Autor: P. Jorge Loring, S.I. | Fuente: Para Salvarte Adicción a la masturbación
Debilita la fuerza de voluntad, la confianza en sí mismo, y perturba el desarrollo de la personalidad
Adicción a la masturbación
El vicio solitario (masturbación) consiste en abusar del propio
cuerpo excitando los órganos genitales para procurarse voluntariamente el placer
hasta el orgasmo. A veces, se comienza por mera curiosidad;
pero si no se corrige esta inclinación se convierte en
un vicio obsesivo que esclaviza a la persona y le
desinteresa por todo lo demás: como le pasa al drogadicto.
Dice
André Léonard, Profesor de la Universidad de Lovaina: «Por su
misma naturaleza, la masturbación contradice el sentido cristiano de la
sexualidad, vivida como alianza de amor. (...) El ejercicio de
la facultad sexual queda privado de toda referencia afectiva con
una pareja, en la medida en que el sujeto se
repliega sobre sí mismo, en el disfrute de sí mismo.
(...) La masturbación, privada del amor, deja a menudo insatisfecho
a quien se entrega a ella. Conduce al vacío y
al disgusto». Debes tener el coraje de pensar, y también
decir, que la masturbación es un mal. Escucharás con frecuencia
argumentos que intentan defender que se trata de un comportamiento
inofensivo, tan anodino como el beber, comer o transpirar. Es
preciso desmontar esas razones. (...) «No es ciertamente el pecado
más grave que puedas cometer. Pero eso no impide que
te hagas su esclavo, que te habitues a una sexualidad
egoísta, y que asfixie en ti la vida espiritual».
La
masturbación puede llegar a ser algo obsesivo en la persona.
Hace del placer sexual algo egoísta, cuando Dios lo ha
hecho para ser compartido dentro del matrimonio. Conozco casos de
matrimonios fracasados porque uno de los dos, esclavizado por la
masturbación, se negaba a las naturales expresiones de amor dentro
del matrimonio. Quien se deja esclavizar del vicio de la
masturbación puede arruinar la armonía sexual de su matrimonio. Una
mujer joven se quejaba en la consulta de un médico
de que su marido tenía con ella muy pocas relaciones
sexuales. Él reconoció, delante de ella, que prefería masturbarse.
Quien
tiene la desgracia de verse esclavizado de esta mala costumbre
debe poner el mayor esfuerzo en corregirse cuanto antes. Este
vicio encadena fuertemente, cada vez es más difícil desligarse de
él, y cuando tiene esclavizada a una persona, la envilece,
la embrutece, anula su voluntad, destroza su carácter, perturba el
desarrollo de su personalidad, debilita la fe, produce desequilibrio nervioso,
hace egoístas e incapacita para amar a otra persona.
«No
se puede abusar del organismo. La naturaleza pasa después la
factura. El cuerpo humano tiene sus límites. No se pueden
gastar las energías destinadas al desarrollo integral de la persona
humana». Incluso para Freud «el masturbador incurre en riesgo de
bloquear el desarrollo y maduración de su psicoafectividad». «La práctica
habitual de la masturbación conduce a graves desequilibrios nerviosos».
Todos
los médicos están de acuerdo que cuando la masturbación es
frecuente, conduce a la neurastenia. Y cuando la masturbación es
un vicio esclaviza como todos los vicios.
«La masturbación es, con
frecuencia, expresión de egocentrismo, (...) indicio de un desarollo retardado
o detenido de la personalidad».
«Cuando la masturbación se
convierte en hábito, debe ser calificada como falta de madurez.
(...) Cuando la masturbación presenta síntomas de psicosis y neurosis,
debe buscarse la ayuda de un profesional que la someta
a un tratamiento adecuado.(...) Las fuentes que dan pábulo a
la fantasía -lecturas, televisión, cine- han de considerarse como la
base de muchas acciones que no deberían haber tenido lugar,
si no hubiesen sido estimuladas».
Hay maníacos sexuales «que buscan
el placer una y otra vez por sí mismo, y
caen, como los drogadictos, en el círculo de una insaciable
repetición, con el fin de superar en cada nuevo intento,
las incesantes frustraciones.
«La masturbación hecha costumbre da por lo
general seres psíquicamente replegados sobre sí mismos, especialmente incapaces de
elevarse a un auténtico amor sexual».
El vicio de
la masturbación es causa de muchos fracasos en los estudios
y en el deporte. Esto lo saben muy bien los
estudiantes y los deportistas.
«Cuando un ser humano se
habitúa a satisfacer un instinto en una forma determinada, puede
llegar a perder, a través de un mecanismo psicológico, el
deseo o la atracción por todas las demás formas. El
hábito de saciar el hambre sexual de una forma anormal
y viciosa, puede llegar a provocar la repelencia por el
acto natural, con lo cual el masturbador entra de lleno
en el campo de la incapacidad sexual psicológica».
