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Jesús nos muestra que hay que tratar santamente las cosas santas
Clero /Recursos y experiencias pastorales

Por: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net

A. Lecturas:

1. Primer libro de los Macabeos 4,36-37.52-59. En aquellos días, Judas y sus hermanos propusieron: -«Ahora que tenemos derrotado al enemigo, subamos a purificar y consagrar el templo.» Se reunió toda la tropa, y subieron al monte Sión. El año ciento cuarenta y ocho, el día veinticinco del mes noveno, que es el de Casleu, madrugaron para ofrecer un sacrificio, según la ley, en el nuevo altar de los holocaustos recién construido. En el aniversario del día en que lo habían profanado los paganos, lo volvieron a consagrar, cantando himnos y tocando cítaras, laúdes y platillos. Todo el pueblo se postró en tierra, adorando y alabando a Dios, que les había dado éxito. Durante ocho días, celebraron la consagración, ofreciendo con júbilo holocaustos y sacrificios de comunión y de alabanza. Decoraron la fachada del templo con coronas de oro y rodelas. Consagraron también el portal y las dependencias, poniéndoles puertas. El pueblo entero celebró una gran fiesta, que canceló la afrenta de los paganos. Judas, con sus hermanos y toda la asamblea de Israel, determinó que se conmemorara anualmente la nueva consagración del altar, con solemnes festejos, durante ocho días, a partir del veinticinco del mes de Casleu.

2. ICro29,10.llabc.lld-12a.12bed. Bendito eres, Señor, Dios de nuestro padre Israel, por los siglos de los siglos.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, el esplendor, la majestad, porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra.

Tú eres rey y soberano de todo. De ti viene la riqueza y la gloria.

Tú eres Señor del universo, en tu mano está el poder y la fuerza, tú engrandeces y confortas a todos.

3. Lucas 19,45-48: “En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: -«Escrito está: "Mi casa es casa de oración"; pero vosotros la habéis convertido en una "cueva de bandidos."» Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios”. 

B. Comentario:

1. "Ve a coger el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra." El libro que en la visión le es entregado a Juan contiene las profecías del Antiguo Testamento y recibe como misión el revelar su sentido a la luz del Nuevo. Esta segunda parte del Apocalipsis puede ser considerada como la explicación del contenido profético de este libro.

Me acerqué al ángel y le dije: "Dame el librito." Él me contestó: "Cógelo y cómetelo; al paladar será dulce como la miel, pero en el estómago sentirás ardor." 
Y así lo hizo Juan, y así lo sintió en su interior como se le dijo.

Dios guía la Historia por encima de sus fatalidades. No entendemos el mal y no sabemos cómo lo permite Dios, pero tenemos la confianza de que será para bien, aunque en el momento histórico nos toque sufrir. Las Escrituras meditadas en nuestro interior, la Palabra viva en la oración (Lectio divina) nos da consuelo, paz, porque nos confiamos a la presencia de Dios en los acontecimientos que viven los hombres.

El libro que hay que comer hace referencia a los profetas (Ezequiel 2,8; Jeremías 1,10), «alimentarse de la palabra y del pensamiento que contiene» es lo que necesitamos. Juan se nutre de pasajes del Antiguo Testamento, para ver a Jesús en mi tiempo, en este momento… ¿Procuro hacerlo también yo? Saborear la Palabra de Dios, gustarla, da dulzura a nuestro paladar, aunque a veces cueste, haya cosas amargas en el sentido que nos revela también nuestros pecados, nuestras insuficiencias, que sacude nuestras tibiezas y nuestras cobardías. Pero, por una parte, la verdad está aquí, como decía s. Pedro: "¿A quien iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna".

-“Entonces se me dijo: "Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes"”. Como Jesús en la escena del templo, como nosotros en la sociedad en que hemos de participar, puede costarnos «profetizar» la verdad.

Se acerca el toque de la séptima trompeta, ya que «se ha terminado el tiempo» (v 6). Se acaba el año litúrgico, ya cerca del último domingo de Cristo Rey. El término del tiempo actual, del mundo presente, supone el comienzo del tiempo definitivo, de la nueva dimensión expresada por la fórmula «un cielo nuevo y una tierra nueva» (21,1). «El que vive por los siglos de los siglos» viene para reinar eternamente. El fin de la historia es el cumplimiento definitivo del evangelio.

Te pedimos, Señor, que fructifique en mi interior tu palabra, que me penetre hasta lo más profundo y me convierta en tu servidor.

