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Autor: Enciclopedia Católica | Fuente: www.enciclopediacatolica.com 1. María: profetizada en el Antiguo Testamento.
Enciclopedia Católica. ¿Existen pasajes bíblicos que anuncien la llegada de María, como los hay de Jesucristo? Si en los Evangelios casi no se habla de María, ¿cómo sabemos dónde vivió, con quién, cómo era...? ¿Cómo trataron los primeros cristianos a Marí
1. María: profetizada en el Antiguo Testamento.
El Antiguo Testamento se refiere a Nuestra Señora tanto en
sus profecías como en sus tipos o figuras.
Génesis 3:15
La primera
profecía referente a María se encuentra en los capítulos iniciales
del Libro del Génesis (3:15): "Pondré enemistad entre ti y
la mujer, y entre tu linaje y el suyo; ella
te aplastará la cabeza y tú estarás al acecho de
su talón". Esta versión parece diferir en dos aspectos del
texto original hebreo:
En primer lugar, el texto hebreo emplea el
mismo verbo para las dos versiones traducidas "ella te aplastará"
y "tú estarás al acecho"; la Septuaginta traduce el verbo
en ambos casos por "terein" (estar al acecho); Aquila, Símaco
y los traductores sirios y samaritanos traducen el verbo hebreo
por expresiones que significan aplastar, magullar; el Itala traduce el
"terein" utilizado en la Septuaginta con el término latino de
"servare" , vigilar; S. Jerónimo (1) sostiene que el verbo
hebreo tiene el significado de "aplastar" o "magullar" más que
el de "estar al acecho", "vigilar". Sin embargo en su
propio trabajo, que se convirtió en la Vulgata latina, el
santo emplea el término "aplastar" (conterere) en primer lugar, y
"estar al acecho" (insidiari) en segundo. Por tanto el castigo
infligido a la serpiente y la venganza de ésta están
expresadas con el mismo verbo: pero la herida sufrida por
la serpiente es mortal, ya que afecta a la cabeza,
mientras que la herida causada por ella no es mortal,
ya que es infligida en el talón.
El segundo punto de
diferencia entre el texto hebreo y nuestra versión se refiere
al agente que va a infligir la herida mortal a
la serpiente: nuestra versión coincide con el texto actual de
la Vulgata en traducir "ella"(ipsa) que se refiere a la
mujer, mientras que el texto hebreo traduce "hu´" (autos, ipse)
que se refiere a la descendencia de la mujer. Según
nuestra versión y la traducción de la Vulgata, será la
mujer quien obtenga la victoria; según el texto hebreo, ella
vencerá a través de su descendencia. Es en este sentido
en el que la Bula "Ineffabilis" atribuye la victoria a
Nuestra Señora. La versión "ella" (ipsa) no es ni una
corrupción intencionada del texto original ni un error accidental, sino
que es una versión explicativa que expresa explícitamente el hecho
de la participación de Nuestra Señora en la victoria sobre
la serpiente, que está contenido de manera implícita en el
original hebreo. La fuerza de la tradición cristiana referente a
la participación de María en esta victoria puede deducirse del
hecho de que S.Jerónimo mantuviera "ella" en su versión a
pesar de su familiaridad con el texto original y con
la traducción "él" (ipse)en la antigua versión latina.
Dado que
es comúnmente admitido que el juicio divino se dirige no
tanto contra la serpiente como contra el causante del pecado,
la descendencia de la serpiente hace referencia a los seguidores
de la serpiente, la "progenie de víboras", la "generación de
víboras", aquellos cuyo padre es el Diablo, los hijos del
mal, imitando, non nascendo (Agustín) (2).
Puede darse la tentación
de comprender la descendencia de la mujer en un sentido
colectivo análogo, abarcando a todos los nacidos de Dios. Pero
"descendencia" puede no sólo referirse a una persona en particular,
sino que generalmente tiene dicho significado, si el contexto lo
permite. S. Pablo (Gálatas 3:16) da esta explicación de la
palabra "descendencia" tal como aparece en las promesas de los
patriarcas: "A Abraham y a su descendencia fueron hechas las
promesas. No dice a sus descendencias, como de muchas, sino
de una sola: "Y a tu descendencia", que es Cristo.
