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El tiempo de oración por la Creación
Diálogo por la paz y la dignidad humana /El cuidado de la casa común

Por: Pbro. Juan Beristain de los Santos | Fuente: Semanario Alégrate

Las personas hemos tenido un papel extremadamente negativo en relación con la naturaleza y las especies animales y vegetales. El deterioro del planeta y del ecosistema es cada vez más alarmante. Siempre estará en nuestras manos detener el proceso de extinción, tan avanzado ya, antes de que nosotros mismos seamos sus víctimas. Es urgente prestar atención constante para cuidar y proteger el planeta y servirnos de él con fines favorables, sin sobre explotarlo indiscriminadamente.

Ante la realidad de un planeta tan deteriorado por todas las personas, el Papa Francisco nos ha convocado a todos los cristianos para iniciar el Tiempo de la Creación orando, para ponerle fin a esta insensata guerra contra la creación. Se trata de un tiempo que, junto con otros credos e Iglesias, nos brinda la oportunidad de reconocernos como hijos del mismo Padre y habitantes de esta casa común. En este tiempo de oración, se trata de reconocer que la paz y la justicia deben “correr como agua en el río” para fortalecer todos los proyectos que ya se tienen para el cuidado del planeta. Es tarea nuestra, con la gracia de Dios, fomentar la paz y la justicia en nuestra familia, centros de trabajo, ambientes recreativos y comunidades creyentes, para acrecentar la consciencia de que el planeta es nuestra casa común.

Este tiempo de oración por la creación, en la Iglesia Católica, ha dado inicio el 1 de septiembre y terminará el 4 de octubre con la fiesta de San Francisco de Asís. Se trata también de un tiempo único para fortalecer la conversión ecológica en todos los bautizados. Es necesario un especial empeño por conseguir un estilo de vida más sencillo, menos consumista y detractor de la creación que Dios ha puesto en nuestras manos. La fe en Cristo y la buena voluntad de todos nos permitirá cuidar nuestra casa común con el fomento de la paz y la justicia en todos los creyentes y no creyentes.