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La importancia de la apariencia en las redes sociales
Comunicadores católicos /Valores del Comunicador católico

Por: Bertha Leonor Galindo Gálvez | Fuente: Semanario Alégrate

La sociedad del siglo XXI está obsesionada con las apariencias y la proyección de los logros.

Cada vez es más frecuente encontrarnos con sujetos que aprovechan sus herramientas digitales para venderse en redes sociales como felices y exitosos.

La gran mayoría de la población mundial posee un “Smartphone”, (microcomputadoras con aplicaciones desarrolladas para su sistema operativo específico, procesadores potentes, cuentas de correo electrónico, capacidad de escalamiento de hardware, entre muchas otras funciones).

Esto se traduce en que casi todos poseemos este tipo de teléfonos móbiles y los utilizamos todo el día, desde que nos levantamos hasta que nos dormimos para comunicarnos, jugar, leer, comprar, fotografiar, y tomar video, música, entretenimiento y estar al día de lo que pasa en el mundo de la información en todos los ámbitos tales como noticias, deportes, finanzas, etc.

Al navegar en la red hallamos posts (publicaciones) de conocidos, de influencers, de artistas, etc., realizando actividades cotidianas o extraordinarias, ya sea viajando por el mundo, o en relaciones maravillosas con sonrisas y paisajes impresionantes como si se tratase de una película de Hollywood.

Lo único que ha provocado lo anterior es una sensación de malestar en familiares, amigos, compañeros de trabajo, de aula, en la sociedad en general, de descontento, de inconformidad con la propia vida.

La pregunta obligada que debemos hacer es la siguiente: ¿Es real la felicidad y la perfección que se muestra en las distintas redes sociales?

Es importante plantearnos qué significa esta “felicidad” continuamente mostrada en el internet.

La fachada se ha convertido en un estilo de vida para muchos.

Para encajar, modificamos nuestra conducta para que los demás vean que lo que hacemos tiene ese toque mágico y excepcional característico de las redes.

No sólo nos fotografiamos en el lugar a donde vamos, sino que vamos a lugares expresamente para sacarnos fotos, llevamos acciones concretas para que los demás vean lo que hacemos. Es importante señalar que algunos usuarios están realmente obsesionados con la exposición de cada aspecto de su maravilloso día a día para que los demás los admiren y los llenen de “likes” (me gusta).

¿Qué esconde esta búsqueda incesante de atención y admiración?

El gran problema radica cuando esta apariencia en redes sociales la convertimos en el centro de nuestra vida y en la motivación principal. La red social en sí se convierte en nuestro estilo de vida.

Al sentirnos incompletos, vacíos y a la vez frustrados en muchos casos pasamos a buscar la felicidad que nos hace falta en estímulos externos, reconocimiento y atención, y para lograrlos creamos una felicidad falsa sustentada en opiniones externas.

Esta alegría momentánea es muy frágil porque estas ganas de agradar terminan despojándonos de nuestra identidad, además de que la opinión de los demás en muchas situaciones es muy cambiante.

Hemos entregado nuestra felicidad a la opinión pública en lugar de poseerla nosotros mismos.