Finalmente la expresión "la mujer" en la frase "Pondré enemistad
entre ti y la mujer" es una traducción literal del
texto hebreo. La Gramática Hebrea de Gesenius-Kautzsch (3) establece la
norma: es un rasgo peculiar del hebreo el uso del
artículo para indicar una persona o cosa todavía desconocida o
que todavía está por describir con claridad, ya se encuentre
presente o tenga que considerarse bajo las condiciones del contexto.
Dado que nuestro artículo indefinido cumple este propósito, se podría
traducir: "Pondré enemistad entre ti y una mujer".
Por tanto
la profecía promete una mujer, Nuestra Señora, que será la
enemiga de la serpiente en un grado sobresaliente. Además, la
misma mujer saldrá vencedora sobre el Demonio, al menos a
través de su hijo. La rotundidad de la victoria es
subrayada por la frase contextual "comerás tierra", que es según
Winckler (4) una antigua y común expresión oriental que denota
la máxima humillación. (5)
Isaías 7:1-17
La segunda profecía referente a María
se encuentra en Isaías 7:1-17. Los críticos se han empeñado
en representar este pasaje como una combinación de sucesos y
palabras del profeta escritos por un autor desconocido (6). La
credibilidad del contenido no resulta necesariamente afectada por esta teoría,
ya que las tradiciones proféticas pueden quedar registradas por cualquier
escritor sin perder por ello su credibilidad. Pero incluso Duhm
considera la teoría como un intento aparente por parte de
los críticos de averiguar hasta dónde están dispuestos a aguantar
pacientemente los lectores; opina que es una verdadera desgracia para
la crítica en cuanto tal el que haya encontrado un
mero compendio en un pasaje que describe tan gráficamente la
hora del nacimiento de la fe.
Según II Reyes 16:1-4, y
II Paralipómenos 27:1-8, Ajaz, que comenzó su reinado en el
736 a. C., profesaba abiertamente la idolatría, de forma que
Dios lo dejó a merced de los reyes de Siria
e Israel. Al parecer se había establecido una alianza entre
Pecaj, rey de Israel, y Rasín, rey de Damasco, con
el propósito de ofrecer resistencia a las agresiones asirias. Ajaz,
partidario de los asirios, no se unió a la coalición;
los aliados invadieron su territorio, con la intención de sustituir
a Ajaz por un gobernante más complaciente, un cierto hijo
de Tabeel. Mientras Rasín estaba ocupado en reconquistar la ciudad
costera de Elat, Pecaj procedió en solitario contra Judá, "pero
no pudieron prevalecer". Una vez Elat hubo caído, Rasín unió
sus fuerzas a las de Pecaj; "Siria y Efraím se
habían confederado" y "tembló su corazón (de Ajaz) y el
corazón del pueblo, como tiemblan los árboles del monte a
impulsos del viento". Había que hacer preparativos inmediatos para un
asedio prolongado, y Ajaz se encontraba intensamente ocupado en las
proximidades de la piscina superior, de la cual recibía la
ciudad la mayor parte de su suministro de agua. De
ahí que Dios le diga a Isaías: "Sal luego al
encuentro de Ajaz ... al cabo del acueducto de la
piscina superior". El encargo del profeta es de naturaleza extremadamente
consoladora: "Mira bien no te inquietes, no temas nada y
ten firme corazón ante esos dos cabos de tizones humeantes".
El plan de los enemigos no tendrá éxito: "no aguantará
y esto no sucederá". ¿Cuál será el destino concreto de
los enemigos?
Siria no ganará nada, permanecerá como había estado en
el pasado: "la cabeza de Siria es Damasco, y la
cabeza de Damasco es Rasín."
Efraím también permanecerá en el futuro
inmediato como había estado hasta ese momento: "la cabeza de
Efraím es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo
de Romelia"; pero al cabo de sesenta y cinco años
será destruida, "dentro de sesenta y cinco años Efraím habrá
dejado de ser pueblo".
