Autor: . | Fuente: www.vatican.va ¿Sabes qué es el Consejo Pontificio para los Laicos?
Cuadro general del Consejo Pontificio para los Laicos que permita comprender su peculiar identidad, sus finalidades institucionales, sus tareas y atribuciones, sus órganos y estructura
¿Sabes qué es el Consejo Pontificio para los Laicos?
EL CONSEJO PONTIFICIO PARA LOS LAICOS
NOTA INTRODUCTIVA
Esta publicación tiene como
único objetivo la presentación de un cuadro general del Consejo
Pontificio para los Laicos que permita comprender su peculiar identidad,
sus finalidades institucionales, sus tareas y atribuciones, sus órganos y
estructura, destinado a los interlocutores de este dicasterio, a todos
los que están interesados en su trabajo, así como también
a quienes entren en contacto con él por cualquier motivo.
Si
bien esta publicación ilustra su génesis y desarrollo, no puede
ser considerada como una suerte de reseña, y menos aún
con pretensiones exhaustivas, de los programas y de las actividades
llevadas a cabo por el Consejo hasta la actualidad. Se
pueden solicitar al secretariado del dicasterio informaciones más detalladas al
respecto, que se pondrán con todo gusto a disposición.
Un dicasterio
de la Santa Sede no puede ser definido sino a
la luz del magisterio pontificio y, en modo especial, de
los documentos y de las orientaciones de los Papas que
se han referido directamente a él o a la Curia
romana en general. Es por eso que hemos retomado sobre
todo este material, agregando algunas referencias a escritos especificos sobre
la materia.
I PRESENTACION
1.Dicasterio de la curia romana al servicio de
los fieles laicos
El Consejo Pontificio para los Laicos es un
dicasterio de la Curia romana, que coadyuva al Sumo Pontífice
en el ejercicio de su supremo oficio pastoral para bien
y servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias
particulares en lo que atañe a la promoción y a
la coordinación del apostolado de los laicos y, en general,
a la vida cristiana de los laicos en cuanto tales.(1)
Su índole ministerial resalta muy claramente si se la considera
desde la perspectiva indicada por el Concilio Vaticano II: «
En el ejercicio de su potestad suprema, plena e inmediata
sobre la Iglesia universal, el Romano Pontífice se vale de
los dicasterios de la Curia romana, los cuales, por lo
tanto, cumplen su función en nombre y por autoridad del
mismo Pontífice, para bien de las Iglesias y en servicio
de los sagrados Pastores ».(2)
El Consejo es, pues, uno de
los instrumentos que, con inmediata adhesión, pronta obediencia y disponibilidad
de servicio, asisten al Pastor universal de la Iglesia en
el ámbito de las competencias por él mismo asignadas a
cada uno de ellos, de modo que la misión confiada
por Cristo a Pedro y a sus sucesores sea cumplida
lo más eficazmente posible.
Su peculiaridad se manifiesta ya, en cierto
modo, en la posición singular que el dicasterio ocupa en
el conjunto de los organismos que constituyen la Curia romana.
Si bien su nombre lo acomuna a los demás Consejos
Pontificios, se distingue de ellos porque tiene por objeto un
estado de vida o categoría de cristianos –los « christifideles
» laicos–, a diferencia de los que están orientados a
cuidar una determinada realidad o fomentar una actividad determinada, como
la vida familiar, la cultura, la justicia y la paz,
el ecumenismo... En este sentido, por su materia y, en
parte, por su horizonte y su finalidad, se asemeja a
algunas Congregaciones, como la Congregaciones para el Clero o para
los Religiosos.(3)
2. Orígenes
La renovada conciencia del misterio de la
Iglesia y de su misión en el mundo, que se
manifestó en el Concilio Vaticano II, no podía no inspirar
una profunda reforma de la Curia, que Pablo VI emprendió
con la constitución apostólica Regimini Ecclesiae Universae del 15 de
agosto de 1967, en la que, junto a las seculares
congregaciones, a los tribunales y a los demás oficinas curiales,
se elencaban nuevos dicasterios y secretariados, creados para responder más
plenamente a la tarea de aplicar las enseñanzas e indicaciones
del Concilio.
El Consejo Pontificio para los Laicos tiene su origen
en una propuesta formulada en el número 26 del decreto
conciliar Apostolicam Actuositatem, sobre el apostolado de los laicos. Su
nacimiento oficial fue establecido por Pablo VI el 6 de
enero de 1967 con el Motu proprio Catholicam Christi Ecclesiam.
