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Ciudad del Vaticano, 17 de marzo de 2013 (Zenit.org)
Durante su
primer rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro,
el papa Francisco convocó a una cantidad de fieles que,
según cifras oficiales, habrían superado las 150.000 personas. Es así
que vienen a verlo y escucharlo de todos los países,
movimientos apostólicos, seminaristas y familias religiosas, sin exceptuar a los
turistas y curiosos que no dejan de sorprenderse ante tanta
alegría, de un día a otro, "como si hubiera resucitado
un muerto", decía alguno. Una "primavera cristiana", le llaman otros...
Asomado
desde la habitual ventana pontificia, el santo padre saludó con
el ¡Buenos días! afectuoso que ya se le conoce, y
que sería el mismo que usaba al salir de su
casa en Buenos Aires al encontrarse con el portero, el
vendedor de diarios o su peluquero.
No ocultó su felicidad de
que esta vez el encuentro con los fieles fuera en
domingo, en el día del Señor. Según el papa, este
día es importante para los cristianos, para "encontrarnos, saludarnos, hablarnos
como ahora aquí, en la plaza".
En una nueva alusión al
poder de los medios de comunicación, destacó que estos, presentes
por centenares hoy en la plaza, le daban a esta
"el tamaño del mundo".
Perdonar siempre
En el quinto domingo de Cuaresma,
su reflexión estuvo centrada en el evangelio que presenta el
episodio de la mujer adúltera (cf. Jn. 8,1-11). De este
pasaje, recordó que Jesús la salva de la condena a
muerte, por lo que invitó a conmoverse con la actitud
de Jesús, de quien "no escuchamos palabras de desprecio, no
escuchamos palabras de condena, sino solo palabras de amor, de
misericordia, que invitan a la conversión".
A sus "hermanos y
hermanas", les hizo ver que el rostro de Dios es
la de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia. Les
preguntó a quienes lo oían casi absortos: "¿Han pensado en
la paciencia de Dios, la paciencia que Él tiene con
cada uno de nosotros?", dando paso a una respuesta de
catequista también él: "Esa es su misericordia (..) Siempre tiene
paciencia, paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se
cansa de perdonarnos si sabemos volver a él con el
corazón contrito".
Tomando una cita de un libro del cardenal Kasper
que ha leído hace poco, enseñó que "un poco de
misericordia vuelve al mundo menos frío y más justo".
Una
anciana pecadora
Para hacer vida las palabras del profeta Isaías, quien
dice que "así nuestros pecados fueran como rojo escarlata, el
amor de Dios los volverá blancos como la nieve", Francisco
contó cómo, en 1992 cuando estaba confesando, tuvo un diálogo
con una "abuelita" en Buenos Aires, quien le dio una
lección mayor que la de un profesor universitario...
En aquella
ocasión, una anciana le pidió confesarse y él, apurado como
estaba por otra cita, le aseguró que a su edad
no tendría pecados... "Todos tenemos pecados", fue la respuesta de
la octogenaria, (y) "si el Señor no perdona todo, el
mundo no existiría".
Gran lección para el entonces neo-obispo, que trajo
al recuerdo para decirles a cada creyente que "Dios nunca
se cansa de perdonar, ¡nunca!"
Sin embargo hay un problema --acotó--,
y "es que no queremos, nos cansamos de pedir perdón".
Por lo cual, animó a los que lo escuchaban, pecadores
todos, que "¡no nos cansemos nunca! Él es un Padre
amoroso que siempre perdona, que tiene un corazón de misericordia
para todos nosotros". Y así cada uno también debe ser
"misericordioso con todos", advirtió.
Antes de rezar el Ángelus y bendecir
a los fieles, pidió la intercesión de la Virgen, "que
tuvo entre los brazos la Misericordia de Dios hecha hombre".
Obispo
de Roma
En una nueva manifestación de cercanía con la sede
episcopal primada, la de Pedro, quizo renovar su "abrazo a
los fieles de Roma (que) extiendo a todos ustedes que
han venido de varias partes de Italia y del mundo,
así como a aquellos que se unen a nosotros a
través de los medios de comunicación".
Les explicó también que con
la elección del nombre del santo patrono de Italia, san
Francisco de Asís, "esto refuerza mi conexión espiritual con esta
tierra, de donde --como ustedes saben--, es el origen de
mi familia".
Al final del encuentro recordó a todos: "¡el Señor
no se cansa de perdonar! Somos nosotros los que nos
cansamos de pedir perdón", mientras se alejaba dejando atrás corazones
inflamados, gritos ahogados y nuevos propósitos que brotan como en
una "primavera cristiana".
No se puede negar que emocionó también escuchar
a una señora romana, quien, llorando de veras, decía ante
los micrófonos de una radio: "Nos ha pedido rezar por
él, necesita oraciones, rezaré siempre por él".
(17 de marzo de
2013) © Innovative Media Inc. |