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Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net ¿Quiénes están llamados a la Gran Misión Continental?
Todos estamos llamados a la Gran Misión Continental: obispos, diáconos, presbíteros,laicos y consagrados.
¿Quiénes están llamados a la Gran Misión Continental?
Los obispos, discípulos misioneros de Jesús Sumo Sacerdote (5.3.1)
188. Los
Obispos, como pastores y guías espirituales de las comunidades a
nosotros encomendadas, estamos llamados a “hacer de la Iglesia una
casa y escuela de comunión”. Como animadores de la comunión
tenemos la misión de acoger, discernir y animar carismas, ministerios
y servicios en la Iglesia. Como padres y centro de
unidad, nos esforzamos por presentar al mundo un rostro de
la Iglesia en la cual todos se sientan acogidos como
en su propia casa. Para todo el Pueblo de Dios,
en especial para los presbíteros, buscamos ser padres, amigos y
hermanos, siempre abiertos al diálogo.
187. El Señor nos llama a
promover por todos los medios, la caridad y la santidad
de los fieles. Nos empeñamos para que el pueblo de
Dios crezca en la gracia mediante los sacramentos […]. Estamos
llamados a ser maestros de la fe y, por tanto,
a anunciar la Buena Nueva que es fuente de esperanza
para todos, a velar y promover con solicitud y coraje
la fe católica. […] tenemos el deber de cultivar de
manera especial los vínculos que nos unen a nuestros presbíteros
y diáconos. Servimos a Cristo y a la Iglesia mediante
el discernimiento de la voluntad del Padre, para reflejar al
Señor en su modo de pensar, de sentir, de hablar
y de comportarse en medio de los hombres. En síntesis,
los obispos hemos de ser testigos cercanos y gozosos de
Jesucristo, Buen Pastor (cf. Jn 10, 1-18).
189. Para crecer
en estas actitudes, los obispos hemos de procurar la unión
constante con el Señor, cultivar la espiritualidad de la comunión
con todos los que creen en Cristo y promover los
vínculos de colegialidad que los unen al Colegio Episcopal, particularmente
con su cabeza, el Obispo de Roma. No podemos olvidar
que el obispo es principio y constructor de la unidad
de su Iglesia particular y santificador de su pueblo, testigo
de esperanza y padre de los fieles, especialmente de los
pobres, y que su principal tarea es ser maestros de
la fe, anunciador de la Palabra de Dios y la
administración de los sacramentos, como servidores de la grey.
Los presbíteros, discípulos misioneros de Jesús Buen Pastor (5.3.2)
199.
El Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíteros-discípulos: que
tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón
del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que
se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía
y de la oración; de presbíteros-misioneros: movidos por la caridad
pastoral, que los lleve a cuidar del rebaño a ellos
confiados y a buscar a los más alejados predicando la
Palabra de Dios, siempre en profunda comunión con su Obispo,
los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos; de presbíteros-servidores de
la vida: que estén atentos a las necesidades de los
más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de
los más débiles y promotores de la cultura de la
solidaridad. También de presbíteros llenos de misericordia, disponibles para administrar
el sacramento de la reconciliación.
200. Todo esto requiere que
en las diócesis y las Conferencias Episcopales desarrollen una pastoral
presbiteral que privilegie la espiritualidad específica y la formación permanente
e integral de los sacerdotes. La Exhortación Apostólica Pastores Dabo
Vobis, enfatiza que: “La formación permanente, precisamente porque es «permanente»,
debe acompañar a los sacerdotes siempre, esto es, en cualquier
período y situación de su vida, así como en los
diversos cargos de responsabilidad eclesial que se les confíen; todo
ello, teniendo en cuenta, naturalmente, las posibilidades y características propias
de la edad, condiciones de vida y tareas encomendadas”[…]
Los diáconos permanentes, discípulos misioneros de Jesús Servidor (5.3.3)
205. Algunos
discípulos y misioneros del Señor son llamados a servir a
la Iglesia como diáconos permanentes, fortalecidos, en su mayoría, por
la doble sacramentalidad del matrimonio y del Orden. Ellos son
ordenados para el servicio de la Palabra, de la caridad
y de la liturgia, especialmente para los sacramentos del Bautismo
y del Matrimonio; también para acompañar la formación de nuevas
comunidades eclesiales, especialmente en las fronteras geográficas y culturales, donde
ordinariamente no llega la acción evangelizadora de la Iglesia.