Ajaz había abandonado al Señor por
Moloc, y había depositado su confianza en una alianza con
Asiria; de ahí la profecía condicional referente a Judá "si
no crees, no continuarás". La prueba de fe sigue inmediatamente
a continuación: "Pide al Señor, tu Dios, una señal, o
de abajo en lo profundo o de arriba en lo
alto". Ajaz responde con hipocresía: "no la pediré, no tentaré
al Señor", rechazando así declarar su fe en Dios y
prefiriendo la política asiria. El rey prefiere Asiria a Dios,
y Asiria vendrá sobre él: "Hará venir el Señor sobre
ti y sobre tu pueblo, y sobre la casa de
tu padre, días cuales nunca vinieron desde que Efraím se
separó de Judá con el rey de los asirios". La
casa de David había ofendido no sólo a los hombres,
sino también a Dios con su incredulidad; por ello, "no
continuará", y, por una ironía del castigo divino, será destruida
por aquellas mismas gentes a las que prefirió antes que
a Dios.
Sin embargo, las promesas mesiánicas hechas a la casa
de David no pueden frustrarse: "El Señor mismo os dará
una señal. He aquí que una virgen concebirá, y dará
a luz un hijo, y será llamado Emmanuel. Y se
alimentará de mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo
malo y elegir lo bueno. Pues antes que el niño
sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra
por la cual temes de esos dos reyes será devastada".
Dejando de lado una serie de preguntas relacionadas con la
explicación de la profecía, debemos limitarnos aquí a la prueba
evidente de que la virgen mencionada por el profeta es
María, la Madre de Cristo. La argumentación se basa en
las premisas de que la virgen mencionada por el profeta
es la madre de Emmanuel, y que Emmanuel es Cristo.
La relación de la virgen con Emmanuel está claramente expresada
en las palabras inspiradas; las mismas indican, asimismo, la identidad
de Emmanuel con Cristo.
La relación de Emmanuel con la señal
divina extraordinaria que iba a ser concedida a Ajaz nos
predispone a ver en la criatura alguien más que un
niño corriente. En 8:8, el profeta le atribuye la propiedad
de la tierra de Judá: "Y tendiendo sus brazos cubrirán
toda tu tierra, ¡oh Emmanuel!". En 9:6, se dice que
el gobierno de la casa de David descansa sobre sus
hombros, y se le describe como poseedor de cualidades superiores
a las humanas: "nos ha nacido un niño, nos ha
sido dado un hijo, que tiene sobre su hombro la
soberanía, y que se llamará maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre
sempiterno, Príncipe de la paz".
Finalmente, el profeta llama a
Emmanuel "vara del tronco de Jesé", agraciado con "el espíritu
del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de
consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor
de Dios"; su venida irá seguida de los signos generales
de la era mesiánica, y los que queden del pueblo
escogido serán de nuevo el pueblo de Dios (11:1-16).
Cualquier oscuridad
o ambigüedad que pudiera haber en el texto profético es
eliminada por S. Mateo (1:18-25). Después de narrar las dudas
de San José y la reafirmación del angel "lo concebido
en ella es obra del Espíritu Santo", el evangelista continúa:
"Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el
Señor había anunciado por el profeta, que dice: He aquí
que una virgen concebirá y parirá un hijo, y le
pondrá por nombre Emmanuel". No es necesario que repitamos la
explicación del pasaje dada por comentaristas católicos que responden a
las objeciones que se han hecho contra el significado obvio
del evangelista. De todo lo anterior se puede deducir que
María es mencionada en la profecía de Isaías como madre
de Jesucristo; a la luz de la referencia a la
profecía hecha por S. Mateo, se puede añadir que ésta
predijo también la virginidad de María, intacta en la concepción
de Emmanuel (7).
Miqueas 5:2-3
Una tercera profecía referente a Nuestra Señora
se encuentra en Miqueas 5:2-3: "Y tú, Belén de Efrata,
pequeño para ser contado entre las familias de Judá, de
ti me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes vienen
del comienzo, de los días de la eternidad. Los entregará
hasta el tiempo en que la que ha de parir
parirá, y el resto de sus hermanos volverá a los
hijos de Israel". Aunque el profeta (750-660 a. de C.,
aproximadamente) fue contemporáneo de Isaías, su actividad profética comenzó un
poco más tarde y finalizó un poco antes que la
de Isaías. No cabe ninguna duda de que los judíos
consideraban que las predicciones anteriores se referían al Mesías. Según
S. Mateo (2:6), cuando Herodes preguntó a los sumos sacerdotes
y escribas dónde iba a nacer el Mesías, le respondieron
con las palabras de la profecía, "Y tú Belén, tierra
de Judá, ..." Según S. Juan (7:42), el populacho judío
reunido en Jerusalén para la celebración de la fiesta formuló
la pregunta retórica: "¿No dice la Escritura que del linaje
de David y de la aldea de Belén, de donde
era David, ha de venir el Mesías?". La paráfrasis caldea
de Miqueas 5:2 confirma la misma opinión: "De ti me
saldrá el Mesías, que señoreará en Israel". Las mismas palabras
de la profecía no admiten prácticamente otra explicación; pues "sus
orígenes son del comienzo, desde los días de la eternidad".
