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1. ¿Qué es el relativismo moral? 2. ¿Cuáles son las principales
características del relativismo moral? 3. ¿Cómo podemos refutar el relativismo? 4. ¿Por
qué el relativismo moral es tan grave y dañino? 5. ¿Por
qué el relativismo moral está tan difundido hoy en día? 6.
¿Cuál es la respuesta al relativismo moral? 7. ¿Cómo puede la
ley natural sustentar la democracia sin ser impuesta? 8. ¿Cómo hacer
que todos lleguen a aceptar estos principios? 9. Resumen.
1. ¿Qué es
el relativismo moral? El relativismo en general consiste en la ideología
que dice que la verdad de todo conocimiento, sobre todo
acerca de Dios y la moral, depende de las opiniones
o circunstancias de las personas. En realidad, el relativismo, en
cuanto al conocimiento de la realidad en general, deviene en
agnosticismo. El agnosticismo es la negación o la puesta en
duda de la capacidad del ser humano de conocer la
verdad objetiva. Aquí nos vamos a limitar a analizar un
poco el relativismo moral. Dejaremos de lado el relativismo filosófico
y el relativismo religioso. El relativismo moral se define por
los siguientes dos referentes esenciales: (1) La “verdad” moral depende
de cada individuo o situación. Es decir, cada individuo determina
y decide lo que está bien o mal para él
o ella en una situación determinada. Es decir, cada individuo
o su conciencia se constituye en fuente de lo que
está bien o de lo que está mal según cada
situación. Es posible que el relativista utilice lo que aprenda
de otros en cuanto a lo que debe hacer. Pero
en última instancia él mismo es el que determina si
lo que le han dicho es verdad para él o
ella aquí y ahora. Es fácil ver que el relativismo
se convierte en voluntarismo (“esto está bien o mal porque
yo lo decido”) o en situacionismo (el individuo decide lo
que hay que hacer o no hacer según cada situación).
(2) No existen principios morales objetivos, absolutos y universales. Como
las opiniones y las circunstancias son cambiantes, ningún conocimiento o
principio moral, según esta postura, es objetivo, absoluto o universal.
Es decir, el relativismo postula que ningún conocimiento o principio
moral es verdadero independientemente de las opiniones de las personas
o de sus circunstancias, ni tampoco, por esa misma razón,
es válido para todos en todo tiempo y lugar. *********************************** 2. ¿Cuáles
son las principales características del relativismo moral? (1) Considerar que
todas las opiniones “son iguales”. El relativismo moral le tiene
un odio visceral a las jerarquías de las ideas. El
relativista no puede aceptar que unas ideas sean superiores a
otras, en el sentido de tener más probabilidad de ser
ciertas que otras, o el que unas ideas sean definitivamente
verdaderas y otras no. Si el relativista llegara a aceptar,
por ejemplo, que la idea de que el aborto es
malo para todo el mundo es la verdadera y que
la idea contraria es falsa, dejaría de ser relativista. (2)
Confundir el respeto a la persona y su derecho a
opinar con su opinión. Todos tenemos el deber de respetar
a los demás y también su derecho a opinar. Pero
no tenemos por qué respetar todas las opiniones o, dicho
de un modo más adecuado y respetuoso (para no faltar
a la caridad), no tenemos por qué aceptar todas las
opiniones, por el simple hecho de que no todas las
opiniones son válidas. Incluso, hasta tenemos el deber, si las
circunstancias lo permiten, de refutar las opiniones falsas y dañinas.
Por ejemplo, si un hombre dice que él opina que
no hay nada malo en que los maridos a veces
les peguen a sus esposas, yo tengo el deber de
respetar a ese individuo, pero al mismo tiempo tengo el
deber de decirle que su opinión es absolutamente falsa y
dañina. (3) El individualismo o subjetivismo. La razón por la
cual el relativista tiene la confusión que acabamos de señalar
arriba es porque en el fondo el relativismo es individualista
o subjetivista por naturaleza. El individualismo o subjetivismo consiste en
creer que lo que es verdad para mí no necesariamente
lo es para ti y viceversa. Es decir, el subjetivismo
pone el énfasis en el sujeto que opina y no
en la realidad objetiva acerca de la cual se está
opinando. Por ello es que el relativista insiste con frecuencia
en que “todo el mundo tiene el derecho a opinar”,
que “hay que respetar la opinión de todo el mundo”,
que “¿quién es usted para decir tal cosa?”, etc., etc.
