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Laicos en la Iglesia | sección
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Artículos de interés general | tema
Autor: P. Antonio Rivero L. C. | Fuente: Catholic.net
Los desafíos de la Iglesia ante el siglo XXI
¿Cómo se presenta el siglo XXI? ¿Cómo se ve el horizonte en la Iglesia y en el mundo? ¿Cuál debe ser nuestra actitud como cristianos?
 
Los desafíos de la Iglesia ante el siglo XXI
Los desafíos de la Iglesia ante el siglo XXI
I. PROBLEMÁTICA

¿Cómo se presenta el siglo XXI? ¿Cómo se ve el horizonte en la Iglesia y en el mundo? ¿Cuál debe ser nuestra actitud como cristianos?

Si tuviéramos que resumir en una palabra el gran desafío que tenemos para el siglo XXI es lo que un autor español ha llamado la cultura light. Desde los años ochenta en el mercado se están ofreciendo una serie de productos light: comidas sin calorías y sin grasas, cerveza sin alcohol, azúcar sin glucosa, tabaco sin nicotina, cocacola sin cafeína y sin azúcar, mantequilla sin grasa...Lo grave de todo esto es que se está pasando al hombre, formando una cultura light: un hombre sin valores, sin sustancia, sin contenido, con escasa educación humana, entregado a la superficialidad, a la ligereza, a lo banal. Sus afirmaciones lo dicen todo: “Todo vale...qué mas da...las cosas han cambiado”.

Las conquistas técnicas y científicas -impensables hace tan sólo unos años- nos han traído unos logros evidentes: la revolución informática, los avances de la ciencia en sus diversos aspectos, etc...Pero frente a todo ello, esta cultura light ha penetrado en nuestra sociedad con diferentes rostros, o si se quiere, sostenida sobre estos pilares:

1. Permisividad: lo importante es siempre hacer lo que uno quiera, en todos los campos. Todo me es permitido; basta que yo pueda hacerlo. Todo lo damos por bueno y le restamos importancia. Esta permisividad se va colando dentro de nosotros y nos pone delante de los ojos la realidad de una libertad sin cortapisas, en la que lo importante es hacer lo que te apetezca, no ir contra las inclinaciones que piden paso, ya que eso puede ser nocivo para la salud mental. Su lema es: “Esto me apetece; esto no me apetece”. Esta permisividad también se ha colado en la Iglesia, sobre todo en el campo litúrgico: se va perdiendo el sentido de lo sagrado en las ceremonias litúrgicas; queriendo acercar al pueblo la liturgia, se están permitiendo algunas cosas que desconciertan a gente sensata, cultivada y formada en espiritualidad. Pero también esta permisividad se ha querido filtrar en el campo moral y doctrinal también dentro de la Iglesia; por ejemplo, sacerdotes que niegan el infierno, que dan la comunión a divorciados vueltos a casar, que permiten las relaciones prematrimoniales, que dicen que el autoerotismo no es pecado, sino una fase normal de la adolescencia. Por tanto, la Iglesia no está exenta de este fenómeno

2. Relativismo: Se desprende del punto anterior. Nada es absoluto, sino que todo depende en última instancia del propio punto de vista, de lo que a uno le pareza. Esto se desliza en una desembocadura muy concreta: el escepticismo, la desvalorización del conocimiento, que se torna incapaz de acceder a sus cimas más altas. Si todo es relativo, si todo es bueno y malo, si nada es definitivo, ¿qué más da? Lo importante es hacer lo que quieras, aquello que te apetezca o dicte el momento. El relativismo es ese dios moderno y poderoso que reclama un punto de vista subjetivo para todo, ya que no existe una verdad absoluta. Defiende la utilidad, lo práctico, la idea de que el fin justifica los medios. El relativismo supone entrar en la incoherencia, y ella es causa de muchas rupturas, de biografías ilógicas, sin argumentos irreconciliables. La abrupta altanería del relativismo tiene un tono devorador que afecta a los sentimientos quitándoles solidez. Su lema es: “Según desde el punto de vista que se mire”.

