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Autor: Álvaro Correa | Fuente: es.catholic.net Un pozo de Ryan en Roma
Juan Pablo II, con su amor inmenso de padre, se ha acercado al pozo de Ryan como un día lo hizo Cristo al pozo de Jacob
Un pozo de Ryan en Roma
El pasado 16 de octubre, como hace veinticinco años,
la columnata de Bernini abría sus brazos para acoger a
un incontable número de peregrinos venidos para saludar al Papa
eslavo. Ha pasado un cuarto de siglo y un espléndido
atardecer romano ha enmarcado la misa en acción de gracias
por el 25° aniversario de Juan Pablo II en la
sede de san Pedro. Una multitud en fiesta se extendía
como un tapiz colorido. Dicen que “todos los caminos llevan
a Roma”, pero dos peregrinos de esta multitud llegaron desde
Canadá de una manera peculiar: Ryan y su mamá Susan.
Ryan Hreljac es un chico canadiense de doce años. Cuando
tenía seis años escuchó en su escuela la descripción de
la sed que sufren los niños africanos de su misma
edad. Se quedó muy impresionado, como todos sus compañeros, pero
él dio un paso más: de la impresión pasó a
la acción. Con servicios domésticos consiguió 70 dólares, pues había
escuchado que eran suficientes para realizar un pozo. La WaterCan
de Ottawa, una compañía que recoge fondos para África, le
informó que no bastaban 70 dólares para excavar un pozo
sino 2000. Ryan no se dio por vencido y aceptó
el reto de reunir 700 dólares para que el resto
lo cubriera la WaterCan. Su ilusión y tenacidad dieron fruto
y al poco tiempo un pozo de agua brotaba en
la aldea de Angolo, Uganda del Norte. La noticia se
divulgó en Canadá y el proyecto de Ryan creció hasta
convertirse en la fundación Pozo de Ryan. Han pasado seis
años y hoy setenta pozos ofrecen agua fresca en siete
países africanos gracias al impulso generoso de un niño.
Cada persona
en la plaza de san Pedro dejaba la historia de
su vida ante el altar. Allí estaba la de Ryan,
Un pozo de Ryan en Roma
tejida inseparablemente a la de su mamá Susan, una mujer
entusiasta y clarividente que ha ido formando a sus hijos
sobre las columnas de la verdad y de la caridad
cristianas. Ambos tuvieron un recuerdo íntimo para el resto de
la familia que no pudo estar presente: Mark, buen marido
y padre de familia, y los hermanos Jordan y Keegan.
Días
antes, del 9 al 15 de octubre, Ryan se encontraba
en Cremona (Italia), invitado por la Diócesis, a través de
su Federación de Oratorios, para dar su testimonio en diversos
colegios y grupos juveniles. Cuando Ryan habla a los chicos
logra despertar la generosidad hacia las personas más necesitadas. Su
lema es “Making a difference in the world” (haciendo una
diferencia en el mundo) e invita a que cada quien
haga cuanto esté en su mano para ofrecer un mundo
mejor a los demás. A través de su proyecto desea,
en concreto, dar agua limpia a los países de África.
El 12 de octubre, en la plaza del Duomo, la
diócesis de Cremona, con el patrocinio del Ayuntamiento, entregó a
Ryan los fondos recogidos por los niños durante el verano
para su fundación Pozo de Ryan.
Un pozo en las
regiones africanas es una bendición. Su ojo cristalino mira siempre
hacia arriba y custodia en su pupila el reflejo del
cielo. El pozo mira también el rostro de las personas
que se asoman para hablar con él. Les sonríe en
silencio y memoriza su figura con trazos temblorosos. Hay un
pacto de amistad. El círculo sereno de sus aguas solo
se perturba cuando cae de golpe un balde. No sufre
el pozo. El eco del agua sube por su garganta
como un toque jubiloso de trompeta. Quizás Ryan no lo
sepa, pero cada pozo, allá en el fondo, donde se
mezcla la luz externa con las sombras de la tierra,
hay una imagen suya. Cada pozo abierto lleva en sus
aguas el rostro de un niño que ha tendido la
mano al hermano necesitado.
La venida de Ryan y
su mamá Susan a Roma no estaba inicialmente programada, pero
Dios bendice siempre a las almas buenas que dan de
beber a Cristo en las personas sedientas. La caridad cristiana
que nutren los pozos de Ryan ha sido un regalo
ofrecido al Papa en sus 25 años de pontificado.
Ryan y
Susan supieron en la mañana del día 16 que recibirían
la comunión de manos del Santo Padre. Hubo pocas horas
para caer de la sorpresa. Terminada la misa, Ryan contaba
que su corazón latía fuertemente mientras subía la escalinata camino
del altar y las lágrimas de emoción de Susan contaron
el resto.
El vuelo de regreso a Canadá fue el domingo
19 desde Milán. Ryan aprovecharía algunas horas del viaje para
terminar las tareas escolares. Al día siguiente, lunes 20 de
octubre, Ryan montaría nuevamente en su bicicleta roja para ir
a la escuela de San Miguel en Kemptville, Ontario. La
vida continuará su curso ordinario, pero con un nuevo impulso.
Valdría la pena intentar imaginar el rostro de sorpresa de
sus compañeros de escuela cuando Ryan les cuente el panorama
de la ciudad de Roma que vio desde la cúpula
de san Pedro y desde el monte Janícolo, cuando describa
la magnitud del Coliseo, cuando repita el gesto de lanzar
las monedas a la Fuente de Trevi, cuando sienta de
nuevo el alivio de haber recuperado “intacta” la mano de
la “Boca de la verdad”. Pero sobre todo cabría preguntarse
si sus amigos le creerán que el Papa en persona
le dio la comunión. El hecho es que Juan Pablo
II, con su amor inmenso de padre, se ha acercado
al pozo de Ryan como un día lo hizo Cristo
al pozo de Jacob. En esa misa ha vuelto a
escucharse la bienaventuranza de que no quedará sin recompensa quien
dé de beber, por amor a Cristo, un vaso de
agua al prójimo necesitado. ¡Y cuántos vasos de agua fresca
han ofrecido los pozos de Ryan!
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