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Autor: Cardenal Tarcisio Bertone | Fuente: Zenit.org El conocimiento es siempre un acontecimiento
Mensaje papal al Meeting organizado por Comunión y Liberación en Rímini
El conocimiento es siempre un acontecimiento
Publicamos el mensaje que ha enviado el cardenal Tarcisio Bertone,
secretario de Estgado, en nombre de Benedicto XVI a la
trigésima edición del "Meeting por la amistad entre los pueblos",
que organiza el movimiento eclesial Comunión y Liberación en la
ciudad italiana de Rímini, y que este año tiene por
lema "El conocimiento es siempre un acontecimiento".
El mensaje fue leído
en la la misa de inauguración en la mañana de
este domingo por monseñor Francesco Lambiasi, obispo de Rímini.
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A su
excelencia monseñor Francesco Lambiasi,
obispo de Rímini:
Excelencia reverendísima:
Con motivo del "Meeting
por la amistad entre los pueblos", que este año celebra
su trigésimo aniversario, me agrada particularmente transmitirle el saludo del
Santo Padre a usted y a cuantos han promovido y
organizado este evento cultural, que en tres décadas ya ha
sido testigo de la participación de miles y miles de
hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, y la intervención de
centenares de relatores sobre la tribunas montadas en los salones
de la feria de Rímini. Ayudados por expertos de las
diferentes disciplinas, por artistas, autoridades religiosas, exponentes del mundo de
la política, de la economía, del deporte, se han podido
afrontar las cuestiones e instancias fundamentales de la existencia humana,
y profundizar en las razones para ser cristianos en nuestra
época. Su Santidad desea que el Meeting siga afrontando los
desafíos y los interrogantes que los tiempos de hoy plantean
a la fe, y respondiendo con la riqueza de la
enseñanza del fallecido monseñor Luigi Giussani, fundador del movimiento eclesial
Comunión y Liberación.
El tema del Meeting 2009 versa sobre
el "conocimiento" que "es siempre un acontecimiento". "Acontecimiento" es una
palabra con la que don Giussani trató de volver a
explicar la naturaleza misma del cristianismo, que para él es
un "encuentro", es decir, un dato experiencial de conocimiento y
de comunión. Precisamente con la unión entre las palabras "acontecimiento"
y "encuentro" es posible percibir mejor el mensaje del Meeting.
La reflexión gnoseológica y epistemológica contemporánea ha sacado a la
luz el papel determinante del sujeto del conocimiento en el
acto mismo del conocimiento. A diferencia de los presupuestos del
"dogma" positivista de la objetividad pura, el principio de indeterminación
de Heisenberg ha hecho evidente cómo esto se aplica incluso
en el caso de las ciencias naturales: en estas disciplinas,
cuyo "objeto" parece estar regulado por invariables leyes de la
naturaleza, la perspectiva del observador es un factor que condiciona
y determina el resultado del experimento científico y, por tanto,
del conocimiento científico como tal. La pura objetividad resulta, por
tanto, una abstracción pura, expresión de una gnoseología inadecuada e
irrealista.
Pero, si esto es válido para las ciencias naturales,
lo es mucho más para aquellos "objetos" de conocimiento que
a su vez están estructuralmente ligados a la libertad de
los hombres, a sus opciones y diversidad. Pensemos en las
ciencias históricas, que se basan sobre testimonios en los que
convergen, como factores influyentes de su manera de comunicar la
realidad que transmiten, las visiones del mundo de quien las
ha compuesto y sus convicciones, a su vez ligadas a
las de su tiempo, sus situaciones personales, las opciones con
las que se han puesto en relación con la realidad
que describen, su envergadura moral, su capacidad y su ingenio,
su cultura. El estudioso tendrá que distinguir, por tanto, todo
esto para comprender y evaluar el significado y la amplitud
del mensaje transmitido en un contexto, actuando como si se
encontrara ante una persona que no conoce todavía bien, pero
que le está contando algo que considera importante. La consecuencia
más relevante de esta situación es que el conocimiento no
puede describirse como la grabación de un espectador desapegado. Es
más, la involucración con el objeto conocido por parte del
sujeto que conoce es la conditio sine qua non del
conocimiento mismo. Por tanto, en la búsqueda de un conocimiento
"objetivo" no hay que perseguir el ideal del desapego y
la falta de involucración, que de todos modos es inútil,
sino más bien la involucración adecuada con el objeto, una
involucración capaz de hacer llegar a quien busca el conocimiento
a su mensaje específico.