3. Hedonismo y sexualidad rebajada y trivializada: lo fundamental es pasarlo bien sin restricciones. El placer por el placer; disfrutar sin privarse de nada y rebañar todo lo más que se pueda en este campo. Su lema es: “Disfruta al máxima”.

4. Consumismo galopante: hijo directo del hedonismo. Nos lleva a acumular más y más cosas, más y más experiencias placenteras. Compra, usa, goza, tira. El ideal del consumo no tiene otro horizonte que la multiplicación o la continua sustitución de unos objetos por otros mejores. Este consumismo se memata en el viejo dicho de “tanto tienes, tanto vales”. Su lema es: “Compra, usa, tira”.

5. Materialismo: el ser humano se va convirtiendo en objeto, en materia; va dejando de ser alguien para ser algo. Y ese vértigo de sensaciones placenteras tiene un tono devorador. El escritor americano Lasch, en su libro La cultura del narcisismo, lo describe así: Cuidar la salud, desprenderse de los complejos, esperar las vacaiones: vivir sin ideal y sin objetivos trascendentes”. La enfermedad de Occidente es la de la abundancia: tener todo lo material y haber reducido al mínimo lo espiritual. Ya no interesan los héroes. Los personajes que se proponen como modelos no tienen ideales: son vidas conocidas por su nivel económico y social, pero rotas, sin atractivo ni cpacidad para echar a volar y superarse. Es gente ahíta, repleta de cosas, pero sin brújula, indiferente por saturación. Su lema es: “Sólo lo material es lo aferrable, lo que cuenta”.

6. Religión y espiritualidad a la carta: ofrecida por las inumerables sectas que están pululando por doquier. Religión y espiritualidad que nos están conduciendo a un nuevo paganismo, con la aparición de dioses de la historia universal que conviven con otros nuevos dioses, como el sexo, el dinero, el poder y el placer. Su lema es: “Toda religión es buena”.

7. Medios de comunicación social, como fábrica de mentiras, que tergiversan la verdad, distorsionan la realidad, inculcan una cultura superficial, barata, chata, que da rienda suelta a los instintos más animales que tenemos, que destruyen los valores humanos y cristianos que nos alimentaban y formaban. Estos medios de comunicación social están promoviendo el hombre light, ese personaje sin mensaje interior. Tomen, por ejemplo, las telenovelas, las revistas del corazón. En esas parejas todo está preparado para la ruptura. Y todo es presentado con risas, sin seriedad, de manera superficial. Se presenta el modelo light sin drama. Lo importante es disfrutar, pasarlo bien y sortear cualquier sufrimiento, porque para esta sociedad que quieren ellos proponer el sufrimiento es un sinsentido, es más, es un atentado al hedonismo.

Todos estos fenómenos dan como resultado una deformación de la vida, del matrimonio, del amor, de la sexualidad, de los valores humanos y cristianos, y trae estas consecuencias desastrosas:

* Una ética light, sin peso, sin valores, donde todo es superficial, transitorio y fugaz, nada es profundo, nada es serio.

* Una religión light, donde cada uno se sirve lo que quiere.

* Falta de criterio moral, pues la mente no piensa ni razona; frivolidad, apatía, indiferencia, falta de ilusión en la vida, hastio, aburrimiento, cansancio, depresión, pues la voluntad no reacciona, no se mueve por no tener motivos. Confusiones impresionantes, pues no se sabe discernir.

* Amor a la carta, inmadurez afectiva, pues el corazón se abandona a sus caprichos y gustos y no se apoya en la cabeza, es decir, en el criterio.

* Falta de compromisos serios, irreversibles.

* Mentalidad hipocondríaca, es decir, esa actitud ante el propio cuerpo que se manifiesta por una preocupación excesiva por la propia salud, que lleva a la observación minuciosa de cualquier molestia o sensación. Se está permanentemente pendiente de cualquier manifestación física, por pequeña que sea, y pensar en lo peor. P.e. el que padece dolor de cabeza, piensa en que puede tener un tumor craneal; la opresión precoridal, posible infarto.