2. Los Macabeos purifican el Templo y reanudan el culto después de liberarlo de los enemigos; levantan las piedras del altar a semejanza del Templo de Salomón o el de la restauración llevada a cabo por Esdras y Nehemías, y resalta la novedad del fuego que va a ser usada para los sacrificios. La importancia queda establecida con motivo de la dedicación del Templo (cf 2 M 1,9.18; 2,16). En hebreo se llama Hanuskkah y en griego Encenias porque se encendían lámparas en las casa –y siguen ahora- simbolizando la luz de la Ley. En esta fiesta Jesús se declaró Hijo de Dios ante los judíos (Jn 10,22-39). Además, Jesús es el Templo anunciado…

2. "Bendito eres, Señor, Dios de nuestro padre Israel", cantamos con la tradición que pone en boca de David este grito de júbilo por la construcción del templo. "Tuyos son, Señor, la grandeza (...) y el reino". David glorifica a Dios de quien es todo mérito, diríamos todo éxito. Todo viene de él. De aquí brota el espíritu contemplativo. Podemos nosotros, con Jesús, llamar a Dios "Abbá" (Padre, papá: Mc 14,36). Por su filiación, somos "hijos en el Hijo". Podemos unir todo cuanto hacemos como sacrificio, y decir con Cristo: "Bendito seas Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos: él será para nosotros pan de vida". Y proclamar “tuyo es el Reino”… unidos a Cristo Rey.

3. Jesús, te veo lleno de santa ira purificando el templo, cuando entras “te enojas al ver el mercado que se había organizado con los animales que debían sacrificarse según la ley.

”Lo que debía ser un lugar de encuentro con Dios, se ha convertido en un negocio económico.

”La misma caridad perfecta que ayer te hacía llorar sobre la cuidad de Jerusalén, te mueve hoy a enfadarte santamente con aquellos mercaderes” (Pablo Cardona): «derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas».

Me gustaría ver, Jesús, los rasgos de tu faz, escuchar el tono de tu voz, porque te imagino con autoridad, y al mismo tiempo con amor hacia estos “sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo” que querían matarte. Eres valiente, Señor, y tu conciencia y tu libertad están por encima de la opinión de los demás.

«Escrito está: "Mi casa es casa de oración"; pero vosotros la habéis convertido en una "cueva de bandidos." Aquí nos das dos citas, una de Jeremías y otra de Isaías.

“Detente a considerar la ira santa del Maestro, cuando ve que, en el Templo de Jerusalén, maltratan las cosas de su Padre.

”¡Qué lección, para que nunca te quedes indiferente, ni seas cobarde, cuando no tratan respetuosamente lo que es de Dios!” (J. Escrivá, Forja 546). Como buenos hijos de la Iglesia, tenemos la obligación de corregir a los que no tratan santamente las cosas santas, con paciencia, pero también con entereza, especialmente en lo que se refiera al Santo Sacrifico de la Misa. Cuando vea que no se celebra con dignidad, tengo que intervenir, normalmente será informar al obispo, que es quien tiene la responsabilidad en la diócesis, para mejorar la situación.

“Tampoco me puedo callar ante el abuso de los recursos naturales, pues toda la creación te pertenece.

Es una actitud cristiana -de buen hijo de Dios- defender la naturaleza, sabiendo que la has creado para el uso -pero no el abuso- del hombre.

De manera especial, he de defender los derechos de la persona, elemento central de la creación” (Pablo Cardona), pues la creación entera es como un templo donde está Dios, y la primera ecología es la humana, el respeto a la persona y sobre todo el derecho a la vida desde la concepción y hasta la muerte.

Gracias, Señor, por mostrarme la importancia de tratar santamente las cosas santas. El alma en gracia es templo del Espíritu Santo, casa especial de Dios; y no puedo convertirla en «cueva de ladrones.» Te pido, Santo Espíritu, la finura de conciencia para cuidar este tesoro que llevo en vaso de barro que es mi persona.

Jesús, al verte en el Templo pienso que tú eres el Templo, en tu persona. Y tu Iglesia es Sacramento de tu Cuerpo por la que nos dices “yo estaré con vosotros cada día, hasta el fin del mundo”, y nos conduces hasta la Jerusalén celestial donde tú eres el Cordero Inmaculado en el culto perfecto a Dios Padre. Para esto, hemos de cultivar la Tradición que nos has dejado, Jesús, tu memorial, la Eucaristía, y la oración, y el cuidado en el culto, y los templos y el decoro en la liturgia.

«La iglesia, casa de Dios, es el lugar propio de la oración litúrgica de la comunidad parroquial. Es también el lugar privilegiado para la adoración de la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. La elección de un lugar favorable no es indiferente para la verdad de la oración» (Catecismo 2691).