Al término de su primer período experimental de cinco años,
el Pontífice declaraba: « A nadie se le oculta que
el Consejo de Laicos está destinado a desempeñar una misión
privilegiada en la Iglesia ».(4) De él, el mismo Pablo
VI dirá al año siguiente, que « está consolidándose cada
día más como un instrumento insustituible y eficiente para la
promoción del laicado en la Iglesia ».(5) A diez años
de su nacimiento, el 10 de diciembre de 1976, con
otro Motu proprio, Apostolatus peragendi, Pablo VI lo reformaba, incorporándolo
entre los dicasterios permanentes de la Curia romana. Crecido «
en experiencia y madurez »,(6) apreciadas « las señales evidentes
de un servicio fiel, de la importancia de sus-tareas para
la vida de la Iglesia y el ministerio del Papa
»,(7) Juan Pablo II –quien, como arzobispo de Cracovia, fue
durante años uno de sus consultores– no cesa de alentarlo,
confirmándolo nuevamente en el ejercicio de las exigentes responsabilidades que
le competen. Su competencia y estructura fundamentales están actualmente definidas
en el cuadro de la constitución apostólica Pastor Bonus sobre
la Curia romana del 28 de junio de 1988.
3. Naturaleza
y finalidad
« Fruto del Concilio »,(8) el Consejo Pontificio para
los Laicos no puede ser entendido cabalmente sino en cuanto
signo elocuente y fecundo de una renovada comprensión de la
Iglesia como misterio de comunión misionera, en la que ha
crecido la conciencia de la dignidad y de la corresponsable
participación de los fieles laicos.
Pablo VI amaba indicar al nuevo
organismo dos ineludibles polos de referencia: los laicos y la
jerarquía. « Vuestro Consejo », afirmaba, « debe mantenerse en
una actitud de escucha y de diálogo, sensible para discernir
en sus ambientes de vida (de los fieles laicos) las
necesidades y las posibilidades de salvación,(9) invitándolo a « recoger
los ecos procedentes de todos los horizontes, trayendo al mismo
tiempo las llamadas que surgen de la vida bajo todos
sus aspectos, y la forma bajo la cual se organizan
los laicos cristianos, a través de los diversos continentes y
de los diversos países, para responder a las mismas ».(10)
En esa perspectiva, dijo a los superiores, a los miembros
y consultores del « Consilium de Laicis »: « Vosotros
sois (...) los testigos directos de estos movimientos de pensamiento
y de acción, de sus múltiples manifestaciones y de los
profundos sentimientos que los inspiran. Podéis apreciar los aspectos positivos
que encierran y ofrecernos preciosos elementos de juicio (...) y
esperamos que vuestro sentido de Iglesia, vuestra adhesión a quien
hoy es su jefe visible (...) os impulse también a
servir de intérpretes de nuestras ideas ante vuestros hermanos, a
ser portadores del eco de nuestras preocupaciones de Pastor, de
nuestras consignas y de las directrices que nos corresponde dar
para el apostolado ».(11) En esta perspectiva, agregaba el Pontífice,
hay que « recordar y demostrar que el celo y
la abnegación no bastan. Son necesarias la reflexión, la meditación,
la confrontación permanente con el Evangelio y el magisterio de
la Iglesia ».(12) Por eso, es fundamental la responsabilidad del
dicasterio de promover « la articulación del apostolado de los
laicos con el de la Jerarquía, dos fuerzas que la
misma Constitución de la Iglesia no permite imaginar divergentes ».(13)
El Consejo tiene, pues, que contribuir para que se establezca
« una corriente » en ese « organismo vivo »
que es la Iglesia, en virtud de la cual «
la cabeza y los miembros estén estrechamente unidos, en un
mismo amor a Cristo Salvador, que las preocupaciones de los
hijos sean conocidas y compartidas por el padre, pero también
que la palabra del padre sea escuchada, comprendida y llevada
a la práctica por todos los hijos ».(14)
Esta doble, indisociable
y fecunda referencia ha sido retomada por Juan Pablo II
como característica y estilo fundamentales del servicio del dicasterio: «
Por una parte, tenéis que prestar atención particular a través
de la escucha y el diálogo, a las aspiraciones, necesidades
y retos que se manifiestan en la vida de los
laicos como personas, en sus familias, movimientos y comunidades cristianas,
y asimismo en sus diferentes cometidos sociales y culturales (...).