(4) Enfatizar una presunta “sinceridad” o “autenticidad”. Es decir, lo
que importa es la sinceridad subjetiva de la persona y
no tanto su conducta. Si la persona cree sinceramente que
hacer tal cosa está bien, entonces el hacerlo también lo
está. Por ejemplo, para un relativista, si un joven cree
que tener relaciones sexuales con su novia sin casarse con
ella está bien porque la “ama mucho”, entonces está bien
que fornique con ella. Ante este tipo de cosas el
relativista no dice ni una palabra sobre el deber de
buscar la verdad (que en definitiva es lo que significa
ser sincero). Tampoco hace la distinción entre una presunta sinceridad
subjetiva y la maldad intrínseca del acto que se está
llevando a cabo, en este caso el acto de fornicación
(recordemos que al relativista no le gustan las distinciones, para
él todo es igual o todo está al mismo nivel). ********************************* 3.
¿Cómo podemos refutar el relativismo?
(1) El relativismo se contradice
a sí mismo. El principio de que todo es relativo
no es relativo, sino absoluto. Es decir, es una pretensión
velada de carácter absoluto. (2) El relativismo, por su propio
planteamiento, no merece ser tomado en serio. El relativismo moral
plantea que no hay una verdad moral absoluta que sea
válida para todos en todo momento y lugar. Si ello
es así, entonces la propia “moral” relativista, en su conjunto
tampoco merece ser considerada como válida. La puedo desechar tranquilamente como
algo tonto, inútil, ridículo y grotesco. El relativismo es una
soberana insensatez, un insulto al intelecto humano y un ataque
directo al sentido común (que hoy en día se está
convirtiendo en el menos común de los sentidos). Al rechazar el
relativismo moral se impone una aclaración. La ética correcta, que
es contraria al relativismo moral, no postula que todas las
normas morales sean absolutas. Evidentemente hay algunas que no lo
son. Por ejemplo, en general se debe devolver lo prestado
a su dueño. Pero si al momento de devolverle, digamos,
una herramienta afilada a su dueño, éste se encuentra mentalmente
perturbado y violento, es lógico que no debo devolvérsela (al
menos no en ese momento). La moral correcta sí plantea es
que hay ciertos actos que son intrínseca y gravemente malos
(malos en sí mismos) y que por ende nunca deben
ser realizados, sin importar la intención (ni la opinión) ni
la situación. Ejemplos de ello son los actos intrínsecamente malos mencionados
en los principios no negociables de la Introducción a este
curso: el aborto, la eutanasia, la destrucción de embriones, la
anticoncepción, la esterilización directa, el irrespeto al matrimonio hombre-mujer, etc.
Las normas morales que prohíben estos actos son normas absolutas,
es decir, esas normas nunca se deben transgredir, porque protegen
valores que son intrínsecos a la persona humana: la vida,
el matrimonio, la familia, la sexualidad humana, etc.4. ¿Por qué
el relativismo moral es tan grave y dañino? Creemos firmemente que
uno de los problemas de fondo del mundo contemporáneo es
el relativismo moral. El mundo se está dividiendo rápidamente en
dos campos: los que creen que todo es relativo y
los que creen que no todo es relativo, sino que
existen unos principios morales objetivos, universales y absolutos; es decir,
principios que gozan de existencia propia y que son aplicables
a todos los seres humanos en toda circunstancia y lugar. Las
categorías de “liberal” y “conservador” cada día son menos relevantes.
