanto
a Benedicto XIV, este gran pontífice no pone tanto énfasis
sobre la muerte y sepultura de María en Efeso cuando
habla de su Asunción a los cielos.
Ni Benedicto XIV ni
otras autoridades que apoyan los argumentos a favor de Efeso
proponen ninguna razón que haya sido considerada concluyente por otros
estudiantes científicos de este asunto.
La casa encontrada en Panaguia-Kapouli tiene
algún valor en cuanto que está relacionada con las visiones
de Catharine Emmerich. La distancia hasta la ciudad de Efeso
da lugar a una suposición contraria a que fuera la
casa del apostol S. Juan. El valor histórico de las
visiones de Catharine no es admitido universalmente. Monseñor Timoni, Arzobispo
de Esmirna, escribe, refiriéndose a Panaguia-Kapouli: "Cada uno es completamente
libre de tener su propia opinión". Finalmente, la concordancia entre
las condiciones de la casa en ruinas de Panaguia-Kapouli y
la descripción de Catharine no prueban necesariamente la verdad de
su afirmación en cuanto a la historia del edificio. (120)
Argumentos contra Jerusalén
Se esgrimen dos consideraciones contrarias a la
residencia permanente de Nuestra Señora en Jerusalén: primero, se ha
señalado ya que S. Juan no se quedó permanentemente en
la Ciudad Sagrada; segundo, se dice que los judíos cristianos
dejaron Jerusalén durante los periodos de persecución judía (cf. Hechos
8:1; 12:1).
Mas como no podemos suponer que S. Juan
haya llevado consigo a Nuestra Señora en sus expediciones apostólicas,
debemos creer que la dejó al cuidado de sus amigos
o parientes durante los periodos de su ausencia. Y existen
pocas dudas de que muchos cristianos regresaron a Jerusalén cuando
cesaron los peligros de las persecuciones.
Argumentos a favor de Jerusalén.
Independientemente
de estas consideraciones, se puede apelar a las siguientes razones
que apoyan la muerte y enterramiento de María en Jerusalén:
En
el año 451, Juvenal, Obispo de Jerusalén, testificó sobre la
presencia de la tumba de María en Jerusalén. Es extraño
que ni S. Jerónimo, ni el Peregrino de Burdeos ni
tampoco pseudo-Silvia proporcionen ninguna evidencia sobre un lugar tan sagrado.
Sin embargo, cuando el emperador Marcion y la emperatriz Pulqueria
le pidieron a Juvenal que enviara los restos sagrados de
la Virgen María de su tumba en Getsemaní a Constantinopla,
donde tenían la intención de dedicarle una nueva iglesia a
Nuestra Señora, el obispo citó una antigua tradición que decía
que el cuerpo sagrado había sido asunto al cielo, y
sólo envió a Constantinopla el ataud y el sudario. Esta
narración se basa en la autoridad de un tal Eutimio,
cuyo relato fue incluido en una homilía de S. Juan
Damasceno (121) que actualmente se lee en el Nocturno segundo
del cuarto día de la octava de la Asunción. Scheeben
(12) es de la opinión que las palabras de Eutimio
son una interpolación posterior: no encajan en el contexto; contienen
una apelación a pseudo-Dionisio (123) que, por otra parte, no
es mencionada antes del siglo VI; y son poco fiables
en su conexión con el nombre del Obispo Juvenal, quien
fue acusado de falsificar documentos por el Papa S. León.
(124) En su carta, el pontífice le recuerda al obispo
los sagrados lugares que tiene ante sus ojos, pero no
menciona la tumba de María. (125) Si se considera que
este silencio es puramente fortuito, la principal pregunta sigue siendo,
¿cuánta verdad histórica hay en el relato de Eutimio acerca
de las palabras de Juvenal?
Se debe mencionar aquí el apócrifo
"Historia dormitionis et assumptionis B.M.V.", que reivindica a S. Juan
por autor. (126) Tischendorf opina que las partes más importantes
de la obra se remontan al siglo IV, quizás incluso
al siglo II. (127) Aparecieron variaciones del texto original en
árabe, sirio y en otras lenguas; entre estas variaciones hay
que destacar una obra llamada "De transitu Mariae Virg.", que
apareció bajo la firma de S. Melitón de Sardes. (128)
El Papa Gelasio incluye este trabajo entre las obras prohibidas.