Por otra parte, debéis evaluarlos a la luz de la
Revelación y de la Tradición cristiana, velando para que se
lleven a cabo con espíritu de fidelidad a la Palabra
de Dios y al Magisterio de la Iglesia »(15) y
« en profunda comunión con los pastores, a su vez
unidos a la Cátedra de Pedro ».(16) Este servicio a
los laicos del mundo entero –llamados a edificar la Iglesia,
fundada y contínuamente renovada por los dones sacramentales, jerárquicos y
carismáticos no puede, por lo tanto, prescindir de una atenta
consideración de todo lo que el Espíritu de Dios suscita
en la vida de las personas y las comunidades.
Cuando se
trata de promover y alentar la participación de los fieles
laicos en la vida y misión de la Iglesla, una
actitud realista sabe bien que hablar del « laicado »
significa referirse a personas muy diferentes, en una gran diversidad
de condiciones y contextos de vida, con disímiles niveles de
formación cristiana y en una pluralidad de modalidades de compromiso.
Sabe también que el laicado no puede ser comprendido sino
a la luz de una eclesiología de comunión y de
misión en relación a las concretas condiciones de vida en
el mundo. No es una casualidad, pues, la estrecha vinculación
existente entre el decreto Apostolicam actuositatem y las constituciones conciliares
Lumen Gentium sobre la Iglesia y Gaudium et Spes sobre
la Iglesia en el mundo contemporaneo.(17)
El amplio horizonte del servicio
del dicasterio ha sido claramente indicado por Pablo VI y
Juan Pablo II.(18) « El campo (...) es inmenso. Y
la tarea considerable: evangelizar a las personas, a las culturas,
trabajar desde dentro, como la levadura en la santificación del
mundo, impregnar el orden temporal del espíritu evangélico, para la
construcción de un mundo más digno de los hombres, hijos
de Dios ».(19) Años después, Juan Pablo II señalaba una
vez más al Consejo Pontificio para los Laicos: « Una
tarea inmensa que nos ha legado el gran acontecimiento conciliar:
la de hacer que un número siempre creciente de cristianos
se comprometan a vivir consciente y coherentemente su sacerdocio de
bautizados, como piedras del edificio de Cristo, ciudadanos y protagonistas
de un pueblo peregrino ».(20)
4.Estructura
4.1. Secretariado
El Consejo Pontificio para los
Laicos, como los demás dicasterios de la Curia romana, tiene
a la cabeza un presidente, coadyuvado por un secretario y
un subsecretario, y es asistido por un comité de presidencia
compuesto por cardenales y obispos.
En el ámbito del secretariado existen
secciones que se ocupan respectivamente: – de los movimientos y
asociaciones internacionales de fieles laicos; – de la vocación y
misión de la mujer en la Iglesia y en la
sociedad; – de la pastoral juvenil.
Unos quince laicos, empleados a
tiempo completo, cumplen servicios de secretaría y traducciones, trabajan en
el ámbito administrativo, cuidan las publicaciones del dicasterio, aseguran el
funcionamiento de la biblioteca, del archivo y protocolo, etc.
Los superiores,
con los más directos colaboradores (jefes de oficina y ayudantes
de estudio) se reunen semanalmente en el llamado « congreso
», que trata los asuntos corrientes y sigue la realización
de los programas del dicasterio.
4.2. Miembros y consultores
A diferencias de
las congregaciones cuyos miembros son sobre todo cardenales y obispos,
a los cuales se agregan, según los casos, « algunos
clérigos y otros fieles »,(21) el dicasterio cuenta con miembros
y consultores que son en su mayoría laicos, nombrados por
el Santo Padre –junto a algunos obispos, escogidos en general
en razón de sus cargos, especialmente en cuanto secretarios de
otros dicasterios de la Curia– por un quinquenio.
« El rostro
de este Consejo pone de relieve más claramente las diferentes
culturas, las diferentes edades y sexos de quienes forman parte
del pueblo de Dios. Sin duda, no ha sido posible
incluir en él la expresión de todas las situaciones y
de todas variedades sociales de la humanidad (...). Pero, tal
como es, este Consejo debe esforzarse por representar la universalidad
del laicado ».(22) Por eso, el Papa puede afirmar que,
dirigiéndose al dicasterio, a sus miembros y consultores, « en
cierto modo se dirige a todos los laicos en la
Iglesia ».(23) Esto es así, no porque se trate de
una representación formal de comunidades cristianas, asociaciones de fieles y
otras instancias, sino en virtud de aquella diversidad de situaciones
y experiencias de la que los miembros y consultores, aunque
designados a titulo personal, se hacen portavoces e intérpretes en
el seno del dicasterio. El Consejo Pontificio para los Laicos
es de este modo un lugar de especial presencia de
los laicos en la Curia romana, espacio de expresión, en
el corazón de la Iglesia universal, de sus preocupaciones y
esperanzas.
