Maximiliano Kolbe, Santo
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"No hay amor más grande que éste: dar la vida
por sus amigos"
(Jn 15, 13).
Martirologio Romano: Memoria de san Maximiliano
María (Raimundo) Kolbe, presbítero de la Orden de los Hermanos
Menores Conventuales y mártir, que fue fundador de la Milicia
de María Inmaculada. Deportado a diversos lugares de cautiverio, finalmente,
en el campo de exterminio de Oswiecim o Auschwitz, cerca
de Cracovia, en Polonia, se ofreció a los verdugos para
salvar a otro cautivo, considerando su ofrecimiento como un holocausto
de caridad y un ejemplo de fidelidad para con Dios
y los hombres (1941).
Maximiliano María
Kolbe nació en Polonia el 8 de enero de 1894
en la ciudad de Zdunska Wola, que en ese entonces
se hallaba ocupada por Rusia. Fue bautizado con el nombre
de Raimundo en la iglesia parroquial.
A los 13 años ingresó
en el Seminario de los padres franciscanos en la ciudad
polaca de Lvov, la cual a su vez estaba ocupada
por Austria. Fue en el seminario donde adoptó el nombre
de Maximiliano. Finaliza sus estudios en Roma y en 1918
es ordenado sacerdote.
Devoto de la Inmaculada Concepción, pensaba que la
Iglesia debía ser militante en su colaboración con la Gracia
divina para el avance de la fe católica. Movido por
esta devoción y convicción, funda en 1917 un movimiento llamado
"La Milicia de la Inmaculada" cuyos miembros se consagrarían a
la bienaventurada Virgen María y tendrían el objetivo de luchar
mediante todos los medios moralmente válidos, por la construcción del
Reino de Dios en todo el mundo. En palabras del
propio San Maximiliano, el movimiento tendría: "una visión global de
la vida católica bajo una nueva forma, que consiste en
la unión con la Inmaculada."
Verdadero apóstol moderno, inicia la publicación
de la revista mensual "Caballero de la Inmaculada", orientada a
promover el conocimiento, el amor y el servicio a la
Virgen María en la tarea de convertir almas para Cristo.
Con una tirada de 500 ejemplares en 1922, en 1939
alcanzaría cerca del millón de ejemplares.
En 1929 funda la primera
"Ciudad de la Inmaculada" en el convento franciscano de Niepokalanów
a 40 kilómetros de Varsovia, que con el paso del
tiempo se convertiría en una ciudad consagrada a la Virgen
y, en palabras de San Maximiliano, dedicada a "conquistar todo
el mundo, todas las almas, para Cristo, para la Inmaculada,
usando todos los medios lícitos, todos los descubrimientos tecnológicos, especialmente
en el ámbito de las comunicaciones."
En 1931, después de que
el Papa solicitara misioneros, se ofrece como voluntario y viaja
a Japón en donde funda una nueva ciudad de la
Inmaculada ("Mugenzai No Sono") y publica la revista "Caballero de
la Inmaculada" en japonés ("Seibo No Kishi").
En 1936 regresa a
Polonia como director espiritual de Niepokalanów, y tres años más
tarde, en plena Guerra Mundial, es apresado junto con otros
frailes y enviado a campos de concentración en Alemania y
Polonia. Es liberado poco tiempo después, precisamente el día consagrado
a la Inmaculada Concepción. Es hecho prisionero nuevamente en febrero
de 1941 y enviado a la prisión de Pawiak, para
ser después transferido al campo de concentración de Auschwitz, en
donde a pesar de las terribles condiciones de vida prosiguió
su ministerio.
En Auschwitz, el régimen nazi buscaba despojar a los
prisioneros de toda huella de personalidad tratándolos de manera inhumana
e inpersonal, como un simple número: a San Maximiliano le
asignaron el 16670. A pesar de todo, durante su estancia
en el campo nunca le abandonaron su generosidad y su
preocupación por los demás, así como su deseo de mantener
la dignidad de sus compañeros.
