Autor: S.S. Francisco | Fuente: http://www.aica.org Cuaresma 2013
Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de buenos Aires al inicio de la Cuaresma 2013
Cuaresma 2013
A los sacerdotes, consagrados y laicos de la Arquidiócesis.
Rasguen
su corazón y no sus vestidos; vuelvan ahora al Señor
su Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para
la ira, rico en misericordia…
Poco a poco nos acostumbramos
a oír y a ver, a través de los medios
de comunicación, la crónica negra de la sociedad contemporánea, presentada
casi con un perverso regocijo, y también nos acostumbramos a
tocarla y a sentirla a nuestro alrededor y en nuestra
propia carne. El drama está en la calle, en el
barrio, en nuestra casa y, por qué no, en nuestro
corazón. Convivimos con la violencia que mata, que destruye familias,
aviva guerras y conflictos en tantos países del mundo. Convivimos
con la envidia, el odio, la calumnia, la mundanidad en
nuestro corazón. El sufrimiento de inocentes y pacíficos no deja
de abofetearnos; el desprecio a los derechos de las personas
y de los pueblos más frágiles no nos son tan
lejanos; el imperio del dinero con sus demoníacos efectos como
la droga, la corrupción, la trata de personas - incluso
de niños - junto con la miseria material y moral
son moneda corriente. La destrucción del trabajo digno, las emigraciones
dolorosas y la falta de futuro se unen también a
esta sinfonía. Nuestros errores y pecados como Iglesia tampoco quedan
fuera de este gran panorama. Los egoísmos más personales justificados,
y no por ello más pequeños, la falta de valores
éticos dentro de una sociedad que hace metástasis en las
familias, en la convivencia de los barrios, pueblos y ciudades,
nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad y de
nuestra incapacidad para poder transformar esta lista innumerable de realidades
destructoras.
La trampa de la impotencia nos lleva a pensar:
¿Tiene sentido tratar de cambiar todo esto? ¿Podemos hacer algo
frente a esta situación? ¿Vale la pena intentarlo si el
mundo sigue su danza carnavalesca disfrazando todo por un rato?
Sin embargo, cuando se cae la máscara, aparece la verdad
y, aunque para muchos suene anacrónico decirlo, vuelve a aparecer
el pecado, que hiere nuestra carne con toda su fuerza
destructora torciendo los destinos del mundo y de la historia.
La Cuaresma se nos presenta como grito de verdad y
de esperanza cierta que nos viene a responder que sí,
que es posible no maquillarnos y dibujar sonrisas de plástico
como si nada pasara. Sí, es posible que todo sea
nuevo y distinto porque Dios sigue siendo “rico en bondad
y misericordia, siempre dispuesto a perdonar” y nos anima a
empezar una y otra vez. Hoy nuevamente somos invitados a
emprender un camino pascual hacia la Vida, camino que incluye
la cruz y la renuncia; que será incómodo pero no
estéril. Somos invitados a reconocer que algo no va bien
en nosotros mismos, en la sociedad o en la Iglesia,
a cambiar, a dar un viraje, a convertirnos.
En este
día, son fuertes y desafiantes las palabras del profeta Joel:
Rasguen el corazón, no los vestidos: conviértanse al Señor su
Dios. Son una invitación a todo pueblo, nadie está excluido.
Rasguen el corazón y no los vestidos de una penitencia
artificial sin garantías de futuro.
Rasguen el corazón y no
los vestidos de un ayuno formal y de cumplimiento que
nos sigue manteniendo satisfechos.
Rasguen el corazón y no los
vestidos de una oración superficial y egoísta que no llega
a las entrañas de la propia vida para dejarla tocar
por Dios.
Rasguen los corazones para decir con el salmista:
“hemos pecado”. “La herida del alma es el pecado: ¡Oh
pobre herido, reconoce a tu Médico! Muéstrale las llagas de
tus culpas. Y puesto que a Él no se le
esconden nuestros secretos pensamientos, hazle sentir el gemido de tu
corazón. Muévele a compasión con tus lágrimas, con tu insistencia,
¡importúnale! Que oiga tus suspiros, que tu dolor llegue hasta
Él de modo que, al fin, pueda decirte: El Señor
ha perdonado tu pecado”. (San Gregorio Magno) Ésta es la
realidad de nuestra condición humana. Ésta es la verdad que
puede acercarnos a la auténtica reconciliación… con Dios y con
los hombres. No se trata de desacreditar la autoestima sino
de penetrar en lo más hondo de nuestro corazón y
hacernos cargo del misterio del sufrimiento y el dolor que
nos ata desde hace siglos, miles de años… desde siempre.
Rasguen los corazones para que por esa hendidura podamos mirarnos
de verdad.
Rasguen los corazones, abran sus corazones, porque sólo
en un corazón rasgado y abierto puede entrar el amor
misericordioso del Padre que nos ama y nos sana.
Rasguen
los corazones dice el profeta, y Pablo nos pide casi
de rodillas “déjense reconciliar con Dios”. Cambiar el modo de
vivir es el signo y fruto de este corazón desgarrado
y reconciliado por un amor que nos sobrepasa.