Los miembros son convocados periódicamente en asambleas plenarias que, sobre
la base de las experiencias, de las necesidades y anhelos
de los laicos del mundo entero, estudian las grandes líneas
de orientación y de los programas del dicasterio. Los consultores
están llamados, por lo general, a dar pareceres cualificados sobre
materias de orden teológico, canónico y pastoral.
4.3. Modalidades de trabajo
La
actividad ordinaria del Consejo Pontificio para los Laicos pasa a
través de una densa red de contactos epistolares, visitas, encuentros,
sesiones de estudio. A la vez, el dicasterio se ocupa
de la definición, organización y realización de los programas de
mayor envergadura (Congresos mundiales de laicos, Jornadas mundiales de la
juventud), de los congresos de laicos de diversos continentes y
regiones, de los encuentros internacionales sobre temas de particular interés
y actualidad (la mujer en la Iglesia y en la
sociedad, el testimonio cristiano en el mundo del trabajo, la
pastoral universitaria, etc.), de los encuentros mundiales con representantes de
asociaciones internacionales y movimientos eclesiales.
Las asambleas plenarias, que son las
reuniones más importantes del dicasterio y momento fuerte de la
participación de los miembros –provenientes de todas las partes del
mundo– al servicio y en la orientación del dicasterio, tienen
la finalidad de: – profundizar, a la luz del magisterio
pontificio, cuestiones de interés particular; – sensibilizar respecto a problemáticas
de la vida de los fieles laicos, mediante el diálogo
y la reflexión común; – formular sugerencias y propuestas en
vista de la definición de los programas del dicasterio; –
proceder al examen de los documentos en elaboración en el
dicasterio; – comprometer a los miembros en la divulgación de
las iniciativas y de los programas del Consejo en las
Iglesias locales y entre los movimientos y las asociaciones laicales
internacionales.
El trabajo desarrollado por el dicasterio queda documentado por una
serie de publicaciones periódicas: el Servicio de Información, que ofrece
un panorama de las actividades del Consejo; el Servicio de
Documentación y la Revista Laicos Hoy, que presentan respectivamente las
actas de los congresos más importantes y la síntesis monográfica
de estudios y experiencias en el ámbito de cuestiones específicas;
la revista I Care. Juventud Iglesia Esperanza, más particularmente referida
a la pastoral juvenil y a las jornadas mundiales de
la juventud.
4.4. Interlocutores
En el cumplimiento de sus actividades, el Consejo
Pontificio para los Laicos mantiene diálogos y colaboraciones con diversos
interlocutores, cuyo aporte es de gran ayuda para la realización
de sus finalidades. Los principales interlocutores son: – los otros
dicasterios de la Curia romana; – los obispos diocesanos; –
las conferencias episcopales, sobre todo mediante sus respectivas comisiones para
los laicos; – los consejos nacionales de laicos; – las
asociaciones internacionales y los movimientos eclesiales de laicos.
Muchos otros contactos
se realizan por su trabajo en los contextos de: –
la pastoral juvenil, universitaria y del mundo del trabajo; –
la promoción de la mujer; – la participación de los
laicos en los consejos pastorales y en ministerios no ordenados;
– las escuelas de formación.
Con razón se puede, pues, afirmar
que el Consejo Pontificio para los Laicos –llamado a «
suscitar cada vez más, tanto en el seno como fuera
de la Curia romana la atención y la consideración del
papel de los laicos en el único servicio de la
Iglesia »–(24) es un dicasterio « con las puertas abiertas
» para acoger personas y experiencias diversísimas.
5. Una « magna
carta »
La VII Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre
« La vocación y la misión de los laicos »
(octubre de 1887) ha dado al Consejo Pontificio para los
Laicos una panorámica de la multiforme realidad del laicado a
nivel mundial a veinte años de la conclusión del Concilio
Vaticano II. El dicasterio fue llamado a colaborar activamente en
la preparación de ese evento,(25) que contó con la participación,
a diverso título y con diferentes responsabilidades, de un número
significativo de laicos del mundo entero.
Las orientaciones de la exhortación
apostólica postsinodal Christifideles laici de 1988 constituyen actualmente el cuadro
principal de referencia en lo que atañe a la vocación
de los fieles laicos, a su comunión y participación en
la vida y misión de la Iglesia. La validez del
documento, que ha suscitado gran interés y vastos ecos, procede
del haber sabido conjugar simultáneamente tres importantes objetivos. En primer
lugar, se puede encontrar en él una recapitulación orgánica de
las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre los laicos, a
la luz del sucesivo magisterio y praxis de la Iglesia.