Mas,
¿cómo se refiere la profecía a la Virgen María? Nuestra
Señora es mencionada con la frase "hasta el tiempo en
que la que ha de parir parirá". Es cierto que
"la que ha de parir" se ha referido también a
la Iglesia (S. Jerónimo, Teodoreto), o al grupo de gentiles
que se unieron a Cristo (Ribera, Mariana), o también a
Babilonia (Calmet); pero, por una parte, no hay apenas relación
suficiente entre ninguno de estos sucesos y el redentor prometido;
por otra parte, el pasaje debería decir "hasta el tiempo
en que la que es estéril parirá" si el profeta
se hubiera referido a cualquiera de dichos sucesos. Tampoco puede
"la que ha de parir" referirse a Sión: Sión es
mencionada sin sentido metafórico antes y después de este pasaje,
de modo que no se puede esperar que el profeta
recurra de repente a un lenguaje figurado. Mas aún, si
se explica así la profecía, no tendría un sentido cabal.
Las frases contextuales "el señor de Israel", "sus orígenes", que
en hebreo implica nacimiento, y "sus hermanos" hacen referencia a
un individuo, no a una nación; de ello se deduce
que el parto debe referirse a esa misma persona. Se
ha mostrado que la persona que gobernará es el Mesías;
por ello, "la que ha de parir" debe referirse a
la madre de Cristo, Nuestra Señora. Así explicado, todo el
pasaje aparece claro: el Mesías ha de nacer en Belén,
un pueblo insignificante de Judá; su familia debe estar reducida
a la pobreza y la oscuridad antes del momento de
su nacimiento; como esto no puede suceder si la teocracia
permanece intacta, si la casa de David continúa floreciendo, "por
ello los entregará hasta el tiempo en que la que
ha de parir parirá" al Mesías. (8)
Jeremías 21:22
Una cuarta profecía
referente a María se encuentra en Jeremías 21:22: "El Señor
ha creado algo nuevo sobre la tierra: una mujer conseguirá
un hombre". El texto del profeta Jeremías ofrece no pocas
dificultades para el intérprete científico; nosotros seguiremos la versión de
la Vulgata latina del original hebreo. Pero incluso esta traducción
ha sido explicada de muchas formas diferentes: Rosenmuller y muchos
intérpretes protestantes conservadores defienden la versión "una mujer protegerá a
un hombre", mas tal argumento difícilmente podría inducir a los
hombres de Israel a retornar a Dios. La explicación "una
mujer buscará a un hombre" apenas está de acuerdo con
el texto; además, tal inversión del orden natural es presentada
en Isaías 4:1 como una señal de la más absoluta
catástrofe. La versión de Ewald "una mujer se convertirá en
un hombre" es muy poco fiel al texto original. Otros
comentaristas ven en la mujer un símil de la Sinagoga
o de la Iglesia, en el hombre un símil de
Dios, de modo que pueden explicar la profecía "Dios morará
de nuevo en medio de la Sinagoga (o del pueblo
de Israel)" o "la Iglesia protegerá la tierra con sus
valientes hombres". Pero el texto hebreo difícilmente evoca ese significado;
además, esa explicación convertiría ese pasaje en una tautología: "Israel
retornará a su Dios, ya que Israel amará a su
Dios".
Algunos autores recientes traducen el original hebreo por: "Dios
crea algo nuevo sobre la tierra: la mujer (esposa) retorna
al hombre (su marido)". Según la ley antigua (Deuteronomio 24:1-4;
Jeremías 3:1), el marido no podía volver a aceptar a
su mujer una vez que la había repudiado; pero el
Señor introducirá una novedad al permitir a la mujer infiel,
o lo que es lo mismo, la nación culpable, volver
a la amistad con Dios. Esta explicación se basa en
una corrección aventurada del texto; además, no implica necesariamente el
significado mesiánico que se espera del pasaje.
