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Primero el gesto, luego el resto.
Virtudes y valores /Virtudes y valores: testimonios de vida

Por: María Luisa Martínez Robles | Fuente: Catholic.Net

Es una frase de D. Gregorio Marañon, eminente médico, endocrino, escritor español del siglo XX. Me ha impactado y estoy totalmente de acuerdo con su contenido y significado.

 

La expresión corporal  es muy importante. Nuestra forma de comunicación no verbal, dice mucho de aquello que queremos expresar mediante nuestra actitud. Un médico que mira y escucha a su paciente en vez de consultar continuamente la pantalla de su ordenador, irradia confianza. En su ordenador ve todo el historial y es necesario informarse, pero en la cara de la persona que se sienta frente de él, encuentra otras inquietudes que puede resolver.

 

El profesor que analiza el examen para ver lo que su alumno ha aprendido, no para aprobarle o suspenderle como único objetivo, encuentra la forma de motivar la curiosidad e incentivar a los estudiantes para que aprendan con gusto.

El comercial que se interesa por los gustos del comprador, aconseja sin presionar, ese  cliente vuelve, seguro.

Estamos observando a nuestros hijos, no les juzgamos, les aceptamos cómo son, les alentamos a mejorar cada día pero con paciencia y pronto veremos los resultados.

Y es que el gesto, la empatía son necesarias para nuestro trabajo y nuestra convivencia.

Ser siempre  críticos a priori, ver los defectos de todo el mundo, ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro trae complicaciones. Por el contrario, si decimos , una palabra amable, si somos asertivos, si escuchamos, si procuramos ver las virtudes que hay en cada persona y no resaltamos los defectos, el resto es más fácil.pongamos en práctica primero el gesto y luego el resto. Yo lo pongo cada día, antes de conocer la frase, y siempre me ha dado muy buen resultado.

Cuando leemos en el Evangelio Mateo 7,15-20“ por sus obras les conoceréis” pensamos que lo importante de nuestra vida es levantarnos  cada día con la intención de hacer lo que tenemos que hacer lo mejor que sepamos. Sin escatimar esfuerzo, sin pereza. Nos cuentan de San Luis Gonzaga, que jugando en el recreo, sus compañeros, pensaron que si se acabase el  mundo irían a rezar, a dar limosnas o hacer grandes sacrificios. Luis dijo que seguiría jugando pues en ese momento era lo que tenía que hacer.

Saber los Mandamientos, pero sobre todo  cumplirlos. Rezar todos los días y no olvidar dar las gracias de lo que tenemos. No solo leer  el Evangelio, comprenderlo y poner en práctica sus enseñanzas. Escuchar mejor que hablar. Reír mejor que lamentarse. Es lo que nos resta por hacer.

Seguiremos jugando, como San Luis Gonzaga, o haciendo en todo momento la voluntad de Dios.