Por este motivo el conocimiento puede ser
un "acontecimiento". Esto "acontece" como un auténtico "encuentro" entre un
sujeto y un objeto. El hecho de que este encuentro
sea necesario para que se pueda hablar de conocimiento nos
lleva a ver al sujeto y al objeto no como
dos grandezas que se pueden mantener recíprocamente en aséptica distancia
con el fin de preservar su pureza; sino, por el
contrario, como dos realidades vivas que se influencian recíprocamente precisamente
cuando entran en contacto. La honestidad intelectual de quien conoce
depende de ese arte consumado para "acoger al objeto" de
manera que pueda revelarse a sí mismo como es verdaderamente,
si bien no de una manera integral y exhaustiva. Y
la acogida del objeto, la disponibilidad para la escucha que
caracteriza al sujeto que conoce como verdadero amante de la
verdad, se puede describir como una especie de "simpatía" por
el objeto. Aquí se encuentra, como buena parte del pensamiento
medieval nos ha transmitido, una particular fuerza cognoscitiva propia del
amor. "Amar" significa "querer conocer" y el deseo y la
búsqueda del conocimiento constituyen un empuje interno del amor como
tal. Si se analiza adecuadamente, esto establece una relación imposible
de eliminar entre amor y verdad. El conocimiento presupone por
su naturaleza una cierta "conformación" entre el sujeto y el
objeto: una intuición fundamental, ya condesada en el antiguo axioma
de Empédocles, según el cual "lo semejante conoce lo semejante".
El Evangelista Juan lo recuerda implícitamente, cuando escribe que cuando
Dios "se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos
tal cual es" (1 Juan 3, 2).
Se puede preguntar si
existe un conocimiento más necesario para el hombre que el
conocimiento de su Creador; si hay un conocimiento descrito de
manera más adecuada con la palabra "encuentro" que la relación
fundamental que existe precisamente entre el espíritu del hombre y
el Espíritu de Dios. Se comprende entonces el motivo por
el cual los padres de la Iglesia insistieron en la
necesidad de purificar el ojo del alma para llegar a
ver a Dios, inspirándose en la bienaventuranza evangélica: "Bienaventurados los
limpios de corazón porque verán a Dios" (Mateo 5, 8).
La racionalidad del hombre sólo puede ejercerse, y por tanto
alcanzar su fin propio, que es el conocimiento de la
verdad y de Dios, gracias a un corazón purificado y
que ama sinceramente la verdad que busca. Purificado de este
modo, el espíritu humano puede abrirse a la revelación de
la verdad. Por tanto, se da un misterioso vínculo entre
la bienaventuranza evangélica y las palabras dirigidas por Jesús a
Nicodemo recogidas por san Juan: "Lo nacido de la carne,
es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu... Tenéis que
nacer de lo alto".
El Santo Padre Benedicto XVI desea que
estas palabras de Cristo resuenen en el corazón de los
participantes en la trigésima edición del Meeting de Rímini como
un llamamiento a dirigirse con confianza al Señor, acogiendo su
misteriosa presencia, que es manantial de verdad y de amor
para el hombre y la sociedad.
Con estos sentimientos, mientras
desea pleno éxito y a este evento, imparte a su
excelencia, a los responsables y a todos los participantes una
bendición apostólica especial.
Con gusto uno mis augurios y aprovecho
la oportunidad para transmitir mi aprecio.
Afectísimo en el Señor:
Cardenal Tarcisio
Bertone
Secretario de Estado
[Traducción del original italiano realizada por Jesús
Colina
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