Los Padres griegos siguen
generalmente la versión de la Septuaginta, "El Señor ha creado
salvación en una nueva plantación, los hombres caminarán seguros"; mas
S. Atanasio (9) combina la versión de Aquila dos veces
"Dios ha creado algo nuevo en la mujer" con la
de la Septuaginta, diciendo que la nueva plantación es Jesucristo,
y que lo nuevo creado en la mujer es el
cuerpo del Señor, concebido en la mujer virgen sin la
participación del hombre. También S. Jerónimo (10) entiende el texto
profético de la virgen que concibe al Mesías. Esta explicación
del pasaje concuerda con el texto y con el contexto.
Como la Palabra Encarnada poseyó desde el primer instante de
su concepción todas sus perfecciones, exceptuando aquellas relacionadas con su
desarrollo corporal, es correcto afirmar que su madre "conseguirá un
hombre". No es necesario señalar que tal condición en una
criatura recién concebida es denominada, con razón, "algo nuevo sobre
la tierra". El contexto de la profecía describe, después de
una breve introducción general (30:1-3), la futura libertad de Israel
y la restauración en cuatro estancias: 30:4-11, 12-22; 30:23; 31:14,
15-26; las tres primeras estancias terminan con la esperanza del
tiempo mesiánico. La cuarta debería esperarse también que tuviera un
final similar. Además, la profecía de Jeremías, pronunciada alrededor del
589 a. de C. y entendida en el sentido que
se acaba de referir, concuerda con las expectativas mesiánicas contemporáneas
basadas en Isaías 7:14; 9:6; Miqueas 5:3. Según Jeremías, la
madre de Cristo se diferencia de las otras madres en
que su Hijo, incluso cuando aún está en su vientre,
tiene todas las propiedades que constituyen la verdadera naturaleza humana
(11). El Antiguo Tetamento se refiere indirectamente a María en
aquellas profecías que predicen la encarnación del Verbo de Dios.
Tipos
y figuras de María en el Antiguo Testamento.
Para estar seguros
del significado de un tipo, este significado debe ser revelado,
es decir, debe habernos sido transmitido a través de la
Sagrada Escritura o de la tradición. Algunos escritores piadosos han
desarrollado por su cuenta numerosas analogías entre ciertos datos del
Antiguo Testamento y los datos correspondientes del Nuevo Testamento; sin
embargo, por muy ingeniosas que estas correlaciones puedan ser, no
demuestran que Dios tuviera de hecho la intención de transmitir
en los textos inspirados del Antiguo Testamento las verdades de
la correspondencia establecida.
Por otra parte, debe tenerse presente que
no todas las verdades contenidas ya sea en las Escrituras
o en la tradición han sido explícitamente propuestas a los
creyentes como verdades de fe por definición expresa de la
Iglesia. De acuerdo con el principio "Lex orandi est lex
credenti" debemos tratar al menos con reverencia las innumerables sugerencias
contenidas en la liturgia y oraciones oficiales de la Iglesia.
De esta forma es como debemos considerar muchos de los
tratamientos otorgados a Nuestra Señora en la letanía y en
el "Ave maris stella". Las Antífonas y Responsos que se
encuentran en los Oficios recitados en las varias festividades de
Nuestra Señora sugieren un número de tipos referentes a Nuestra
Señora que difícilmente hubieran sido mostrados con tanta viveza de
otra manera a los ministros de la Iglesia. La tercera
antífona de Laudes de la Festividad de la Circuncisión contempla
en "el arbusto que arde sin consumirse" (Exodo 3:2) la
figura de María en la concepción de su Hijo sin
perder su virginidad. La segunda antífona de Laudes del mismo
Oficio contempla en el vellón de lana de Gedeón, húmedo
por el rocío mientras que la tierra a su alrededor
había permanecido seca (Jueces 6:37-38), un tipo de María recibiendo
en su vientre al Verbo Encarnado (12).
El Oficio de
la Bienaventurada Virgen aplica a María muchos de los pasajes
referentes a la esposa del Cantar de los Cantares (13)
y también los referentes a la sabiduría del Libro de
los Proverbios 8:22-31 (14). Un "jardín cerrado, una fuente sellada"
mencionado en Cantares 4:12 aplicado a María es sólo un
ejemplo concreto de todo lo referido anteriormente (15). Además, Sara,
Débora, Judit y Ester son utilizadas como tipos de María;
el arca de la Alianza, sobre la que se manifiesta
la misma presencia de Dios, es utilizada como la figura
de María llevando al Verbo Encarnado en su vientre. Pero
es especialmente Eva, la madre de todos los vivientes (Génesis
3:20), la que es considerada como un tipo de María,
que es la madre de todos los vivientes en el
orden de la gracia (16).