En segundo lugar, afronta el tema de la novedad de
los movimientos y de cuestiones que cobraron cuerpo después del
Concilio, mientras que procede a la vez al delicado y
necesario discernimiento de experiencias, corrientes y modalidades de participación del
laicado que fueron características del primer periodo postconciliar. En tercer
lugar, propone renovadas orientaciones para « suscitar y alimentar una
más decidida toma de conciencia del don y de la
responsabilidad que todos los fieles (...) tienen en la comunión
y misión de la Iglesia ».(26)
La exhortación apostólica ha sido,
pues, una « magna carta » que ha inspirado y
guiado los sucesivos programas del Consejo Pontificio para los Laicos.
Como el sentido de la dignidad, de la corresponsabilidad y
participación de los laicos se iluminan y realizan cabalmente sólo
desde el misterio de comunión misionera que es (que vive)
la Iglesia, las actividades emprendidas por el dicasterio han apuntado
siempre a promover una participación basada sobre una renovada adhesión
al Misterio, en el encuentro y seguimiento de Cristo, y
sobre una renovada leticia en la comunicación misionera del don
recibido. Por eso mismo, ante el interrogante clerical: « ¿Qué
hacer con los laicos? », ha puesto siempre a la
luz más el « ser » que las funciones y
atribuciones: ser creaturas nuevas –hombres nuevos y mujeres nuevas–, incorporadas
a Cristo mediante la gracia bautismal, llamadas a crecer como
« christifideles » en la santidad, partícipes a su modo
del triple oficio sacerdotal (o cultual), profético (de testimonio y
anuncio) y real (de dominio de sí y del mundo
al servicio dei reino de Dios).
6. Campos de actividad
6.1. Contactos
con las conferencias episcopales y las Iglesias locales
El Consejo Pontificio
para los Laicos tiene relaciones de colaboración sea con las
conferencias episcopales sea con los obispos de las Iglesias particulares.
De ellos, en efecto, y de su ministerio, dependen en
gran medida un auténtico crecimiento y participación de los «
christifideles » laicos en la misión de la Iglesia.
En el
correr de los años han ido aumentando considerablemente los encuentros
con los ordinarios diocesanos y cobrando cada vez más importancia
las sesiones de estudio con los grupos de obispos en
visita « ad limina ». Los temas planteados con mayor
frecuencia por parte de los obispos en estas ocasiones han
sido aquellos concernientes a la formación de los laicos, las
relaciones de los movimientos eclesiales con los pastores y su
inserción en la vida de las Iglesias locales, los ministerios
no ordenados confiados a fieles laicos, el compromiso de los
laicos en el mundo, la promoción de la mujer y
la pastoral juvenil. El diálogo con los obispos y las
reflexiones que proceden de esos muchos encuentros ayudan al dicasterio
a ponerse a la escucha de las situaciones y experiencias
locales y representan una base insustituible para el discernimiento de
las cuestiones de mayor actualidad y para la elaboración de
sus programas.
En el ámbito de las conferencias episcopales, el diálogo
y la calaboración se llevan a cabo a nivel de
las respectivas comisiones para los laicos y para la pastoral
juvenil. Estos contactos, que se intensifican en ocasión de la
organización de encuentros regionales o continentales de laicos (Africa, Asia,
América Latina, Europa, Medio Oriente) y se revelan fructuosos en
la promoción de iniciativas relativas al apostolado laical, se establecen
también con los organismos de servicio a la colegialidad episcopal,
como el « Symposium des Conférences Episcopales d´Afrique et Madagascar
» (Sceam), la « Federation of Asian Bishops Conference »
(Fabc), el « Consejo Episcopal Latinoamericano » (Celam) y el
« Consilium Conferentiarum Episcopalium Europae » (Ccee).
6.2. Asociaciones y movimiemtos
eclesiales
Una parte consistente del trabajo del Consejo Pontificio para los
Laicos está enunciada en el art. 134 de la constitución
apostólica Pastor Bonus: « En el ámbito de la propia
competencia, el Consejo trata todo lo que concierne a las
asociaciones laicales de fieles; erige luego a las que tienen
un carácter internacional y aprueba o reconoce sus estatutos (...);
en lo que concierne a las terceras órdenes, cuida (...)
lo que se refiere a su actividad apostólica ». La
exhortación apostólica Christifideles laici da una idea del radio de
acción de esta tarea cuando señala « la riqueza y
la versatilidad de los recursos que el Espíritu alimenta en
el tejido eclesial (...) y la capacidad de iniciativa y
generosidad » que demuestra en ese campo el laicado, reconociendo
« una nueva época asociativa de los fieles laicos »
en la que « junto al asociacionismo tradicional y a
veces desde sus mismas raíces, han germinado movimientos y asociaciones
nuevas (...) ».(27)
En respuesta a las enseñanzas y a las
indicaciones del Santo Padre, el dicasterio respeta y alienta la
libertad asociativa de los fieles, valoriza los carismas y pedagogías
de las diversas formas asociativas y reconoce la riqueza de
su presencia en la comunión y misión de la Iglesia.
