Renunciar a todo por seguir a Cristo
Autor: P. Clemente González
 |
Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo caminaba con él mucha gente,
y volviéndose a la muchedumbre Jesús les dijo: Si alguno
viene donde mí y no odia a su padre, a
su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus
hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no
puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz
y venga en pos de mí, no puede ser discípulo
mío. Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre,
no se sienta primero a calcular los gastos, y ver
si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los
cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean
se pongan a burlarse de él, diciendo: "Este comenzó a
edificar y no pudo terminar." O ¿qué rey, que sale
a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y
delibera si con diez mil puede salir al paso del
que viene contra él con veinte mil? Y si no,
cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones
de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que
no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo
mío.
Reflexión
¿Puede decirse que hay verdadero amor cuando no hay
entrega de uno mismo, cuando no se olvida uno a
sí mismo para darse por completo a la persona amada?
Si esto lo exigen dos personas que dicen amarse cuánto
más lo exigirá Cristo de nosotros. Cristo pone el listón
del amor muy alto, hasta el punto de tener que
odiar a nuestros seres queridos para seguirle plenamente. Algunos hombres
y mujeres dejan todas sus posesiones precisamente para seguirle más
de cerca, pero seguir a Cristo no es sólo
tarea de esos cuántos hombres y mujeres, sino tarea de
todo bautizado. Todos los bautizados por el hecho de ser
hijos de Dios están llamados a seguir las huellas de
su maestro. Pero para esto necesitamos dejar todo lo que
nos impida amar a Cristo. De aquí la importancia de
la entrega en el amor hasta el punto de olvidarnos
a nosotros mismos para seguir a Dios en nuestros compromisos
de cristianos. Alguien dijo que evangelio que
no duele no es evangelio. Y a quien no le
cuesta tener que renunciar a sus gustos para seguir a
Jesús como lo hicieron sus discípulos. Dios elige para su
servicio a los que Él quiere, pero también espera una
respuesta generosa, decida y valiente. Y no hay duda de
que aquellos a los que Dios ha elegido para su
servicio más les ama y más espera de ellos una
respuesta incondicional. Si se experimenta que no se tienen las
fuerzas para dejar todos los atractivos del mundo para seguir
a Cristo no hay de que preocuparse porque sólo hay
que dar el sí generoso y Dios hará el resto
en nuestra vida.
Te invitamos a unirte a nuestras oraciones
durante el octavario en honor a los difuntos del 1
al 8 de noviembre, para ganar la indulgencia
plenaria, que se aplica a nuestros difuntos a manera de
sufragio.
 |
 |
|