El
vicio de la masturbación lleva a la eyaculación precoz en
el matrimonio, que impide acomodarse al ritmo de la mujer
que es más lenta, y es causa de graves problemas
en la armonía sexual matrimonial. Los médicos americanos que habían
tratado a muchachas que se masturbaban, descubrieron que después de
casarse resultaban esposas frígidas.
«No es inteligente considerar la
masturbación como algo natural, pues causa una serie de trastornos
en el adolescente. No sólo en el campo religioso, sino
en el afectivo, psicológico, intelectual, etc., donde se hacen sentir
sus malos efectos. (...). El que en plena adolescencia el
joven sienta fuertemente el impulso sexual, tiene un profundo valor
educativo. (...). Más tarde en su vida conyugal, muchas veces
tendrá que dominar sus inclinaciones».
Estas partes del cuerpo
deben respetarse con delicadeza, y sólo tocarlas por necesidad, limpieza,
higiene, etc. Pero nunca tocar estos órganos sólo por gusto.
Con eso no se juega.
Éste es un pecado degradante, repugnante,
inconcebible en una persona delicada. Sin embargo, si después te
da vergüenza confesarlo, entonces la desgracia es doble e irreparable.
Si
tuviste la desgracia de la caída, no permitas la de
la vergüenza de confesarlo. Acude a un sacerdote y ábrele
tu conciencia para que te perdone y te ayude a
salir de tan triste estado. Ten confianza. Tienes remedio. Muchos
empezaron esta mala costumbre sin conocer su importancia. Bien porque
lo descubrieron de un modo casual, bien porque fueron enseñados
por otra persona que intencionadamente quitó importancia al asunto. Pero
la masturbación es un vicio que puede esclavizar fuertemente y
transformar el carácter de la persona, y hasta su ideología
religiosa.
La masturbación puede llevar a perder la fe. Muchas incredulidades
han empezado en la masturbación». El joven siente inclinación a
masturbarse, oye que la Iglesia lo prohíbe, y siente la
tentación de dejar la Iglesia que le prohíbe lo que
le gusta hacer, y quizás le cuesta trabajo evitar. «Pero,
por otro lado, no podemos olvidar que la masturbación no
contribuye a la superación del problema sexual o de la
tensión de un momento dado. Conduce, por sí misma, a
la larga, a una erotización mayor y a una obsesión
creciente, de modo que a la larga el problema no
se soluciona. El sexo, no lo olvidemos, (Chauchard no se
cansa de repetirlo) está sobre todo en la cabeza. Tiene
una capacidad obsesionante tal, que la solución del problema sólo
se logra cuando el hombre consigue entregar su pensamiento a
tareas que le ilusionen. La solución al problema del sexo,
y a una obsesión excesiva, sólo se encuentra de modo
indirecto, cuando el hombre consigue centrar su pensamiento en algo
que le ilusiona. He sido testigo de cómo muchachos que
se han entregado con ilusión a una ocupación deportiva, incluso
en presencia de chicas, o a otro tipo de ocupación,
no tenían problema alguno sexual; mientras éste surgía siempre que
se dejaban llevar por el ocio».
Es fácil que
quienes han contraído el hábito de la masturbación experimenten un
fuerte sentimiento de culpabilidad capaz de destruir todo estímulo de
vida y de producir un permanente complejo de inferioridad. El
único tratamiento pastoralmente eficaz es el de procurar abrir horizontes
hacia expresiones plenas de la afectividad y hacia tareas culturales,
profesionales, sociales y religiosas, que den sentido a sus vidas. La
gravedad de cada acto masturbatorio no siempre es fácil determinarla
pues depende de muchas circunstancias y pueden darse atenuantes de
la responsabilidad. Sin embargo se debe poner un serio empeño
en evitarlo por el peligro de caer en la esclavitud
del hábito.
«Los trastornos afectivos y algunas situaciones neuróticas provocan frecuentemente
manifestaciones de autoerotismo, que alcanza, a veces, un carácter convulsivo
claramente psicopático...Está comprobado que la masturbación ejerce siempre una mala
influencia, sobre todo en la psicología juvenil. Debilita la fuerza
de voluntad, la confianza en sí mismo, y perturba el
desarrollo de la personalidad. Crea melancólicos e introvertidos y, en
el fondo, egoístas. La masturbación es una satisfacción sexual egoísta,
que marca a la persona y la incapacita para el
verdadero amor».