En la práctica, las personas que se suscriben a una
u otra clasificación lo hacen por motivos principalmente políticos, más
que éticos. Y lo político, aunque es importante, no toca
el fondo del problema, que es de índole moral, ya
que la crisis actual es de valores y los valores
son el fundamento de todo actuar humano. El relativismo moral es
tan grave y dañino porque a consecuencias de esta ideología
los derechos de los más débiles e indefensos de la
sociedad no son respetados. En una sociedad en la cual
gran parte de las personas se subscriben --consciente o inconscientemente--
al relativismo moral, las personas en desventaja corren el peligro
de no ser respetadas. La razón de ello se encuentra
en el propio postulado relativista. El relativismo moral postula, como
ya hemos señalado, que no existen principios morales objetivos, absolutos
y universales. En su lugar, el relativismo moral afirma que
la ética es individual y subjetiva. Es decir, cada persona
tiene sus propias convicciones morales, las cuales pueden diferir de
las de los demás. Con esta manera de ver las
cosas, y dado que el relativismo moral facilita el individualismo
egoísta, se puede caer sin mayores dificultades en el abuso
de los fuertes contra los débiles. Es decir, los que
tienen voz, voto y poder les impondrán sus propias conveniencias
o “convicciones morales” (el término más adecuado aquí sería “derechos”)
a los que carecen de estas ventajas. El ejemplo más paradigmático
de ello es el aborto. En no pocas sociedades “democráticas”
de la actualidad, el aborto es considerado un “derecho”, incluso
un “derecho” ilimitado. Los no nacidos no tienen ni voz
ni voto, ni mucho menos poder para defenderse. (Otros tendrán
que hablar por ellos y defenderlos.) Se da entonces la
dictadura de los fuertes contra los débiles. Este es el
tipo de falsa democracia a la que hemos llegado hoy
en día, debido al relativismo moral. Se trata de “la
dictadura del relativismo”, como el Papa Benedicto XVI le ha
llamado. *********************************** 5. ¿Por qué el relativismo moral está tan difundido hoy
en día? Para entender la extensión de la gravedad de esta
ideología, hay que comprender su alcance y difusión en la
cultura actual. Hay que darse cuenta de por qué el
relativismo ha infectado, como una especie de virus amoral, a
casi todas las esferas sociales e, incluso, aún a no
pocos cristianos. Son varias las causas de esta “epidemia”: (1)
El relativismo moral justifica y facilita el individualismo egoísta. El
hedonismo es la búsqueda del placer como el fin más
importante de la vida. Como el dejarse llevar por el
egoísmo es más fácil que practicar el amor a Dios
y al prójimo, de ahí que esta ideología se encuentre
tan difundida. (2) La propaganda de los medios de comunicación.
Se trata de una propaganda continua y mediática --subliminal muchas
veces, explícita otras-- del individualismo hedonista. Es por ello, entonces,
que hoy nos encontramos en medio de una situación de
rampante relativismo moral. Las películas, los programas, los artículos de
opinión y los anuncios de TV, radio e Internet, constantemente
están promoviendo lo placentero y conveniente como lo más importante
en la vida.
(3) La manera en que el relativismo
rechaza a los que creen en la moral verdadera. Para
el relativista, los que proponen una moral objetiva padecen de
autoritarismo y soberbia. Según el relativista, las personas que defienden
principios morales objetivos y universales quieren imponerles a los demás
su propia concepción ética de la realidad humana. Se trata,
según el relativista, de la imposición antidemocrática de una moral
“sectaria”. De ahí que las personas que defienden la vida
y la familia sean tildadas de “retrógrados”, “conservadores”, “fundamentalistas”, “reprimidos”,
“homofóbicos” y un montón de sandeces más. Como el relativista
es incapaz de refutar la postura provida (de hecho, es
irrefutable), entonces no le queda más remedio que recurrir al
descrédito personal, a la difamación y a la imposición de
etiquetas. En realidad, son los relativistas los que les están
imponiendo su “ética” a los más indefensos. *********************************** 6. ¿Cuál es la
respuesta al relativismo moral? La respuesta al relativismo moral y al
daño tan inmenso que éste está causando, no puede ser
otra que la realización de que la base de una
auténtica democracia tiene que ser la moral objetiva y universal,
de la cual formen parte ciertos principios absolutos. Si esa
convicción cala en lo más profundo de todas las personas,
o de al menos la mayoría de las personas, entonces
los derechos de los desaventajados podrán ser respetados. El criterio rector
de la gente ya no será la conveniencia individual, característica casi
ineludible de la moral relativista, sino esos principios o valores
morales objetivos y universales, en los cuales se fundan los
auténticos derechos humanos fundamentales. El primero de todos los derechos,
por ser base y condición de todos los demás, es
el derecho a la vida.