El
Consejo Pontificio para los Laicos mantiene estrechos vínculos con las
Organizaciones Internacionales Católicas (y la Conferencia de las Oic), con
las realidades de la Acción Católica (y el Forum Internacional
de la Acción Católica), con asociaciones, comunidades y movimientos eclesiales.
Refiriéndose a esa pluralidad de relaciones, el Santo Padre ha
destacado « ese camino muy útil que conduce a conocerse
mejor, a acoger con reconocimiento los dones y los frutos
propios de otras experiencias asociativas, (superándose así) prejuicios y oposiciones
(...), para vivir en modo más transparente la comunión, para
enriquecerse mutuamente y para participar cada uno más activamente en
la única misión de la Iglesia ».(28) Es ésta la
línea de conducta del dicasterio, y bien puede afirmarse que
no poco ha contribuido para ir suscitando más positivas actitudes
de reconocimiento recíproco, de comunión y colaboración entre las diversas
experiencias asociativas. Un papel importante en ese sentido ha jugado
también la colaboración de asociaciones, movimientos y grupos católicos en
la preparación y realización de las jornadas y encuentros mundiales
de la juventud.
El dicasterio sigue también con atención la experiencia
de nuevos grupos y comunidades laicales cuyos miembros –en parte
o en su totalidad– viven según los consejos evangélicos, sin
que conformen ni pretendan llegar a ser un instituto di
vida consagrada. Se interesa asimismo de aquellas fraternidades y asociaciones
laicales vinculadas al carisma y a la diaconía de comunidades
religiosas.
La multiplicación de experiencias asociativas requiere del Consejo Pontificio para
los Laicos –a quien ha sido confiada la delicada tarea
de discernimiento de estas nuevas formas comunitarias– un estudio atento
y puntual de la normativa canónica vigente y el ejercicio
de su « potestad de jurisdicción ». En este contexto,
las solicitudes de reconocimiento o erección canónica planteadas al dicasterio
lo han llevado, por una parte, a definir un íter
para la presentación y el examen de los estatutos y
la elaboración de decretos de concesión de la personalidad jurídica
y de actos similares y, por otra parte, a intensificar
las consultas (también mediante reuniones « ad hoc ») con
canonistas sobre diversas cuestiones, como, por ejemplo, la distinción entre
asociaciones de derecho público y de derecho privado, la participación
de cristianos de otras confesiones y comunidades en asociaciones católicas,
la configuración canónica de asociaciones cuyos miembros siguen radicalmente los
consejos evangélicos, la adhesión de sacerdotes y religiosos a asociaciones
y movimientos laicales, etc.
6.3. Los jóvenes
La Sección « jóvenes »
del Consejo Pontificio para los Laicos, instituida por Juan Pablo
II en 1986, quiere dar concreta visibilidad a la importancia
que el Papa y toda la Iglesia atribuyen al mundo
de los jóvenes en el presente y en el futuro,
y ser signo de solicitud pastoral y de confianza respecto
de ellos. El Santo Padre expresó magistralmente esta finalidad en
un discurso a la Curia romana, del 20 de diciembre
de 1985, cuando afirmó: « Todos los jóvenes deben sentirse
seguidos por la Iglesia: por eso, toda la Iglesia, en
unión con el Sucesor de Pedro, tiene que sentirse cada
vez más comprometida, a nivel mundial, en favor de la
juventud, de sus ansias y solicitudes, de sus apertunas y
esperanzas, para corresponder a sus expectativas, comunicando la certeza que
es Cristo, la Verdad que es Cristo, el amor que
es Cristo ».(29)
Punto de referencia fundamental para la actividad de
la Sección es la Carta Apostólica a los jóvenes y
a las jóvenes de todo el mundo, publicada por el
Santo Padre en 1985 con ocasión del Año Internacional de
la Juventud.
En el ámbito de 1a Santa Sede, la Sección
se considera como portavoz de los jóvenes, instrumento de sensibilización
de otros dicasterios en materia de pastoral y de problemas
de juventud, centro de información sobre las realidades de la
pastoral y del apostolado de los jóvenes a nivel mundial.
