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Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net Historia de unas manos
¿Cuántas historias semejantes permanecen ocultas?
Historia de unas manos
Me contaron hace unos días la historia de un
niño sincero y atrevido. Un buen día Oscar, en un
arrebato de honestidad le dijo a su madre: "Mamá, eres
hermosa...". La madre no pudo menos que enternecerse y sonreír
dulcemente. Pero el hijo, pasados unos segundos, añadió: "pero tus
manos son tan feas..."
Pocos días después Oscar conocería la historia
de esas manos: Hace tiempo dormía profundamente un niño. De
pronto se encendió el mosquitero de la cuna y las
llamas amenazaron la vida del bebé. La sirvienta corrió despavorida,
mas la madre heroica y decidida, dominó el fuego a
manotazos, salvando de las llamas a su hijo. Y sus
manos del color de armiño quedaron sin piedad carbonizadas. Cuando
al final las vendas le quitaron, sus manos por el
fuego deformadas le quedaron.
El pequeño escuchaba a su padre
sin pestañear. Cuando terminó el relato, Oscar, con lágrimas en
los ojos, corrió hacia su madre, y le dijo entre
sollozos: "No hay manos cual las tuyas en el mundo,
madre".
¿Cuántas historias semejantes permanecen ocultas? Sin embargo nunca faltarán
niños o adultos atrevidos, sin pelos en la lengua. Por
ello cada día leemos o escuchamos comentarios y críticas de
todos los gustos y colores. Detestamos las manos feas, o
el comportamiento de fulanito o menganita.
Oscar nunca más se
quejará antes de conocer los motivos de tal o cual
acontecimiento. Esta pequeña historia podría enseñarnos a desterrar de nuestra
vida el famoso: piensa mal y acertarás.
¡Con cuánta facilidad se
derrama por doquier el veneno de la difamación y calumnia!
Y en muchas ocasiones sin fundamento o seguridad alguna. Después
llegan los lloriqueos, las quejas y excusas: yo pensaba, había
leído, me parecía que.... Pero ya es tarde. El veneno
mortal de la crítica ha corroído y destruido la
fama del prójimo. Todos le apuntan con el dedo. Le
cierran el paso o le desprecian.
Ojalá se agradeciera y premiara
con más frecuencia a tantos y tantos héroes desconocidos como
la madre de Oscar. La historia suele dejar en el
tintero a estos héroes. ¡Cuántas sorpresas nos llevaríamos! Se descubrirían
las hazañas y méritos de muchas personas que han sido
blanco continuo de nuestras críticas.
Te encontrarías en el índice de
ese libro: mamás que se desviven por sus hijos por
puro amor desinteresado, sin recibir nada a cambio; políticos, soldados,
misioneros, amigos y enemigos. Algún día no muy lejano todos
ellos recibirán su recompensa.
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