En realidad, esos principios morales no
deben ser objeto de votación por parte de la mayoría,
sino que deben anteceder y hacer posible el sistema democrático
de libre participación. Para seguir con nuestro ejemplo del respeto
a la vida, no es la democracia la que debe
determinar el derecho a la vida; es el derecho a
la vida lo que hace posible la democracia. Para ponerlo
de forma más sencilla: para votar hay que estar vivo
primero. El derecho a la vida, los derechos de la
familia y otros derechos fundamentales son la base y condición
de la democracia --y de cualquier otro sistema civilizado que
respete los auténticos derechos humanos y el bien común. La
democracia que no esté fundada en principios morales que salvaguardan
los derechos, incluyendo los de las minorías, no es una
auténtica democracia, se ha convertido en un espejismo en medio
del desierto del relativismo moral. Por consiguiente, y contrariamente a
lo que creen muchos, el sistema ético que le corresponde
a la democracia no es el relativismo moral, sino la
moral objetiva y universal o ley natural.
7. ¿Cómo debe la
ley natural sustentar la democracia sin ser una imposición injusta? Las
últimas aseveraciones de la respuesta a la pregunta anterior hacen
que surja el siguiente dilema. No podemos imponerle a la
gente la moral objetiva y universal (= la ley natural).
¿Qué hacemos entonces? Respondamos a esta pregunta aclarando tres cosas:
(1) Las sociedades democráticas ya imponen sus leyes a sus
ciudadanos. Muchas de esas leyes no han sido objeto de
votación, al menos no por muchos de los que en
la actualidad viven en ellas. Las leyes que prohíben el
asesinato, el robo, el conducir de forma contraria a los
signos del tránsito y otras muchas, son leyes que deben
ser obedecidas, so pena de incurrir en castigos. Sin embargo,
ninguna persona decente se queja de estas imposiciones. (2) No
estamos hablando de imponer las normas de una religión particular.
La segunda aclaración es que, cuando hablamos aquí de principios
morales objetivos para toda la sociedad, no estamos incluyendo en
ellos los mandamientos que obligan en conciencia a los miembros
de una religión determinada. Por ejemplo, sería antidemocrático que el
Estado les exigiera a todos los ciudadanos que vayan a
Misa los domingos, so pena de ir a la cárcel.
No se trata, pues, de imponerle una moral “sectaria” a
los demás. (3) Se trata de que todos aceptemos unos
principios morales comunes a todos, que hacen posible la convivencia
pacífica y con justicia para todos, incluyendo las minorías y
los desaventajados. La defensa de la vida humana desde la
concepción hasta la muerte natural no es un principio exclusivo
de los cristianos, es parte del patrimonio universal. Y ese
principio es perfectamente defendible apelando a la ciencia y a
la razón, que son el marco de referencia común a
todos, creyentes y no creyentes. (4) La motivación religiosa no
invalida la postura moral de la persona religiosa. Muchas veces
la persona provida es también una persona religiosa. Incluso, en
muchos casos su fe es lo que la ha iluminado
y la ha motivado a asumir sus convicciones morales provida.