En
el ámbito de la Iglesia universal, la Sección divulga las
iniciativas del Santo Padre, se mantiene en contacto con movimientos
y asociaciones juveniles internacionales promoviendo encuentros y colaboraciones entre ellas
y organiza congresos de pastoral juvenil a nivel internacional y
continental.
En el ámbito de las organizaciones internacionales que se ocupan
de la juventud por ejemplo, las comisiones de la Unesco
y del Consejo de Europa), la Sección « Jóvenes »
está encargada, por lo general, de representar a la Santa
Sede.
Momentos fuertes de su actividad son la preparación de las
celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud, instituida por
Juan Pablo II en 1985 (que tienen lugar anualmente en
las Iglesias locales) y la organización de los Encuentros mundiales
del Papa con los jóvenes (que tienen lugar cada dos
años en países diversos, sede de cada uno de ellos)
en cuyo contexto se destaca especialmente el Forum Internacional de
los Jóvenes.
La Sección se ocupa de la edición de las
enseñanzas oficiales del Sumo Pontífice a los jóvenes en el
volumen « El Papa habla a los jóvenes » y
recoge documentación relativa a la pastoral, a las asociaciones y
a los movimientos juveniles, a las actividades de las más
importantes organizaciones internacionales que trabajan con los jóvenes y a
las más significativas publicaciones de pastoral, pedagogía, sociología y sicología
sobre el tema.
En nombre del Consejo Pontificio para los Laicos,
su sección « Jóvenes » promueve y coordina las actividades
del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo, querido con sede en
Roma por Juan Pablo II para la acogida y la
evangelización de los jóvenes peregrinos.
Las actividades de la Sección «
Jóvenes » cuentan con la ayuda de la Fundación «
Juventud Iglesia Esperanza », erigida como persona jurídica pública el
29 de junio de 1991 por el presidente del Consejo
Pontificio para los Laicos, con la finalidad de « cooperar
a la puesta en práctica de las enseñanzas del magisterio
de la Iglesia católica en orden a la prioridad de
la pastoral juvenil, particularmente manifestada en las jornadas mundiales de
la juventud » y de « promover la evangelización de
los jóvenes y sostener la pastoral juvenil en todo el
mundo » (Estatuto, arts. 1, 2.1).
6.4. La vocación y la
misión de la mujer
En su compromiso por poner en práctica,
en el ámbito del laicado, las enseñanzas del Concilio Vaticano
II, el Consejo Pontificio para los Laicos no ha descuidado
jamás una especial atención a la cuestión de la igual
dignidad que hay que reconocer al hombre y a la
mujer.(30) Esta atención ha hecho que el dicasterio fuese punto
de referencia para iniciativas eclesiales emprendidas en la materia, como,
por ejemplo, la Comisión de estudio sobre la Mujer en
la Sociedad y en la Iglesia, instituida por Pablo VI
en 1973 y que concluyó su mandato en 1976.
El comienzo
de un trabajo sistemático de investigación y de estudio en
este campo se dio, sin embargo, en el año 1975.
Proclamado como Año Internacional de la Mujer por las Naciones
Unidas, vio la activa colaboración del dicasterio para la contribución
de la Santa Sede.(31) El Consejo siguió prestando esa colaboración
–sirviéndose también de los resultados de análisis realizados con la
cooperación de movimientos y asociaciones internacionales comprometidas en la promoción
de una más activa presencia de la mujer en la
vida social y eclesial– en ocasión de todas las Conferencias
mundiales sobre el tema: Ciudad de México (1975), Copenaghe (1980),
Nairobi (1985), Pekín (1995).
La atención que Juan Pablo II presta
a la dignidad de la mujer y la importancia que
da a la plena comprensión de la identidad de la
persona –creada varón y mujer– han llevado al Consejo Pontificio
para los Laicos a poner estos dos principios al centro
de sus iniciativas más recientes, como el encuentro internacional «
Mujeres », realizado en Roma en diciembre de 1996, con
la participación de más de 120 personas, en su mayoría
mujeres católicas. Dos fueron los momentos más relevantes de la
reflexión: una « lectura » de la Conferencia de Pekín
hecha a la luz de las orientaciones de Juan Pablo
II en la exhortación apostólica Christifideles laici, en la carta
apostolica Mulieres Dignitatem y en la Carta a las mujeres
y un estudio de los fundamentos antropológicos y teológicos de
la dignidad y misión de la mujer, capaz de suscitar
una re-comprensión de la identidad femenina, del respeto de la
vida y el cuidado de lo humano, de la reciprocidad
complementaria entre varón y mujer y de la espiritualidad femenina.