(129) Los incidentes extraordinarios que estas obras relacionan con la
muerte de María carecen de importancia aquí; sin embargo, sitúan
sus últimos momentos y su entierro en o cerca de
Jerusalén. Otra evidencia a favor de la existencia de una tradición
que sitúa la tumba de María en Getsemaní la consituye
la basílica que fue erigida sobre el lugar sagrado, hacia
finales del siglo IV o comienzos del V. La iglesia
actual fue construida por los latinos en el mismo lugar
en que se había levantado el antiguo edificio. (130)
En la
primera parte del siglo VII, Modesto, Obispo de Jerusalén, localizó
el tránsito de Nuestra Señora en el Monte Sión, en
la casa que contenía el Cenáculo y la habitación del
piso superior de Pentecostés. (131) En esta época, una sola
iglesia cubría las localidades consagradas por estos varios misterios. Es
asombrosa la tardía evidencia de una tradición que llegó a
estar tan extendida a partir del siglo VII.
Otra tradición
se conserva en el "Commemoratorium de Casis Dei" dirigida a
Carlomagno. (132) Sitúa la muerte de María en el monte
de los Olivos, donde se levanta una iglesia que se
dice que conmemora este suceso. Es posible que el escritor
intentara relacionar el tránsito de María con la iglesia de
la Asunción, del mismo modo que la tradición gemela lo
conectaba con el cenáculo. De cualquier manera, se puede concluir
que alrededor del comienzo del siglo V existía una tradición
bastante extendida que sostenía que María había muerto en Jerusalén
y había sido enterrada en Getsemaní. Esta tradición parece descansar
sobre bases más sólidas que la versión de que Nuestra
Señora murió y fue enterrada en o cerca de Efeso.
Dado que al llegar a este punto carecemos de documentación
histórica, resultaría difícil establecer la relación de cualquiera de las
dos tradiciones con los tiempos apostólicos. (133)
Conclusión
Hemos visto
que no hay seguridad absoluta sobre el lugar en el
que María vivió después del día de Pentecostés. Aunque es
más probable que permaneciera ininterrumpidamente en o cerca de Jerusalén,
puede haber residido durante un tiempo en las cercanías de
Efeso, y ello puede haber originado la tradición de su
muerte y enterramiento en Efeso. Existe aún menos información histórica
referente a los incidentes particulares de su vida. S. Epifanio
(134) duda incluso de la realidad de la muerte de
María; pero la creencia universal de la Iglesia no coincide
con la opinión privada de S. Epifanio.
La muerte de
María no fue necesariamente una consecuencia de la violencia; ni
tampoco fue una expiación o un castigo, ni el resultado
de una enfermedad de la que, como su divino Hijo,
ella fue eximida. Desde la Edad Media prevalece la opinión
que murió de amor, ya que su gran deseo era
reunirse con su Hijo ya fuera disolviendo los lazos entre
cuerpo y alma o rogando a Dios para que El
los disolviese. Su muerte fue un sacrificio de amor que
completó el sacrificio doloroso de su vida. Es la muerte
con el beso del Señor (in osculo Domini), de la
que mueren los justos. No hay una tradición cierta sobre
el año en que murió María. Baronio en sus Anales
se apoya en un pasaje del Chronicon de Eusebio para
asumir que María murió en el 48 d. de J.C.
Hoy se cree que este pasaje del Chronicon es una
interpolación posterior. (135) Nirschl se basa en una tradición encontrada
en Clemente de Alejandría (136) y Apolonio (137) que se
refiere al mandato de Nuestro Señor a los Apóstoles para
que fueran a predicar doce años en Jerusalén y Palestina
antes de extenderse a las naciones del mundo; a partir
de esto, él también llega a la conclusión de que
María murió en el 48 d.C.
Su asunción a los cielos.
La
Asunción de Nuestra Señora a los cielos ha sido tratada
en un artículo especial. (138) La festividad de la Asunción
es probablemente la más antigua de todas las festividades de
María propiamente dichas. (139) En cuanto al arte, la Asunción
ha sido un tema favorito de la Escuela de Siena,
que generalmente representa a María siendo elevada a los cielos
en una mandorla.