La masturbación es, muchas veces, un recurso barato y
triste; una compensación, un consuelillo de segunda clase por algún
otro éxito de cualquier otro tipo que no hemos sido
capaces de conseguir. Con todo, no todos los actos masturbatorios
son de la misma gravedad. Cuando un joven tiene interés
en corregirse y pone los medios que tiene a su
alcance aunque tenga caídas, éstas pueden tener atenuantes a su
culpabilidad. Siempre se puede acudir a Dios pidiéndole ayuda, pues
Él nunca abandona a los que acuden a Él, pidiéndole
ayuda para algo bueno y conveniente. Y como dice San
Pablo: Todo lo puedo en Aquel que me conforta.
En la
adolescencia, la masturbación puede aparecer como algo pasajero. Como eso
de los granos. Pero si es repetitivo, puede degenerar en
hábito; y esto es grave. Lo lógico es que deje
un sentimiento de culpa. Sin duda es mejor dominarse que
dejarse vencer. Dominarse es señal de adultez. La victoria es
señal de madurez. La caída es señal de debilidad; por
eso deja sentimiento de culpa.
«En la edad madura, la masturbación
puede ser síntoma de algo más serio, sobre todo si
es persistente. Puede indicar un estado de adolescencia mental, o
alguna otra deficiencia psíquica. Se encuentra, desde luego, en muchos
tipos de demencia senil y en el alcoholismo. En general
puede aparecer en todos los estados mentales, en los que
se dé una descohesión de la personalidad que tenga por
consecuencia una pérdida de control de los instintos más primitivos».
Dice el célebre moralista Häring: «No se puede decir que
la pasión destruye la imputabilidad moral de los pecados contra
el sexto mandamiento, pues si así fuera sólo un pecado
diabólico sería mortal».
A veces las caídas en la
masturbación no son por una intención lujuriosa. Son consecuencia de
una depresión, una angustia, una ansiedad que no permite conciliar
el sueño, etc. Casos así pueden remediarse con algún sedante
inofensivo RECOMENDADO POR UN MÉDICO. En una conferencia que le
oí en 1976 al Dr. D. José Mª Poveda Ariño,
Jefe del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de
Madrid, titulada Ciencia y Doctrina Moral Sexual, dijo que la
masturbación es un fenómeno evitable por cualquier persona normal. Y
en los casos en que esta superación parezca difícil es
perfectamente asequible con los productos que un médico puede recomendarle.
En
enero de 1976 el Vaticano publicó un documento sobre Moral
Sexual donde dice: «El uso deliberado de la facultad sexual,
fuera de las relaciones conyugales normales, contradice esencialmente la finalidad
de esta facultad» (nº5). También dice este documento que «la
masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado» (nº9). Esto
significa que el acto, "en sí mismo", es siempre materia
de pecado grave ("objetivamente malo"). Para determinar si el acto
de una persona concreta es pecado grave también habrá que
considerar si se cumplen las otras condiciones del pecado grave:
que tenga uso suficiente de razón como para saber lo
que está haciendo y la malicia del acto, y que
consienta plenamente al mismo.
En 1983 el Vaticano ha publicado otro
documento sobre la educación sexual (Orientaciones educativas sobre el amor
humano)donde dice: «La masturbación es un grave desorden moral». Y
aunque sólo Dios conoce la responsabilidad moral subjetiva de cada
acto, «de ningún modo se puede sostener que en el
campo sexual no se cometen pecados mortales».
Pero no has
de considerar pecado todos los tocamientos en tus órganos genitales.
Pueden ser pecado los tactos encaminados a excitar el placer
sexual; pero otros actos que se hacen por necesidad o
por higiene, no son pecado alguno. Y en las conmociones
orgánicas que sientas involuntariamente, reprime el consentimiento, y en paz.
No has pecado contra la pureza. Aprende a distinguir entre
el sentir y el consentir. Puede ser que a veces
sientas movimientos contra tu voluntad en tus órganos genitales. Acostúmbrate
a prescindir de esas sensaciones.
El pecado no está en
el sentir, sino en el consentir. En el noveno mandamiento
te expongo el modo de luchar contra estas tentaciones molestas.
Pero si tuvieras la desgracia de haberte complacido voluntariamente en
ese placer sexual, entonces manchaste tu pureza.
El orgasmo, que es
la sacudida que experimenta el cuerpo con la satisfacción del
placer sexual, es derecho exclusivo de casados. Una persona soltera
no puede ni procurárselo voluntariamente ni aceptarlo si lo experimenta
involuntariamente. A veces el orgasmo se produce imprevistamente. En ese
caso tampoco es lícito saborearlo voluntariamente, aunque no se pueda
evitar la sensación placentera. Pero cuando ocurre durmiendo no es
pecado alguno.
El placer venéreo completo, el orgasmo, buscado directamente, sólo
está permitido dentro del matrimonio, dentro del acto conyugal.
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y dedicado a expresar lo necesario y un poco mas de
lo necesario (aunque no esta de mas un poco mas de
información sobre un tema tan fructífero como lo es
la orientación sexual).