En
el desarrollo de este trabajo, el Consejo –siempre abierto a
la colaboración con otros dicasterios de la Curia romana, con
asociaciones, movimientos y organizaciones no gubernamentales (Ong)– es ayudado por
un grupo consultivo « ad hoc » compuesto mayoritariamente por
mujeres.
6.5. El compromiso de los laicos en el mundo
La necesidad
de una presencia cristiana laical, coherente y eficaz, en los
ambientes en que están en juego cuestiones cruciales de la
convivencia social pone en primer plano la exigencia de una
adecuada formación y de una compañía pastoral de los fieles
laicos con puestos de responsabilidad en la « ciudad secular
». Dado que esta formación cristiana tiene que incluir, obviamente,
un conocimiento profundo de la Doctrina Social de la Iglesia,
el Consejo Pontificio para los Laicos sigue con interés los
programas y las iniciativas que contemplan su estudio, su divulgación
y su concreta aplicación en los ámbitos de la política,
del mundo del trabajo, de la actividad empresarial, del sindicato,
del mundo universitario, etc.
El dicasterio ha dado respuesta a esta
preocupación promoviendo diversas iniciativas en el ámbito de la pastoral
de los trabajadores y de los universitarios. Más reciente y
especialmente significativo ha sido el Simposio internacional organizado a los
30 años de la promulgación de la Constitución pastoral Gaudium
et Spes sobre la Iglesia en el mundo contemporaneo. Participaron
en él cristianos con altas responsabilidades políticas e institucionales, empresariales
y sindicales, académicas, científicas y artisticas (a niveles nacionales e
internacionales), que aportaron una valiosa contribución a la reflexión sobre
cuestiones de gran importancia consideradas en la segunda parte del
documento conciliar (matrimonio y familia, trabajo y economía, educación y
cultura, política y derechos humanos, paz y colaboración entre los
pueblos) y sobre las concretas posibilidades de testimonio y acción
de los cristianos.
La formación de los cristianos laicos para dar
testimonio de Cristo en todos los ambientes, su conocimiento de
la Doctrina social de la Iglesia, su compromiso por la
paz y por la creación de condiciones de vida más
justas y más humanas, la necesidad de su acompañamiento y
sostén por parte de la comunidad cristiana y sus pastores...
son temáticas siempre presentes en los programas del dicasterio y
en su diálogo con los obispos del mundo entero. Y
son también cuestiones que llaman a la colaboración en el
ámbito de la Curia romana, por ejemplo con los Consejos
Pontificios para la familia, de la cultura, de la justicia
y la paz, « Cor unum »...
6.6. La participación de
los laicos en la vida de las comunidades eclesiales
Otro campo
de trabajo del dicasterio es el de la participación de
los fieles laicos en la vida de las comunidades cristianas
locales, animados por un profundo sentido de pertenencia eclesial y
enriquecidos por el reconocimiento de la diversidad y complementaridad –en
el seno del pueblo de Dios– de vocaciones, ministerios y
carismas, estados de vida y funciones. Esta participación, sostenida sobre
todo por la vida litúrgico-sacramental, fuente de la vocación y
misión de los fieles, se expresa en las dimensiones comunitaria,
caritativa, catequética, educativa e misionera.
El dicasterio, consciente de la importancia
de la parroquia –que reune a los fieles laicos en
torno al pan de la Palabra y de la Eucaristía
para su crecimiento en santidad y comunión–, sigue con atención
las iniciativas que, en su ámbito, tienden a profundizar la
formación cristiana, a dar nuevo impulso al apostolado y a
alimentar la vida comunitaria. Entre éstas cabe señalar, por ejemplo,
a las pequeñas comunidades o comunidades eclesiales de base, que
son lugares de compromiso de muchos fieles laicos, y a
las formas tradicionales de la piedad popular (devociones, peregrinaciones, etc.)
mediante las cuales muchísimos laicos expresan su arraigo en la
tradición cristiana. Otros momentos fuertes de movilización del laicado, que
no dejan de llamar la atención del dicasterio, son también
los sínodos y los congresos nacionales de católicos.
Tienen especial relevancia
en el trabajo del dicasterio en esta perspectiva las diversas
formas de institucionalización de esa participación y corresponsabilidad eclesial de
los laicos, como se da en los consejos nacionales de
laicos que existen en muchos países en cuanto espacios de
encuentros y colaboraciones, y en la presencia y contribución de
los laicos en los consejos pastorales (parroquiales y diocesanos). En
colaboración con otros dicasterios, el Consejo Pontificio para los Laicos
se ocupa, en fin, de la creciente y variada experiencia
de los ministerios no ordenados confiados a laicos.
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