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¿El bautismo de Juan venía del cielo o de la tierra?
Hispanos Católicos en Estados Unidos /Homilías Mons. Enrique Díaz

Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.Net

Las palabras de Balam, que nos narra el libro de los Números en la primera lectura, aún veladamente, anuncian al Mesías, en la boca de un advino pagano, y suscitan la esperanza del pueblo de Israel: “Yo lo veo, pero no en el presente; yo lo contemplo, pero no cercano: de Jacob se levanta una estrella y un cetro surge de Israel”. Todo el Antiguo Testamento tiende a Cristo como hacia su centro natural y en Cristo se cumplen las profecías que el Padre le ha confiado a Israel desde antiguo. Si las palabras del profeta despertaban la esperanza del pueblo, cuando Cristo llega muchos no son capaces de reconocerlo. No conocen a Dios ni a su enviado Jesús. Pero el discípulo fiel es capaz de descubrir el plan amoroso de Dios manifestado en las acciones concretas de su Hijo. Las obras dan razón de su autoridad. Las profecías son cumplidas. Los sumos sacerdotes y los ancianos, que se sienten con autoridad recibida de los hombres, cuestionan la autoridad de Jesús. No son capaces de reconocer en la vida de cada día lo anunciado por los profetas. Cristo, al comprobar que sus obras no han abierto el corazón de aquellos hombres, les pone una pregunta que no logran descifrar porque los pondría en evidencia. Prefieren el silencio y no responder con la propia vida. Hoy también Cristo a nosotros nos exige respuestas, pero respuestas que nos comprometan, respuestas que se traduzcan en conversión y se vean en las obras. No quiere el silencio ni la indiferencia. No busquemos excusas para no aceptar a Jesús. ¿Nosotros reconocemos la autoridad de Cristo? ¿Nosotros hemos aceptado su mensaje salvador? ¿En qué se nota? Que las palabras de libro de los Números que hoy nos anuncian al Salvador también despierten en nosotros sentimientos de esperanza. Que levantemos la cabeza buscando esa estrella que dará luz a nuestra vida. Que reconozcamos a Jesús como nuestro Mesías, como nuestro Dueño y como nuestro Rey.