[111] Labbe, Collect. Concilior., III, 573 [112] Eusebius,
Hist. Eccl., III, 31; V, 24, P.G., XX, 280, 493
[113] cf. Assemani, Biblioth. orient., Rome, 1719-1728, III, 318 [114]
de fest. D.N.J.X., I, vii, 101 [115] cf. Arnaldi, super
transitu B.M.V., Genes 1879, I, c. I [116] Mém. pour
servir à l´histoire ecclés., I, 467-471 [117] Dict. de la
Bible, art. Jean, Marie, Paris, 1846, II, 902; III, 975-976
[118] cf. Le Camus, Les sept Eglises de l´Apocalypse, Paris,
1896, 131-133. [119] cf. Polycrates, in Eusebius´s Hist. Eccl., XIII,
31, P.G., XX, 280 [120] In connection with this controversy,
see Le Camus, Les sept Eglises de l´Apocalypse, Paris, 1896,
pp. 133-135; Nirschl, Das Grab der hl. Jungfrau, Mainz, 1900;
P. Barnabé, Le tombeau de la Sainte Vierge a Jérusalem,
Jerusalem, 1903; Gabriélovich, Le tombeau de la Sainte Vierge à
Ephése, réponse au P. Barnabé, Paris, 1905. [121] hom. II
in dormit. B.V.M., 18 P.G., XCVI, 748 [122] Handb. der
Kath. Dogmat., Freiburg, 1875, III, 572 [123] de divinis Nomin.,
III, 2, P.G., III, 690 [124] et. XXIX, 4, P.L.,
LIV, 1044 [125] ep. CXXXIX, 1, 2, P.L., LIV, 1103,
1105 [126] cf. Assemani, Biblioth. orient., III, 287 [127] Apoc.
apocr., Mariae dormitio, Leipzig, 1856, p. XXXIV [128] P.G., V,
1231-1240; cf. Le Hir, Etudes bibliques, Paris, 1869, LI, 131-185
[129] P.L., LIX, 152 [130] Guerin, Jerusalem, Paris, 1889, 346-350;
Socin-Benzinger, Palastina und Syrien, Leipzig, 1891, pp. 90-91; Le Camus,
Notre voyage aux pays bibliqes, Paris, 1894, I, 253 [131]
P.G., LXXXVI, 3288-3300 [132] Tobler, Itiner, Terr. sanct., Leipzig, 1867,
I, 302 [133] Cf. Zahn, Die Dormitio Sanctae Virginis und
das Haus des Johannes Marcus, in Neue Kirchl. Zeitschr., Leipzig,
1898, X, 5; Mommert, Die Dormitio, Leipzig, 1899; Séjourné, Le
lieu de la dormition de la T.S. Vierge, in Revue
biblique, 1899, pp.141-144; Lagrange, La dormition de la Sainte Vierge
et la maison de Jean Marc, ibid., pp. 589, 600.
[134] haer. LXXVIII, 11, P.G., XL, 716 [135] cf. Nirschl,
Das Grab der hl. Jungfrau Maria, Mainz, 1896, 48 [136]
Stromat. vi, 5 [137] in Eus., Hist. eccl., I, 21
[138] The reader may consult also an article in the
"Zeitschrift fur katholische Theologie", 1906, pp. 201 sqq. [139] ;
cf. "Zeitschrift fur katholische Theologie", 1878, 213.
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interesante estas nuevas informaciones(para mi) respecto a Maria, solo que algo confusas, les agradeceria me enseñaran algo mas exacto sobre la ascencion de Maria, donde y cuando fue entregado como un dogma de fe para nosotros los catolicos.-
que El señor les bendiga y les envie su espiritu Santo para seguir enseñandonos a los mas humildes
atte.
Sigisfredo Raul
Felicidades, la explicación esta muy completa y comprensible y como casi todas las cosas de Dios, nunca sabremos exactamente que y cómo sucedieron algunas cosas pero gracias a nuestra fe seguimos viviendo en las cosas de Cristo Jesús.
Dichosos los que sin haber vista creemos en El.
Gracias por compartir sus conocimientos, Dios los bendiga hoy y siempre.
Leyendo lo anterior, indica que la Asunción de María no es un acto de Fé, y no tenemos porqué creer en ello.
Porqué no se aclara entonces y se quita dicha conmemoración, y lo que es mas dejarla de enseñar en el catecismo a los niños. Y decir que murió como cualquier otro humano, en estado de Gracia.
bellisimo art. me fascinan las visiones de Catharina Emmerich. Soy gran devoto de la virgen, De Jesus y sus santisimas Llagas (revelaciones de Sta. Maria Marta Chambon) y de Jesus Sacramentado.