Frente a esta cara negativa, que se convierte en un verdadero desafío, también podemos ver una cara positiva, que también tenemos que aprovechar

1. Necesidad de interioridad, de espiritualidad para el alma

2. Necesidad de amor y afectividad para el corazón

3. Necesidad de principios sólidos, estables y duraderos para la mente

4. Necesidad de motivaciones convincentes para la voluntad

5. Necesidad de una justicia largamente esperada, de una política que busque el bien común, de una economía que no desvista a unos para enriquecer a unos cuantos privilegiados.

6. Necesidad de volver a sostener nuestra sociedad sobre esos valores humanos y sociales que soñaron nuestros próceres: amor a la patria, religiosidad, educación, respeto, etc.

II. POSIBLES SOLUCIONES ANTE ESTOS DESAFÍOS

Este hombre light es un sujeto liviano, ligero, superficial, divertido, intrascendente, casi hueco. En dos palabras: sumamente vulnerable. ¿Qué desafíos tenemos ante este hombre light, ante este panorama que hemos trazado?

1. Desde el punto de vista político, económico y social:

Formar a los líderes políticos, sociales, económicos mediante congresos, cursillos, donde se expliquen los valores humanos, la doctrina social de la Iglesia. Son ellos los que están en mejor posición para poder dar soluciones eficaces para remediar este panorama descrito, en los campos que a ellos les conciernen. Tener un presidente coherente, un gobernante honesto, un economista justo, un abogado integérrimo, un médico humano y motivador... es comenzar a solucionar los problemas de las coimas, de la corrupción electoral, de la malversación de bienes, de los hospitales para abortos; los problemas del capitalismo salvaje, del colectivismo despersonalizador, del desinterés por el pueblo, de la ingerencia en los asuntos de otras naciones. Pero mientras haya un gobernante megalómano, ambicioso, corrupto, deshonesto y aprovechado...tendremos guerras, fraudes, enjuagues, injusticias, tristezas, desesperanzas, protestas, pérdidas y lágrimas.

Y, ¿quién forma a estos dirigentes? Aquí está el problema. ¡Formación de dirigentes! El mismo Estado y gobierno debe formar rectamente a sus futuros dirigentes. También la Iglesia tiene esta tarea y muy seria. La Iglesia no puede sólo dedicarse a los pobres. Si quiere conseguir algo eficiente y eficaz, deberá formar a estos líderes que le podrán ayudar a solucionar el problema del hambre, de la vivienda, de las escuelas, de los hospitales.

2. Desde el punto de vista educacional:

Aspirar a la excelencia en las escuelas y universidades. Pretender lo mejor. Así lograremos vidas ejemplares, coherentes, rotundas, llenas de sentido. Buscar siempre la verdad de todo: del mundo, de las cosas, del hombre, de lo divino. Implementar los programas de estudio, para que reciban una formación integral, completa, seria.

Una llamada seria a los maestros, profesores, directores de colegios, de las universidades. Tienen en sus manos el futuro del siglo XXI. ¿Qué quieren hacer con esos niños y jóvenes que pasan por sus aulas a recibir las erramientas con las que construirán la sociedad del próximo siglo, que ya está a un paso? ¿Queremos que el siglo XXI sea un siglo de paz, de fraternidad, de justicia, de valores? Comencemos por cambiar nuestras escuelas, elevarlas, llevar nuestras propuestas serias a la UNESCO

3. Desde el punto de vista familiar:

Acostumbrar a nuestros hijos a lo duro, a lo costoso. Que sepan que la vida es difícil, que hay que sacrificarse mucho. Que no todo es regalado. Darles motivaciones profundas, recias. Sentarse con ellos y “perder” un poco de tiempo para educarles, para charlar con ellos de lo que es verdaderamente la vida, el amor, la verdad, los valores humanos. Que en casa se respire un aire de armonía, de serenidad, de acogida, de simpatía mutua, de respeto, de sana alegría. Saber equilibrar los tiempos de trabajo y seriedad, con los de distensión y sana diversión. Equilibrar ahorro y generosidad. Y ayudar a los hijos a que vean con sus propios ojos las necesidades del prójimo para que se lancen a hacer algo por ellos.