La noche del 3 de
agosto de 1941, un prisionero de la misma sección a
la que estaba asignado San Maximiliano escapa; en represalia, el
comandante del campo ordena escoger a diez prisioneros al hazar
para ser ejecutados. Entre los hombres escogidos estaba el sargento
Franciszek Gajowniczek, polaco como San Maximiliano, casado y con hijos.
San
Maximiliano, que no se encontraba entre los diez prisioneros escogidos,
se ofrece a morir en su lugar. El comandante del
campo acepta el cambio, y San Maximiliano es condenado a
morir de hambre junto con los otros nueve prisioneros. Diez
días después de su condena y al encontrarlo todavía vivo,
los nazis le administran una inyección letal el 14 de
agosto de 1941.
Es así como San Maximiliano María Kolbe, en
medio de la más terrible adversidad, dio testimonio y ejemplo
de dignidad. En 1973 Pablo VI lo beatifica y en
1982 Juan Pablo II lo canoniza como Mártir de la
Caridad. Juan Pablo II comenta la influencia que tuvo San
Maximiliano en su vocación sacerdotal: "Surge aquí otra singular e
importante dimensión de mi vocación. Los años de la ocupación
alemana en Occidente y de la soviética en Oriente supusieron
un enorme número de detenciones y deportaciones de sacerdotes polacos
hacia los campos de concentración. Sólo en Dachau fueron internados
casi tres mil. Hubo otros campos, como por ejemplo el
de Auschwitz, donde ofreció la vida por Cristo el primer
sacerdote canonizado después de la guerra, San Maximiliano María Kolbe,
el franciscano de Niepokalanów." (Don y Misterio).
San Maximiliano nos legó
su concepción de la Iglesia militante y en febril actividad
para la construcción del Reino de Dios. Actualmente siguen vivas
obras inspiradas por él, tales como: los institutos religiosos de
los frailes franciscanos de la Inmaculada, las hermanas franciscanas de
la Inmaculada, así como otros movimientos consagrados a la Inmaculada
Concepción. Pero sobretodo, San Maximiliano nos legó un maravilloso ejemplo
de amor por Dios y por los demás.
Con motivo de
los veinte años de la canonización del padre Maximiliano Kolbe
(10 de octubre de 1982), los Frailes Menores Conventuales de
Polonia abrieron el archivo de Niepokalanow (Ciudad de la Inmaculada,
a 50 kilómetros de Varsovia), construido por el mismo mártir
de Auschwitz. Entre los manuscritos del santo, destaca la última
carta que escribió y que acaba con besos a su
madre. Una carta que refleja una ternura que no aparecía
en otros escritos, y que hace pensar que el sacrificio
con el que ofreció la vida voluntariamente en sustitución de
un condenado a muerte fue algo que maduró a lo
largo de su vida. Este es el texto del escrito:
«Querida madre, hacia finales de mayo llegué junto con un
convoy ferroviario al campo de concentración de Auschwitz. En cuanto
a mí, todo va bien, querida madre. Puedes estar tranquila
por mí y por mi salud, porque el buen Dios
está en todas partes y piensa con gran amor en
todos y en todo. Será mejor que no me escribas
antes de que yo te mande otra carta porque no
sé cuánto tiempo estaré aquí. Con cordiales saludos y besos,
Raimundo Kolbe».
Juan Pablo II, un año después de su elección,
en Auschwitz, dijo: «Maximiliano Kobe hizo como Jesús, no sufrió
la muerte sino que donó la vida». La expresión remite
a unas palabras escritas por el padre Kolbe unas semanas
antes de que los nazis invadieran Polonia (1 de septiembre
de 1939): «Sufrir, trabajar y morir como caballeros, no con
una muerte normal sino, por ejemplo, con una bala en
la cabeza, sellando nuestro amor a la Inmaculada, derramando como
auténtico caballero la propia sangre hasta la última gota, para
apresurar la conquista del mundo entero para Ella. No conozco
nada más sublime».
Los radioaficionados lo consideran su santo patrón,
ya que San Maximiliano durante 30 años estuvo activo con
el indicativo SP3RN.
Escucha la fascinante historia de san Maximiliano Kolbe,
"héroe personal" de Juan Pablo II y cuya fiesta se
celebra hoy, 14 de agosto
aquí. Mauricio
I. Pérez