206. Cada diácono permanente debe cultivar esmeradamente su inserción en
el cuerpo diaconal, en fiel comunión con su obispo y
en estrecha unidad con los presbíteros y demás miembros del
pueblo de Dios. […]
207. Ellos deben recibir una adecuada formación
humana, espiritual, doctrinal y pastoral con programas adecuados, que tengan
en cuenta -en el caso de los que están casados-
a la esposa y su familia. Su formación los habilitará
a ejercer con fruto su ministerio en los campos de
la evangelización, de la vida de las comunidades, de la
liturgia y de la acción social, especialmente con los más
necesitados, dando testimonio así de Cristo servidor al lado de
los enfermos, de los que sufren, de los migrantes y
refugiados, de los excluidos y de las víctimas de la
violencia y encarcelados.
208. La V Conferencia espera de los
diáconos un testimonio evangélico y un impulso misionero para que
sean apóstoles en sus familias, en sus trabajos, en sus
comunidades y en las nuevas fronteras de la misión. […]
Los fieles laicos y laicas, discípulos y misioneros de
Jesús Luz del mundo (5.3.4)
209. Los fieles laicos son “los
cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo”. Son
“hombres de la Iglesia en el corazón del mundo, y
hombres del mundo en el corazón de la Iglesia”.
210. Su misión propia y específica se realiza en el
mundo, de tal modo que con su testimonio y su
actividad contribuyan a la transformación de las realidades y la
creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio. “El
ámbito propio de su actividad evangelizadora es el mismo mundo
vasto y complejo de la política, de realidad social y
de la economía, como también el de la cultura, de
las ciencias y de las artes, de la vida internacional,
de los ‘mass media’, y otras realidades abiertas a la
evangelización, como son el amor, la familia, la educación de
los niños y adolescentes, el trabajo profesional y el sufrimiento”.
Además, tienen el deber de hacer creíble la fe que
profesan mostrando autenticidad y coherencia en su conducta.
211. Los
laicos también están llamados a participar en la acción pastoral
de la Iglesia, primero con el testimonio de su vida
y, en segundo lugar, con acciones en el campo de
la evangelización, la vida litúrgica y otras formas de apostolado
según las necesidades locales bajo la guía de sus pastores.
Ellos estarán dispuestos a abrirles espacios de participación y a
confiarles ministerios y responsabilidades en una Iglesia donde todos vivan
de manera responsable su compromiso cristiano. […]
212. Para cumplir su
misión con responsabilidad personal, los laicos necesitan una sólida formación
doctrinal, pastoral, espiritual y un adecuado acompañamiento para dar testimonio
de Cristo y de los valores del Reino en el
ámbito de la vida social, económica, política y cultural.
Los consagrados y consagradas, discípulos misioneros de Jesús Testigo
del Padre (5.3.5)
216. La vida consagrada es un don del
Padre por medio del Espíritu a su Iglesia[…] Es un
camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a Él
con un corazón indiviso, y ponerse, como Él, al servicio
de Dios y de la humanidad, asumiendo la forma de
vida que Cristo escogió para venir a este mundo: una
vida virginal, pobre y obediente.
217. En comunión con los
Pastores, los consagrados y consagradas son llamados a hacer de
sus lugares de presencia, de su vida fraterna en comunión
y de sus obras, espacios de anuncio explícito del Evangelio,
principalmente a los más pobres, como lo han hecho en
nuestro continente desde el inicio de la evangelización. De este
modo colaboran, según sus carismas fundacionales, con la gestación de
una nueva generación de cristianos discípulos y misioneros, y de
una sociedad donde se respete la justicia y la dignidad
de la persona humana.
219. […] La vida consagrada
se convierte en testigo del Dios de la vida en
una realidad que relativiza su valor (obediencia), es testigo de
libertad frente al mercado y a las riquezas que valoran
a las personas por el tener (pobreza), y es testigo
de una entrega en el amor radical y libre a
Dios y a la humanidad frente a la erotización y
banalización de las relaciones (castidad).
220. […] la vida consagrada
está llamada a ser una vida discipular, apasionada por Jesús-camino
al Padre misericordioso, por lo mismo, de carácter profundamente místico
y comunitario. Está llamada a ser una vida misionera, apasionada
por el anuncio de Jesús-verdad del Padre, por lo mismo,
radicalmente profética, capaz de mostrar a la luz de Cristo
las sombras del mundo actual […]. Y al servicio del
mundo, apasionada por Jesús-vida del Padre, que se hace presente
en los más pequeños y en los últimos a quienes
sirve desde el propio carisma y espiritualidad.
221. De
manera especial, América Latina y El Caribe necesitan de la
vida contemplativa, testigo de que sólo Dios basta para llenar
la vida de sentido y de gozo […].
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