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La Santa Sede comprometida con la promoción de la justicia social
La Iglesia y el trabajo humano /La Iglesia y los trabajadores

Por: Redacción | Fuente: Vatican News

"No sucumbir a una concepción reduccionista de la justicia social, que se centra exclusivamente en los indicadores económicos y sociales", sino basarse en tres pilares: "dignidad humana", "solidaridad", "subsidiariedad". Así se expresa el Papa Francisco en su mensaje a la OIT, en la Cumbre Mundial del Trabajo 2023 que acoge la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas en Ginebra, y en la que expertos de todo el mundo se reúnen durante dos días, 14 y 15 de junio, para reflexionar sobre el tema "Social Just for All". El mensaje del Pontífice a la cumbre fue leído por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado vaticano, quien -en nombre del Papa- elogió el lanzamiento de la "Coalición Mundial por la Justicia Social" anunciada durante la reunión, calificándola de "loable iniciativa " en línea con el estímulo de la Iglesia católica a los fieles para que sean ciudadanos responsables.

Promover la justicia social

"La Santa Sede sigue comprometida a apoyar todos los esfuerzos para promover la justicia social, especialmente en el lugar de trabajo, poniendo sus medios a disposición de la comunidad internacional y, sobre todo, compartiendo la doctrina social de la Iglesia". afirma el Papa en su mensaje leído por el cardenal Parolin.  Recordando los numerosos conflictos y la inestabilidad de nuestro mundo, Francisco expresa su esperanza de que la Coalición Mundial por la Justicia Social pueda contribuir a promover la "causa de la paz". La Iglesia católica, por su parte, reitera que "el compromiso por la justicia debe estar estrechamente vinculado al compromiso por la paz en el mundo moderno".

Trabajos degradantes

Esta visión de la paz sustentada en la justicia social puede parecer quizá "utópica", admite el Papa, especialmente para los millones de personas que en nuestro mundo están "a menudo a merced de intereses económicos o de la explotación indiscriminada", desempleados o subempleados, y que apenas logran sobrevivir. Entre ellos se encuentran los numerosos trabajadores migrantes y refugiados, que desempeñan las ocupaciones conocidas como 3D: "Dangerous, dirty and degrading" (peligrosas, sucias y degradantes).  Es un ejemplo de cómo su dignidad humana es "inexorablemente pisoteada".

El Papa, en su mensaje, recuerda que la Iglesia, aunque es plenamente consciente de que no tiene solución para todos los problemas, "sigue empeñada en seguir anunciando el Evangelio de la paz y en cooperar con todas las instancias nacionales e internacionales para salvaguardar este inmenso bien universal, el don de la paz alimentado por una verdadera justicia social".

Trazar un nuevo camino

Las reflexiones se dirigen también a los desafíos que han surgido durante la pandemia: éstos, escribe Francisco, muestran lo importante que es emprender un nuevo camino de solidaridad. Por eso es crucial tener "en primer plano de nuestro corazón y de nuestra mente" a quienes viven al margen del mercado laboral cuando participamos "en cualquier debate político sobre justicia social".

Implicar a los marginados

También es importante implicar a los marginados "como participantes plenos y activos en las decisiones que tomamos para lograr una paz más segura en nuestras sociedades, encontrando formas en las que la justicia social pueda ayudar a abordar las causas de la pobreza, como la desigualdad, la falta de empleo, la falta de vivienda o la negación de derechos sociales y laborales". Esto significa mirar más allá de los indicadores económicos y sociales", afirma el Pontífice.

Tres fundamentos para aplicar la justicia social

Son tres, pues, los fundamentos sobre los que deben apoyarse los esfuerzos para discernir y aplicar la justicia social: "dignidad humana, solidaridad y subsidiariedad". El respeto de la dignidad humana dada por Dios, subraya el Papa, requiere "la protección de los derechos fundamentales y el bienestar de todas las personas, incluidas sus necesidades físicas, emocionales y espirituales 'desde la concepción hasta la muerte natural'". La solidaridad demuestra la interconexión y la interdependencia de todos, señala el Pontífice; es "el tejido de las relaciones auténticas" y una llamada a la responsabilidad para "cuidar los unos de los otros, especialmente de aquellos que son vulnerables o sufren injusticias". Debemos acompañar y defender "a quienes sufren discriminación, pobreza, violencia o injusticia", reitera Santo Padre. Por último, llama la atención sobre la subsidiariedad, que puede ayudar a orientar la adecuada distribución del poder y la toma de decisiones. "Las instituciones o autoridades más grandes pueden proporcionar apoyo general cuando sea necesario, mientras que a nivel local los individuos y las comunidades tienen la libertad de tomar decisiones que afectan a sus vidas", afirma el mensaje. Este equilibrio puede evitar la concentración excesiva de poder y apoyar la capacitación y la participación de los individuos y las comunidades para forjar su propio destino.