Pero ese hecho no debe invalidar ante sus interlocutores que
no comparten esa fe, los argumentos racionales y científicos que
utiliza para convencer a los demás de defender la vida
y rechazar el aborto. En otras palabras, no se debe
confundir el hecho de que una persona sea religiosa con
la argumentación no religiosa que esa misma persona utiliza. De
lo contrario, se estaría cayendo en una injusticia y en
la falacia ad hominem, por medio de la cual se
rechaza a la persona que argumenta, en vez de refutar
su argumento. En conclusión, ninguna sociedad democrática que se precie
de ser justa puede funcionar como tal sin la aceptación
de un conjunto de principios morales objetivos que salvaguarden los
derechos de todos, incluyendo las minorías y los más débiles
e indefensos, como los niños por nacer. *********************************** 8. ¿Cómo hacer que
todos lleguen a aceptar estos principios? (1) No usar el
argumento religioso como el argumento principal. Para convencer a todos
de la verdad moral, no se puede recurrir al argumento
religioso, al menos no como el método principal. No porque
no sea válido en sí mismo, sino porque no todos
lo comparten. (2) Usar argumentos basados en la razón humana
y en la ciencia. Hay que utilizar la argumentación que
se basa en un marco común de referencia, el cual
está constituido por la razón y la ciencia. El ejemplo
del aborto sigue siendo esclarecedor. Yo no tengo que (ni
debo) bombardear a mi interlocutor con pasajes bíblicos para convencerlo de
respetar la vida y rechazar el aborto. Puedo y debo,
para convencerlo, recurrir a los argumentos racionales acerca del valor
intrínseco de cada vida humana y a los argumentos científicos
acerca de la presencia de un ser humano en el
útero de su madre desde el momento de la concepción,
así como a los daños que el aborto le causa
a la madre y al resto de la sociedad. Para
ello puedo recurrir al uso de imágenes acerca del desarrollo
intrauterino del ser humano. Si mi interlocutor me lo permite
y la prudencia lo dicta, puedo recurrir también al uso
de imágenes que muestren lo que el aborto le hace
al ser humano no nacido. (3) Siempre en un clima
de humildad y respeto. Ahora bien, toda este proceso de
argumentación debe ser realizado en un clima de diálogo y
con humildad y respeto, sin condenar a las personas, sino
el acto del aborto. La Biblia nos enseña:
“Estad siempre dispuestos
a dar respuesta a todo el que os pida razón
de vuestra esperanza. Pero hacedlo con dulzura y respeto” (1 Pedro
3:15-16).
9. RESUMEN
El relativismo moral plantea que o La “verdad” moral
depende de cada individuo o situación. o No existen normas
morales absolutas. Las características del relativismo moral son o (1)
Considerar que todas las opiniones “son iguales”. o (2) Confundir
el respeto a la persona y su derecho a opinar
con su opinión. o (3) El individualismo o subjetivismo. o
(4) Enfatizar una presunta “sinceridad” o “autenticidad”. Podemos refutar el
relativismo moral, porque o Se contradice a sí mismo o Su propio
planteamiento lo hace inmerecedor de nuestro respeto. El relativismo moral
es tan dañino, porque a consecuencias de esta ideología los
derechos de los más débiles e indefensos de la sociedad
no son respetados. El relativismo moral está muy difundido hoy
en día debido a o o o (1) Que justifica y facilita
el individualismo egoísta (el hedonismo). (2) La propaganda de los
medios de comunicación. (3) La manera en que rechaza a
los que creen en la moral verdadera. La respuesta al
relativismo moral es la realización de que la auténtica base
de una sociedad justa es una ética objetiva y universal,
que sirva de sustento para el respeto a los derechos
de todos, comenzando con el derecho absoluto a la vida,
base y condición de todos los demás. La ley natural
debe sustentar la democracia sin ser una imposición injusta, porque o
o o o (1) Las sociedades democráticas ya imponen sus leyes
a sus ciudadanos. (2) No estamos hablando de imponer las
normas de una religión particular. (3) Sino principios morales que
son comunes a todos, ej: no matar al inocente. (4)
La motivación religiosa no invalida la postura moral de la
persona religiosa. Para lograr que todos acepten los principios de
la ley natural o o o (1) No debemos usar la argumentación
religiosa como la razón principal. (2) Sino la que se
basa en la razón humana y la ciencia. (3) Siempre
en un clima de humildad y respeto (1 Pe 3:15-16). |