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La ruptura originaria
Conoce tu fe /La Biblia

Por: TaĆ­s Gea | Fuente: Catholic.net

Después de ser presentados los dos relatos de la creación inician una serie de eventos de ruptura recogidos en el Génesis. Lo primero que se muestra es una ruptura con Dios y por lo tanto entre el ser humano y la naturaleza y los seres humanos entre sí (cf Gn 3, 1-24).

El autor sagrado utiliza la imagen de un árbol del conocimiento del bien y del mal del que el hombre-mujer, sabiendo que no debían comer, comen. La caída (como tradicionalmente se le conoce) tiene consecuencias en la esencia del ser humano. La mujer en su esencia de madre y esposa y el hombre con su propia interioridad (vv.16-19).

 

La mujer había sido creada como compañera del hombre Una ayuda adecuada que es hueso de los huesos y carne de la carne del varón. Llamados a ser una sola carne. (cf Gn 2, 18. 23. 24). Y la caída fractura este vínculo de relación. Ahora la mujer deseará sexualmente al hombre y este dominará sobre ella.

El pueblo de Israel era consciente de la ruptura que se hallaba en esta relación entre el varón y la mujer. Es por ello que regula sus relaciones en varios textos legislativos especialmente en el Levítico (Lv 15,18; 19, 20; 20, 14; 20, 18; 21, 7).

El cantar de los cantares, poema sobre el amor humano. Presenta esta relación entre dos amados quienes se enamoran, se separan, se buscan y se unen. Tiene elementos positivos del amor y también muestra algunos aspectos de la ruptura original. El vínculo de comunión expresado en Gn 2, 24 se ve manifestado en la expresión: «Mi amado es mío y yo de mi amado» (Cant 2, 16). Pero este ideal también se muestra a veces truncado con la ausencia del amado: «Busqué al amor de mi alma y no lo encontré» (Cant 3, 2) y con el deseo sexual ya anunciado en Gn 3, 16: «yo soy para mi amado objeto de su deseo (Cant 7, 11).

El texto del Cantar de los Cantares hace alusión a ese origen de las relaciones ideales manifestadas en el Génesis con la imagen del huerto El amado entra en el huerto de la amada y come de sus frutos exquisitos. Ahí encuentra miel, panal, vino y leche. Y como un esposo que festeja su matrimonio, invita a sus amigos a comer y a beber vino hasta embriagarse. (cf Cant 4, 16; 5, 1)

Estas relaciones se ven restauradas en las acciones realizadas por Cristo. El se presenta como el novio al hablar de los discípulos que no deben ayunar cuando Él esta presente (cf Mt 9, 15; Mc 2, 19; Lc 5, 34). En su conversación con la samaritana (Jn 4) la imagen del marido  es utilizada por el Señor para presentar las nuevas relaciones del Reino.

Y finalmente la alusión al huerto como el lugar en el que fue crucificado Jesús manifiesta la nueva creación y las nuevas relaciones inauguradas por el Señor en la manifestación plena de su Gloria (cf Jn 19, 41).

Finalmente, como inclusión al libro del Génesis se encuentra el texto del Apocalipsis. En él se muestra el final de los tiempos y ahí se habla también de la restauración de las relaciones en Cristo. Se presenta a la nueva Jerusalén como novia que se arregla para el novio (ανδρι) (cf Ap 21, 2). Jesús, nuevo Adán, quien se desposa con la humanidad: «Alegrémonos y regocijémonos y demos gloria a Dios porque ha llegado la boda del cordero y la novia esta preparada» (Ap 19, 7). Ahora si, al vencedor se le dejará comer del árbol de la vida que está en el jardín (παραδεισον) de Dios (cf Ap 3, 21).

Este análisis nos muestra que la restauración de todas las relaciones ha sido realizada en Cristo. Y que la plenitud de los tiempos espera su cumplimiento glorioso anunciado en el Apocalipsis. El ideal del Eden, presentado en Génesis, la ruptura clara mostrada en las leyes del Levítico y el deseo de las relaciones hombre-mujer pero a la vez la frustración en el poema del Cantar, preparan para la venida de Aquel capaz de restaurarlo todo: Cristo.  

 

Basado en los apuntes de clase de Konrad Schaefer