Autor: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net ¿De qué somos responsables ante Dios y nuestros hermanos?
Somos responsables de vivir o rechazar el plan de Dios que tiene para cada uno de nosotros y para toda la humanidad
¿De qué somos responsables ante Dios y nuestros hermanos?
La respuesta es sencilla y también profunda: somos responsables de
vivir o rechazar el plan de Dios que tiene para
cada uno de nosotros y para toda la humanidad. Somos libres
de aceptar o rehusar nuestra participación.
Una persona es plenamente madura
cuando descubre que lo que es y lo que sabe
es también para ponerlo al servicio de los demás. La respuesta
que dé a este descubrimiento me acercará o me alejará
del plan de Dios. Soy libre en mi decisión. Dentro del
plan de Dios todos tenemos cabida con lo que somos
o tenemos y al responder a este llamado nos hacemos
buenos, nos hacemos más buenos, nos hacemos santos. El ser santo
no es complicado. No es hacer nada extraordinario. Es hacer
extraordinariamente bien lo que hacemos todos los días.
¿Y en que
consiste hacer bien las cosas de todos los días? En
que las hago para el bien de los demás.
Y al hacerlas para el bien de los demás me
estoy haciendo un bien a mi mismo. Cuando el prójimo, el
bien del prójimo no está en mí obrar, ni hago
el bien ni me hago el bien a mi mismo.
Es
frecuente escuchar que fulano es una buena persona.
El problema es si la bondad se convierte en acciones
buenas para los demás. Es importante descubrir en qué podemos
ser buenos, porque todos podemos serlo en algo, pero es
más importante descubrir en qué podemos hacer el bien. De
otra manera, lo bueno que somos se puede quedar encerrado
en las rejas de nuestro egoísmo. La bondad, como dicen
los filósofos, tiene que ser expansiva por sí misma, si
no, algo le falta.
Una bondad que se desparrama
siempre hace bien, por aquello que tantas veces hemos repetido
¨haz el bien, porque hace bien” Y por qué hace bien?
Se lo han preguntado? Porque lo malo solamente es cambiable
con lo bueno, con actitudes buenas. Esta actitud
debería ser el vértice de nuestro diario vivir, y
es lo más importante entre los esposos, porque además se
aman para construir un sólo camino.
El plan
de Dios está basado en vivir haciendo el bien al
otro, al que tengo enfrente, al que vive conmigo. Cuando este
otro no está en mi vivir, vivo una vida sin
sentido, vivo una vida vacía, vivo una vida chata, sin
aire, sin vuelo. Si quieres volar alto, vive pensando en el
otro: si no lo haces, estarás siempre a ras del
suelo. La belleza de la vida y el sentido de la
vida solamente lo verás volando alto. A ras del piso vivirás
ignorando la belleza que se ve desde allá arriba.
¿Y porque
es así? Porque al hacerlo imitarás a Dios, te
parecerás a Dios.
Dios llama a todos, pobres y ricos, ignorantes
e instruidos, hombres y mujeres, solteros y padres de familia,
a desarrollarse y ayudar a crecer, cada uno por su
camino. Cada uno en lo que es. Cada uno en
el lugar en que está, con lo que sabe y
con lo que tiene.
Cada persona tiene habilidades para realizar ciertas
tareas, y generalmente le gusta hacer aquello que le sale
bien. Esta es una manifestación de su vocación de trabajo.
Mediante el cumplimiento de nuestra vocación de trabajo no sólo
nos abrimos camino en la vida y tenemos casa, vestido
y comida, sino que al realizarlo con responsabilidad y actitud
de servicio cumplimos con nuestra parte del plan de Dios,
ya sea que nos ocuparemos del hogar o que trabajemos
en el campo, en la escuela, en la fábrica, la
tienda o la oficina. Allí donde tu estás, allí tiene
que estar tu actitud de servicio.
El bien de la humanidad
está llena por el hacer de gentes cuyo nombre no
se oye jamás, por el hacer de esa mujer de
su casa de apariencia común, por esa fidelidad defendida por
unos esposos, por esa piedad sencilla de tantas personas que
nunca salen en ningún periódico, ni en ninguna página de
una revista.
Dice Lumen Gentium: La Iglesia es una Iglesia de
pequeños y de pobres y, por tanto, de santos. No
por ser tan grande la cúpula de San Pedro en
Roma llamamos a la iglesia, iglesia de Jesús, sino
porque debajo de ella han sido beatificados o canonizados tantas
gentes humildes. Ellas representan a otros infinitos anónimos. Dentro de los
cuales puedes estar tu. Tu vida podrá ser ignorada por
la gran mayoría del mundo, pero nunca tu vida es
olvidada por Dios. Todo aquello que hagas, ÉL lo sabe
muy bien.
Tu eres uno de estos anónimos que, quizás,
no figuras en ninguna parte. Pero puedes ser bueno, puedes
ser santo: depende de ti. Y eso es lo único
que le importa a Dios, que lo que hagas, lo
hagas para el bien, lo hagas siendo bueno, depende de
ti.
La vida se mide según a quien amas y
a quien dañas La vida se mide según la felicidad o
la tristeza que proporcionas a los otros. Se mide por los
compromisos que cumples y las confianzas que traicionas.
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Excelente artículo en esta mañana Dios ha hablado a mi vida por medio del mismo porque todas las promesas de Dios son en ËL sí y Amén, pues somos llamados a servir y esta calidad de servicio está en AMAR, pues el amor cubre multitud de pecados y todo lo sufre, cree, espera y nunca deja de seres esta la claes de amor a laque nos ha llamado Dios
Aceptemos el desafío y levantemos el vuelo como las Águilas.
BENDICIONES+
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