[1] Quaest. hebr. in Gen., P.L.,
XXIII, col. 943 [2] cf. Wis., ii, 25; Matt., iii,
7; xxiii, 33; John, viii, 44; I, John, iii, 8-12.
[3] Hebräische Grammatik, 26th edit., 402 [4] Der alte Orient
und die Geschichtsforschung, 30 [5] cf. Jeremias, Das Alte Testament
im Lichte des alten Orients, 2nd ed., Leipzig, 1906, 216;
Himpel, Messianische Weissagungen im Pentateuch, Tubinger theologische Quartalschrift, 1859; Maas,
Christ in Type and Prophecy, I, 199 sqq., New York,
1893; Flunck, Zeitschrift für katholische Theologie, 1904, 641 sqq.; St.
Justin, dial. c. Tryph., 100 (P.G., VI, 712); St. Iren.,
adv. haer., III, 23 (P.G., VII,, 964); St. Cypr., test.
c. Jud., II, 9 (P.L., IV, 704); St. Epiph., haer.,
III, ii, 18 (P.G., XLII, 729). [6] Lagarde, Guthe, Giesebrecht,
Cheyne, Wilke. [7] cf. Knabenbauer, Comment. in Isaiam, Paris, 1887;
Schegg, Der Prophet Isaias, Munchen, 1850; Rohling, Der Prophet Isaia,
Munster, 1872; Neteler, Das Bush Isaias, Munster, 1876; Condamin, Le
livre d´Isaie, Paris, 1905; Maas, Christ in Type and Prophecy,
New York, 1893, I, 333 sqq.; Lagrange, La Vierge et
Emmaneul, in Revue biblique, Paris, 1892, pp. 481-497; Lémann, La
Vierge et l´Emmanuel, Paris, 1904; St. Ignat., ad Eph., cc.
7, 19, 19; St. Justin, Dial., P.G., VI, 144, 195;
St. Iren., adv. haer., IV, xxxiii, 11. [8] Cf. the
principal Catholic commentaries on Micheas; also Maas, "Christ in Type
and Prophecy, New York, 1893, I, pp. 271 sqq. [9]
P.G., XXV, col. 205; XXVI, 12 76 [10] In Jer.,
P.L., XXIV, 880 [11] cf. Scholz, Kommentar zum Propheten Jeremias,
Würzburg, 1880; Knabenbauer, Das Buch Jeremias, des Propheten Klagelieder, und
das Buch Baruch, Vienna, 1903; Conamin, Le texte de Jeremie,
xxxi, 22, est-il messianique? in Revue biblique, 1897, 393-404; Maas,
Christ in Type and Prophecy, New York, 1893, I, 378
sqq.. [12] cf. St. Ambrose, de Spirit. Sanct., I, 8-9,
P.L., XVI, 705; St. Jerome, Epist., cviii, 10; P.L., XXII,
886. [13] cf. Gietmann, In Eccles. et Cant. cant., Paris,
1890, 417 sq. [14] cf. Bull "Ineffabilis", fourth Lesson of
the Office for 10 Dec.. [15] Response of seventh Nocturn
in the Office of the Immaculate Conception. [16] cf. St.
Justin, dial. c. Tryph., 100; P.G., VI, 709-711; St. Iren.,
adv. haer., III, 22; V, 19; P.G., VII, 958, 1175;
Tert., de carne Christi, 17; P.L., II, 782; St. Cyril.,
catech., XII, 15; P.G., XXXIII, 741; St. Jerome, ep. XXII
ad Eustoch., 21; P.L., XXII, 408; St. Augustine, de agone
Christi, 22; P.L., XL, 303; Terrien, La Mère de Dien
et la mère des hommes, Paris, 1902, I, 120-121; II,
117-118; III, pp. 8-13; Newman, Anglican Difficulties, London, 1885, II,
pp. 26 sqq.; Lecanu, Histoire de la Sainte Vierge, Paris,
1860, pp. 51-82.
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