Ésta es
la invitación, frente a tantas heridas que nos dañan y
que nos pueden llevar a la tentación de endurecernos: Rasguen
los corazones para experimentar en la oración silenciosa y serena
la suavidad de la ternura de Dios.
Rasguen los corazones
para sentir ese eco de tantas vidas desgarradas y que
la indiferencia no nos deje inertes.
Rasguen los corazones para
poder amar con el amor con que somos amados, consolar
con el consuelo que somos consolados y compartir lo que
hemos recibido.
Este tiempo litúrgico que inicia hoy la Iglesia
no es sólo para nosotros, sino también para la transformación
de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra Iglesia, de
nuestra Patria, del mundo entero. Son cuarenta días para que
nos convirtamos hacia la santidad misma de Dios; nos convirtamos
en colaboradores que recibimos la gracia y la posibilidad de
reconstruir la vida humana para que todo hombre experimente la
salvación que Cristo nos ganó con su muerte y resurrección.
Junto a la oración y a la penitencia, como signo
de nuestra fe en la fuerza de la Pascua que
todo lo transforma, también nos disponemos a iniciar igual que
otros años nuestro “Gesto cuaresmal solidario”. Como Iglesia en Buenos
Aires que marcha hacia la Pascua y que cree que
el Reino de Dios es posible necesitamos que, de nuestros
corazones desgarrados por el deseo de conversión y por el
amor, brote la gracia y el gesto eficaz que alivie
el dolor de tantos hermanos que caminan junto a nosotros.
«Ningún acto de virtud puede ser grande si de él
no se sigue también provecho para los otros... Así pues,
por más que te pases el día en ayunas, por
más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza,
y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no
haces nada grande». (San Juan Crisóstomo)
Este año de la
fe que transitamos es también la oportunidad que Dios nos
regala para crecer y madurar en el encuentro con el
Señor que se hace visible en el rostro sufriente de
tantos chicos sin futuro, en la manos temblorosas de los
ancianos olvidados y en las rodillas vacilantes de tantas familias
que siguen poniéndole el pecho a la vida sin encontrar
quien los sostenga.
Les deseo una santa Cuaresma, penitencial y
fecunda Cuaresma y, por favor, les pido que recen por
mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los
cuide. Paternalmente
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos
Aires Buenos Aires, 13 de febrero de 2013, Miércoles de
Ceniza
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antes de que fuera elegido Papa yo siempre he orado
por el Papa y doy gracias a Dios por haber salido
electo y las acciones realizadas fuera del protocolo
me agradan muchísimo y espero primero Dios que nos
viva muchos años con salud y que el Espiritu Santo
lo ilumine siempre.
Esta homilía es realmente un regalo de Dios, que llama a una conversión seria, Es una respuesta a tanta necesidad clamorosa de tantas personas sufrientes, ya sea por sus propias limitaciones o por el pecado que cerca a todo hombre. Dios haga fecunda esta llamada del actual Papa a su pueblo más íntimo que son los sacerdotes y los religiosos.
Excelente artículo, me llevó a la reflexión sobre lo que significa vivir la cuaresma desde la fe, lo que debe ser una verdadera penitencia, una oración personal entre El y yo y especialmente descubrirlo en el hermano más débil.
Hoy más que nunca estoy convencida de que el
Espíritu Santo tocó los corazones e iluminó la mente
de todos los Cardenales que participaron en el
Cónclave para elegir a Jorge Mario Bergoglio S.J.
como la nueva cabeza de Jesús en la tierra.
Que Dios lo guarte por muchísimos años para
bendición de la Iglesia. ¡Que viva Francisco.!
Este artículo es digno de meditar. Nos hemos acostumbrado a ver la violencia, los crímenes, la pobreza como algo cotidiano y que no nos incumbe... como si ante DIOS no fuésemos hermanos.
Pero es difícil involucrarse, porque generalmente cuando una trata de ayudar, a veces quien recibe la ayuda abusa.
Muy sabias palabras. El Espíritu santo nos habla a través suyo. Recemos por él, por toda la Iglesia, y comencemos con esta conversión de vida, tan necesaria. Gracias por compartirnos esta carta.
Jesica
Excelente articulo,muy humano y sensibilizador.Se
nota que sale de un corazon que ve el rostro de
JESUS en cada persona.DIOS LO BENDIGA
ABUNDANTEMENTE.
Gracias estimado Cardenal Bergoglio, por aceptar las sandalias del pescador, no tengo duda de que su pontificado será recordado y alabado en la historia.
Su artículo para inicio de Cuaresma, denota su gran vocación hacia Ser Humado, que es lo mismo que creer en un Dios Santo y Bueno.
Que el Señor Todopoderoso, ilumine su mente, para que seamos guiados hacia Él.
Edgar
Cuanta razòn tiene nuestro Santo Papa, ya que si en esta cuaresma no hay un cambio en todo lo que hacemos y le ofrecemos a Dios, a traves de nuestra Oraciòn y nuestro servicio hacia los demàs, de nada sirve ni el ayuno ni la abstinencia, Me invitan sus palabras a ACTUAR, a ORAR y a hacer acciones concretas, empezando con mi familia y con los que me rodean. Dios escogio a la persona inidcada, al elegir al Papa Francisc como el sucesor de Pedro. Que dios lo bendiga.
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