Los papás cultiven en sus hijos la actitud de generosidad, para que al ver las necesidades del mundo y de la Iglesia se lancen a hacer algo concreto, serio y eficaz. ¡Qué hermoso sería que saliera de cada familia algún hijo o alguna hija que quiera colaborar un año o dos en los apostolados de la Iglesia, a tiempo completo, aquí o en otras partes del mundo!

Dar buenos criterios a sus hijos para que se enfrenten a este mundo y sepan discernir el bien y el mal, el peligro y la tentación. Educarles para que que no se contagien con los antivalores que saltan desde las pantallas del cine y de la televisión.

4. Desde el punto de vista eclesial:

La Iglesia tiene una tarea ardua y difícil. No puede bajar la bandera ante las propuestas facilistas, relativistas, materialistas, hedonistas. Debe predicar íntegro el mensaje de Cristo sin cortapisas, sin recortes, sin glosas comodistas y acolchonadas. Pero debe predicarlo, no con tonos apocalípticos, pesimistas, amenazantes, oscurantistas, sino con la alegría y el gozo de quien predica la Buena Nueva, el Mensaje que da verdadera liberación interior. Debe predicarlo con el corazón en ascuas y con la convicción y resonancia de quien lo vive y ha hecho la experiencia del gozo de Cristo. La Iglesia no debe dar respuestas facilistas, emocionales, espectaculares, teatrales como para “ganarse adeptos”. Debe dar el mensaje íntegro de Cristo con la humildad y sencillez, pero con la convicción y pasión de la verdad. La Iglesia en el siglo XXI tendrá una batalla muy recia, porque las sectas son muy fuertes. No se trata de hacer una cruzada contra las sectas; no. Sino más bien, apretar el paso en la transmisión del mensaje íntegro de Cristo, vacunando a la gente contra las sectas, ya sea desde las homilías, ejercicios, retiros, cursos, misiones.

Por eso, la Iglesia debe promover mucho los diversos apostolados, donde los laicos se inserten y trabajen a fondo, para solucionar esos problemas y desafíos. Y para esos apostolados echará mano la Iglesia de los medios más eficaces para la nueva evangelización: internet, televisión, radio, congresos, catequesis, centros de reflexión y estudio, misiones. Si en el siglo XXI la Iglesia no logra meterse a fondo en los medios de comunicación social, no será eficaz...irá a paso tortuga. Y para esto se necesita de la ayuda de los profesionales, de los líderes en los campos económico y social que apoyen esta iniciativa.

La Iglesia, sí, debe ser un recinto de paz, cariño, acogida fraternal, pero también de trabajo serio, organizado y eficaz. Nuestras Iglesias deben ofrecer todo este clima de respeto y optimismo, para que no tengan necesidad de marcharse a otros lugares. Pero también, la Iglesia lanzará a todos el compromiso serio, responsable de moverse, de hacer apostolado, de ser militantes.

Pero antes de lanzarlos al apostolado, la Iglesia debe formar a sus hombres, para que salgan a la batalla con las armas bien afiladas, con la coraza, el escudo, el yelmo bien ajustado. Hoy, más que nunca, los cristianos tienen que tener su fe bien asimilada, los principios morales bien definidos, porque se han levantado unas confusiones y una polvareda envolvente que pretende derribar la doctrina católica y crear en nosotros un hálito de superficialidad y ligereza, que dan mucho que pensar. Y para lograr esto, la Iglesia necesita de sacerdotes bien formados para que formen a los laicos. Y estos laicos bien formados formarán a otros. Y así la cadena hasta el infinito. Sin formación, podrá haber buena voluntad, pero no eficacia en llevar el mensaje de Cristo. Y este siglo XXI necesita ver que la Iglesia es eficaz, que que no se queda en las sacristías, que se lanza a través de sus laicos a las calles, al campo político, social, económico, industrial, médico, obrero, pedagógico.

La Iglesia prestará mucha atención a la familia, que es la más atacada hoy día desde todos los lados. Preparará muy bien a los jóvenes, a los novios. Promoverá apostolados destinados a fomentar las convivencias de matrimonios, jornadas de reflexión con los papás.

Comentarios al autor: arivero@legionaries.org
 

 
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